Los 10 mandamientos del buen herculano

Te invitamos a que nos envíes algunos de los rasgos y las señas de identidad de la parroquia del Rico Pérez

27.05.2016 | 01:08
Los 10 mandamientos del buen herculano

Se acerca el verano, casi se huele la pólvora de las Hogueras y el Hércules afronta un nuevo asalto para volver al fútbol profesional. Es un buen momento para recopilar algunos de los principales «mandamientos del buen herculano». Con desenfado, autocrítica bien intencionada y con el sentido del humor que caracteriza a esta sufrida y gran afición, te invitamos a participar y a que nos envíes algunos de los rasgos distintivos, de las pautas de conducta y las señas de identidad de la gran parroquia del Rico Pérez.

1. Subirás al carro de la victoria. Cuando soplan vientos favorables, el buen herculano se apunta raudo a la ola ganadora. Si la media de espectadores en el estadio ronda los 4.000 durante la temporada regular, para este domingo ya se esperan más del doble, se ultiman marchas desde Luceros y cosas por el estilo. En esto no somos originales. Como a todos, nos encanta sentirnos ganadores.


2. Lucirás tus mejores galas blanquiazules. No hay complejos. Hay que tirar de armario y baúl. Ahora nos viste una gran multinacional del deporte, pero ¿quién no tiene por casa alguna elástica del Hércules de temporadas pasadas y remotas? Seguro que este domingo volveremos a ver camisetas de las marcas Ressy o Rasán con la publicidad del Turrón de Xixona y nombres históricos a la espalda con el 14 de Palomino, el 5 de Pavlicic, la de Gonzalo... Hay quien también guarda la de Herbera.


3. Almorzarás como dios manda. En casa, en el bar o en el estadio. No se incluye en este apartado la ingesta de digestivos matinales como el Cantueso, sino lo que viene siendo un buen almuerzo con los amigos. Con independencia de la comida familiar de mediodía. El pincho de tortilla con atún al peso y mayonesa o ensaladilla rusa es muy frecuentado y recomendable.


4. Vituperarás a tus dirigentes. Algo de victimismo tenemos. Hay que reconocerlo. Y cierta tendencia a la autodestrucción, dicho sea en sentido figurado. Por eso, cuando las cosas van mal –como en la mayoría de estadios, todo hay que decirlo– nos giramos hacia el palco: «¡Aniceto, pesetero!» y «¡Enrique, vete ya!» han sido dos cánticos muy coreados en el coliseo.


5. Maldecirás al enemigo exterior. No sólo los directivos, accionistas y propietarios más o menos encubiertos son objeto de las iras de nuestra hinchada. También esa cosa difusa que pueda ser el enemigo exterior, ya sea en forma de televisión autonómica, capital de la Comunidad o eterno rival deportivo y colindante. Por corrección política no se reproducen en este punto los coros y danzas que están en la mente de todos dirigidos a Canal Nou y nuestras entrañables Valencia y Elche.


6. Venerarás los lugares sagrados. No eres un buen herculano si al pasar por la Plaza de los Luceros no sientes un escalofrío y recuerdas las fiestas que viviste tras los ascensos en Las Palmas, Alcalá o Irún. También ocupa un lugar destacado en nuestro corazón el monasterio de la Santa Faz, donde se pide por casi todo, incluido el Hércules.


8. Maldecirás por la suciedad de las butacas. Probablemente el Rico Pérez sea el estadio con los asientos más sucios de todo el fútbol español, independientemente de si el equipo milita en Primera, Segunda o Segunda B. Estamos acostumbrados, pero cada 15 días lanzamos el mismo exabrupto al ver el panorama.


9. Pondrás el grito en el cielo por el precio de los abonos. Es un clásico del verano: cuando el Hércules hace pública su campaña de abonos, la lluvia de críticas arrecia. Da igual que los precios suban, bajan o se mantengan. Lo de este año fue especialmente sangrante al retirar los descuentos por la antigüedad a los antiguos abonados.


10. Renegarás por norma de los horarios como local. Ningún horario es bueno para los partidos del Hércules como local. A las 12.00, los más trasnochadores ponen el grito en el cielo. A las 17.00, toca ir al fútbol en plena digestión y con el arroz todavía en el plato. A las 18.00 es demasiado tarde porque el horario clásico es a las 17.00. Y más tarde ya hace demasiado frío o se llega tarde a casa. No hay manera de acertar.

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