Opinión

El hijo de mi vecino

24.12.2015 | 00:54

En septiembre de 2014, el CIS publicó lo que se llamó el "mapa de las aficiones del fútbol español", que venía a ser un análisis en el que se reflejaba en porcentajes los aficionados que cada club tenía en 40 de las 52 provincias de nuestro país.
Este estudio determinó que el Real Madrid es el equipo con más seguidores en veinte provincias y el FC Barcelona lo es en cinco. En tres de ellas (Albacete, La Rioja y Baleares) hay empate. Por el contrario, en las doce restantes encontramos un equipo favorito distinto por provincia.

Que en Bizkaia sea el Athletic o en Valencia sea el club de Mestalla resulta lógico. Lo que llama especialmente la atención es que el equipo favorito en Cantabria sea el Racing (hoy hundido de nuevo en 2ºB) o que en Las Palmas de Gran Canaria sea el cuadro amarillo el preferido por los canarios. Igualmente es destacable que en Huelva, el histórico pero siempre modesto Recreativo (solo cinco temporadas en Primera) quintuplique al Barcelona y esté casi empatado con el Real Madrid en seguidores. Tres cuartos de lo mismo encontramos en Tenerife, donde parece que aquel lifting europeo de los Redondo, Felipe Miñambres, Valdano y cía resiste el paso de sus (malos) tiempos en Segunda y, sobre todo, en la cruda 2ª B.
Por lo que respecta a Alicante, la preponderancia del binomio Real Madrid-Barcelona es insultante (alrededor del 85%), dejando al Hércules un lugar marginal entre las preferencias de los futboleros de la provincia.


¿Por qué los herculanos son minoría? Fundamentalmente por cuatro razones:

-Nefasta gestión de una directiva que, en más de veinte años al frente del club, ha hecho lo mismo que Florentino Pérez por fomentar el sentimiento blanquiazul en la provincia de Alicante.

-En las últimas dos décadas, encontramos solo dos presencias en Primera División, breves, traumáticas y muy lejanas entre sí.

-La deteriorada imagen del club, que solo ha sido protagonista en los medios
(a excepción de las dos históricas victorias en el Camp Nou) por asuntos extradeportivos (véanse los casos "Racing", "Ortiz-Raúl Navas", "Real Unión"...)

-La inmigración en los sesenta y setenta, que dificultó en cierta forma la identificación de los descendientes de éstos con el Hércules, uno de los símbolos alicantinos por excelencia.

Para vestir el corazón de unos colores u otros hay casi tantas razones como personas.
Las principales son la identificación con una filosofía, un estilo de juego o unos valores determinados y la del sentimiento de pertenencia a un lugar (bien sea por nacimiento, por raíces o por residencia).
Pero hay otra que es la que a menudo prevalece, sobre todo entre los no muy aficionados: La gente quiere ver ganar al equipo por el que se siente representado
(o mejor dicho, en este caso, por el que se cree representado).
Dicho de otro modo, se elige "caballo ganador". Y si el equipo de su tierra no lo es, pues se "adopta" otro (el Real Madrid o el Barcelona).

Los sentimientos no atienden a razones. Son la parte más animal y más humana a la vez de los individuos y, bien es cierto, poco (o nada) se puede objetar al hecho de que un padre alicantino siente a su hijo pequeño frente al televisor para ver el partido de "su" Real Madrid.
Pero ya que hablamos de padres e hijos (el canal más importante de "transmisión" o herencia de colores futbolísticos) y basándonos en el factor sentimental, podríamos hacer un paralelismo (vago y muy, muy lejano) con lo que un herculano puede sentir por su equipo. Y quiero insistir en que el símil se da remotamente y muy de refilón porque, en condiciones normales (mentes enfermas aparte), lo que se siente por un hijo y por un equipo de fútbol no tienen punto de comparación.

Echémosle mucha imaginación, basémonos en que no hay mayor sentimiento de pertenencia que el paterno-filial y supongamos que el Hércules es como un hijo para un alicantino (insisto, salvando las distancias). Éste se encuentra con que su niño no es el más guapo, ni el más listo. Y ya no es que no saque las mejores notas, es que la mayor parte de las veces suspende. Además, este hijo le saca más dinero del debido, es asiduo de malas compañías y últimamente anda cultivando ciertos vicios que flirtean con lo ilegal.

En cambio, el hijo del vecino (un Real Madrid o Barcelona cualquiera) es bien parecido y muy inteligente. Por supuesto, es un alumno brillante, diligente en sus tareas, y sus notas están plagadas de sobresalientes. Asimismo, este chico tiene un trabajo por horas para poder pagarse sus estudios, es respetuoso siempre con sus padres y su único "vicio" es cultivar su intelecto.

A nadie escapa que a este "papá" alicantino su Hércules vende caro los pocos (y pequeños) motivos de orgullo que le da pero, al fin y al cabo, forma parte en mayor o menor medida de su idiosincrasia, le representa y es el que lleva el nombre de la ciudad (o provincia) en la que él y usted, que está a punto de acabar este artículo, han nacido y/o viven.

Y sí, soy consciente de que probablemente cuando termine de leerme, hojee un poco el resto del periódico antes de cerrarlo, apure su café (la hora de ir a trabajar se acerca) y le pregunte al de al lado "¿a qué hora juega el Madrid?"
A mí, en cambio, me seguirá interesando más encontrar una buena academia para que mi "niño" mejore sus notas que enterarme del día en que hace su tesis doctoral el hijo de mi vecino.

Enrique Moscat

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