Un zapatazo del Hércules maquilla un tostón

Un golazo de Yeray desde 30 metros alivia a un Hércules invertebrado y sin fútbol - Nieto sentencia en el 89

16.12.2015 | 03:16
Nieto celebra el segundo gol con Aulestia en el suelo.
 
Hércules20Hospitalet

Un zapatazo de Yeray desde 30 metros alivió al Hércules en el peor partido de la temporada, una verbena arrítmica que aburrió y desesperó hasta a las ovejas. Es lo que tiene el fútbol: con muchísimo menos que en citas anteriores, el Hércules acabó sumando tres puntos que anteriormente se le negaron.

Del encuentro de ayer se salva el gol del tinerfeño, un disparo a larga distancia que fue cogiendo curva para alojarse en la escuadra derecha de la portería de Aulestia, que reaccionó tarde.

Invertebrado como nunca, el equipo de Herrero no encontró timón por el centro del campo. Martí Cifuentes ordenó a Miki una marca estrecha sobre Miñano y un acoso incisivo en la salida de balón local. Ambas cosas sirvieron para anular al conjunto local, que se apagó tras disparar un par de balas de fogueo en los primeros cinco minutos.

Poco a poco, el conjunto alicantino se fue empequeñeciendo a base de imprecisiones. Enredado en una tela de araña, incapaz de dar un paso adelante con firmeza, el mejor acento en la primera media hora lo puso el bloque catalán con un trallazo de Raúl Torres que escupió el larguero con Chema estático.

El Hércules se activó gracias a Aulestia, el portero que trajo a Alicante Quique Pina como suplente de Falcón y que el año pasado era el titular en el Cádiz. El guardameta vasco se comió su primer balón en una salida fuera del área que encontró a Nieto en carrera para escorarse por la derecha. Sin embargo, el posterior disparo del extremo herculano a puerta vacía se estrelló en la base del poste.

Cuando sí cayeron serpentinas fue con el gol de Yeray, un misil disparado desde lejos que encontró el objetivo ayudado por la tardía reacción del portero. 1-0, m.34.

El tanto, no obstante, no sirvió para que el Hércules despegara ante el L'Hospitalet.

La tarde siguió gris. Sin fútbol ni orden, con un centro del campo impreciso y desubicado, se llegó al descanso con otra mala noticia: la lesión de Atienza. El defensa, que ya no salió en la reanudación por un pinchazo en el abductor, dejó su puesto a Rafita y obligó a Herrero a recomponer el esquema. Yeray quedó como central y Chechu se fue al extremo dejando el lateral al balear, que reaparecía tres meses después.

Con Chechu en su sitio natural, el balón se alejó de las cercanías de Chema, sólo alterado por el latigazo al larguero de Raúl Torres en la primera parte.

Necesitado de resultados, el Hércules fue puro pragmatismo. Con todo, pese a tener enfrente a un enemigo edulcorado, no se privó de sus cosas para complicarse la vida. Una pérdida de balón absurda de Espinosa –desconocido por completo– propició un contragolpe catalán que pudo acabar perfectamente en penalti si el colegiado hubiera apreciado como tal una mano de Rafita dentro del área.

Chechu y Nieto estiraron al Hércules, que encontró cierto apaño en la banda izquierda. De hecho una acción del primero por ese costado, con asistencia sobre la línea de fondo al segundo palo, debió acabar en gol si Nieto hubiera fijado mejor la mirilla al lanzarse en plancha. Su golpeo a bocajarro encontró el cuerpo de Aulestia, que fue a tapar hueco a la desesperada.

Herrero intentó mejorar el cuadro colando a Adri Cuevas, que entró a la hora de juego como sustituto de Portillo.

Antes y después del gol de Yeray, el encuentro tuvo poco predicado. Al L'Hospitalet le faltaron galones, valentía y mayor voluntad para hacer daño a Chema en la segunda parte. Para el Hércules no había alternativa. Otro traspiés en el Rico Pérez frente a un enemigo desnatado hubiera provocado pañolada. Aunque impreciso, el equipo se entregó a la causa para ganar a trompicones. Resulta complicado entender el cambio de una semana a otra. Si en Barcelona ante el Espanyol B se vio a un Hércules pujante, bien asentado y con brío, ayer se personó con todo lo contrario. No tuvo fútbol, ni temple, ni gobierno. Con ese paisaje quedó a expensas de su abnegación. Así pudo coger aire frente a un enemigo que no exigió en exceso. En los instantes finales acabó sentenciando con una buena jugada por la derecha de Cuevas. El cordobés se coló por la banda para conectar un disparo que Aulestia no acertó a blocar. El balón quedó suelto en el área y ahí apareció Nieto para marcar a puerta vacía. 2-0, m.89.

Vale el triunfo y los puntos, pero el fútbol de ayer dejó mucho que desear.

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