Gala de entrega de los Pemios Importantes en diario INFORMACIÓN
Francisco Sogorb. Importante FEBRERO
Francisco Sogorb ha conseguido colocar al servicio de Cardiología del Hospital General de Alicante entre los mejores de España y ha salvado miles de vidas en sus más de 40 años de profesión. 
Su apuesta por la innovación y su trato humano al paciente merecen el reconocimiento a su labor.

«La mayor alegría es ver que un enfermo te sonríe cuando poco antes apenas podía respirar»

24-02-2018Meneame
El consejero de Editorial Prensa Alicantina, Jesús Prado, entrega la estatuilla al cardiólogo Francisco Sogorb.
El consejero de Editorial Prensa Alicantina, Jesús Prado, entrega la estatuilla al cardiólogo Francisco Sogorb.

S. GIMÉNEZ Ha salvado miles de vidas en sus más de 40 años de profesión. De hecho, el servicio de Cardiología del Hospital General de Alicante ha llegado a curar el doble de infartos que el resto de hospitales valencianos juntos bajo la dirección de Francisco Sogorb. Y no es casual. «Cuando se demostró que la angioplastia primaria -cateterismo- era el mejor tratamiento para los pacientes con infarto agudo de miocardio fuimos los primeros en tenerlos en la mesa para realizarlo en menos de una hora», adelantándose así cuatro años a la institucionalización de este protocolo, explica este cardiólogo. Por logros como éste el servicio se encuentra entre los mejores de España. 

Pero más allá de los números, para Sogorb «la mayor alegría es ver que un enfermo te sonríe cuando poco antes apenas podía respirar». Y son muchos los que han sonreído a este médico afable que sabe ganarse la confianza de sus pacientes no sólo por su formación, sino por el trato humano que siempre ha dispensado y que teme ahora que se acabe perdiendo por culpa de la tecnología. 

Llegó a la Medicina a través de la Física, que le encantaba cuando estudiaba en el instituto Jorge Juan de Alicante y a cuyo equipo de «grandes profesores» no se cansa de agradecer la «inquietud que sembraron en mí y en mi generación». Eligió Cardiología porque le pareció «la que más soporte físico tenía». Siendo aún estudiante se dio cuenta de que «podía disfrutar de los cálculos y la exactitud matemática y añadir un beneficio tangible, salvar vidas». De hecho, años después les ha repetido a sus alumnos en la Universidad Miguel Hernández que «una cosa es saberse una especialidad y otra entenderla y cuando la entiendes es maravilloso».  

También recuerda momentos duros con pacientes que sabía que «se me iban», especialmente el de una niña de 9 años por la que no pudieron hacer nada hace ya un cuarto de siglo, cuando los avances en trasplantes no estaban tan evolucionados como ahora. 

Pero si de algo está orgulloso Sogorb es de la «gran familia» que componen los 18 cardiólogos, diez más en formación y enfermeros del equipo. «Todos tiramos de la misma cuerda, la gran fuerza del grupo es el ambiente de alegría y amistad en el que se trabaja», asegura. Tanto que, recién jubilado, sigue pasando un par de veces a la semana por el hospital. 

Inquieto por naturaleza, Sogorb no para. Aficionado a la astrofísica, disfruta leyendo sobre la materia y con su telescopio, juega al tenis desde hace 40 años y practica tiro con arco y submarinismo. También toca el bajo eléctrico con un grupo de amigos y no perdona sus partidas de dominó. Parecen  dispares, pero todas obligan a «concentrarse, calcular y utilizar las manos, lo que obliga a que el cerebro funcione», afirma.

Humanidad, cariño y cercanía

Ricardo HerreroComisario 2º jefe del Cuerpo Nacional de Policía ya jubilado.

Conocí a Francisco Sogorb Garri allá por el año 1959, cuando siendo unos adolescentes,  nuestros padres nos matricularon en el Instituto Jorge Juan de esta ciudad para iniciar nuestra formación para que una vez concretado el armazón de conocimientos, estímulos y complicidades que nos facilitaba el «bachiller», definiéramos nuestras vocaciones respectivas.
 
Qué hermosos y fructíferos años pasamos juntos ayudados por nuestros magníficos formadores (Rigual, Zulueta, Masia, Beviá, Leal, Segura, Trujillano y tantos otros), hasta que  cada uno eligió lo que sería su futuro próximo. Él se marchó a Valencia a estudiar Medicina, lo que a la postre sería su profesión, aunque también le encantaba la Física y la Matemática Espacial, y otros compañeros «bachilleres» con los que congeniamos, y de los que aún hoy, presumimos y conservamos su amistad,  José Antonio Vilaplana, Ernesto Torres, José Carlos Seguí, Francisco Reyes, José Luis Mejías, Raúl Cabanes, etc, lograron las suyas.

Volvió a Alicante en 1976 y en 1979 fue nombrado Jefe de Sección de Cardiología del Hospital General Universitario de Alicante para, en 1993, ser nombrado Jefe de Servicio, cargo que ha desempeñado con dedicación y esfuerzo, donde ha desarrollado su exitosa y  fructífera carrera profesional. Ha sido pionero en Telecardiología, Hemodinámica, Cardiología Intervencionista y su integración con Cuidados Intensivos. Es profesor asociado en la Facultad de Medicina de la UMH. 

Ha escrito numerosos artículos en revistas especializadas en Cardiología y ha participado en numerosas ponencias, conferencias, tribunales médicos en oposiciones y tesis doctorales. El 2 de enero de 2003 le conceden la Cruz de la Orden Civil de Sanidad y el 2 de octubre de 2015, el Cuerpo Nacional de Policía le otorga la Cruz al Mérito Policial con distintivo Blanco por sus desvelos, esfuerzo, dedicación y entrega desinteresada, a formar con fondos del propio Servicio y en el Hospital General de Alicante, a decenas de funcionarios del CNP de distintas escalas en la atención básica con desfibriladores, actividad en la que ha sido un pionero en España y todo un visionario de una modalidad asistencial hasta ahora novedosa, rápida y eficaz, para el ciudadano, por lo que yo personalmente, y como representante del CNP, le estaré eternamente agradecido. 

Esta semana leía un interesante informe en «The Economist» titulado «Doctor You» en el que se sugiere que pronto ya no será necesario ir al médico porque el diagnóstico de las enfermedades y el tratamiento se realizarán de forma digital. Será terrible, porque así nos privarán de que profesionales como él nos traten con esa humanidad, cariño y cercanía que siempre le ha caracterizado con sus pacientes, nunca indiferente con el sufrimiento y dolor de los ciudadanos de Alicante que lo necesitaban, por lo que esta ciudad, a través de INFORMACIÓN, le rinde un homenaje de reconocimiento por esos más de 40 años de excelencia y entrega.

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