ANTONIO TERUEL
En toda España existen miles de kilómetros de antiguos trazados ferroviarios que, por distintas razones, dejaron de tener en un momento dado la utilidad para la que fueron concebidos. Muchos de estos itinerarios han sido recuperados desde 1993 para su uso como rutas para caminantes y ciclistas gracias al Programa de Vías Verdes, impulsado desde el Gobierno central a través de los departamentos de Medio Ambiente y coordinado por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. En esta tarea participan de manera muy activa comunidades autónomas, diputaciones provinciales y ayuntamientos, además de las distintas operadoras ferroviarias y asociaciones de defensa del patrimonio y el medio ambiente. El objetivo de la causa va más allá del acondicionamiento de los trazados y su uso lúdico, ya que supone una importante promoción para el turismo de tipo cultural y ambiental, favoreciendo así un desarrollo sostenible.
La provincia de Alicante cuenta con casi 200 kilómetros de trazados ferroviarios abandonados, algunos de los cuales han sido ya habilitados como vía verde, gracias a organismos como la Diputación. En las últimas semanas se han dado importantes pasos para la recuperación de otro de estos itinerarios, que destaca por su longitud y sus características naturales. Los 11 municipios de las provincias de Alicante y Valencia por los que discurría el ferrocarril de Alcoy a Gandia han acordado la constitución de un consorcio para la futura Vía Verde del Serpis. Esto permitirá volver a dar a la ruta la continuidad que ha perdido como consecuencia de décadas de abandono y, al mismo tiempo, potenciar el turismo en toda la zona, desde una perspectiva lúdica, deportiva, culturales y medioambiental.
El ferrocarril de Alcoy al puerto de Gandia fue construido por una compañía de capital británico para dar salida a los productos de la industria alcoyana. Comenzó a prestar servicio regular en enero de 1893 y, tras ser adquirido por el Estado en 1965, dejó de funcionar el 15 de abril de 1969. Durante todo este tiempo fue un medio básico para el transporte de mercancías y viajeros entre el interior norte de Alicante y la costa sur de Valencia y viceversa, y una fuente de empleo para muchas personas en todas las localidades por las que pasaba. Esta vinculación tan fuerte entre el tren y el medio social –que llega a aspectos tan curiosos como que Gandia y sus alrededores se convirtieron en lugar de veraneo de muchos alcoyanos– hace que, 41 años después del cierre, sea un recuerdo vivo a lo largo de todo el recorrido.
Tanto es así que en 2002 se creó la Asociación Tren Alcoi-Gandia, constituida fundamentalmente por antiguos ferroviarios o familiares de éstos –hay que tener en cuenta que muchos ya han fallecido–, y que tiene su sede en la antigua estación de Almoines, localidad muy próxima a Gandia. Allí se exponen numerosos objetos de todo tipo sobre el ferrocarril y fotografías, material donado en su totalidad por miembros de la asociación y que ofrece una gran aproximación a lo que fue este tren y hasta qué punto condicionó el medio humano en sus apenas 53 kilómetros de longitud. Junto a la estación, además, existe un gran parque donde se reproduce a escala el trazado, y en el que existe un circuito ferroviario a escala gestionado por la asociación, que está abierto al público los domingos por la mañana.
No obstante, si la vertiente etnográfica de esta vía verde tiene una gran importancia, mucho mayor es el factor medioambiental. El ferrocarril se construyó siguiendo el cauce del río Serpis, el único que se abre paso entre las sierras de la zona. El cauce discurre encajonado en un profundo cañón justo en la zona limítrofe entre Alicante y Valencia, desde la localidad de l´Orxa hasta la de Villalonga. En este lugar, conocido popularmente como Barranc de l´Infern, la vía serpenteaba por las paredes del congosto, encaramada a las laderas unas veces, volando casi sobre el río en otras, cruzándolo a través de puentes o atravesando la montaña en túneles. El notable caudal que lleva el Serpis en este paraje –y que incluso sirvió en el pasado para la producción de electricidad– le confiere una belleza todavía mayor. Además, se trata de una zona sin núcleos de población ni apenas edificaciones aisladas, lo que ha favorecido la conservación del entorno y una quietud casi constante, especialmente en lugares como el denominado Racó del Duc, cerca de Villalonga, donde el tajo del río se ensancha ligeramente y da pie a la existencia de algunos campos de cultivo.
En el consorcio para la Vía Verde del Serpis participarán los Ayuntamientos de Alcoy, Cocentaina, Muro, Gaianes, Beniarrés, l´Orxa, Villalonga, Potries, Beniarjó, Almoines y Gandia, junto con la Generalitat y las Diputaciones de Alicante y Valencia. El presupuesto de salida estimado para el proyecto es de unos 10 millones de euros, con lo cual las primeras gestiones se dirigirán a la búsqueda de financiación en distintas administraciones y organismos. Asimismo, entre las medidas para rehabilitar el trazado destaca la construcción de nuevos puentes, ya que todos los que eran de tipo metálico fueron desmantelados tras el cierre del ferrocarril, a excepción de uno a la entrada de Gandia. Esta circunstancia genera discontinuidades en el recorrido, pese a lo cual puede seguirse en su totalidad, con sólo un poco de buena orientación, desde el punto donde se alzaba la estación de Alcoy –cuyo solar ocupan hoy los juzgados– hasta la de Gandia, convertida en la actualidad en biblioteca.
En ambos lugares se alzan sendas locomotoras de este ferrocarril en forma de monumento, con los nombres de «Villalonga» y «Cocentaina», las únicas que se han preservado. Al igual que las que desaparecieron, sus nombres aludían de forma inequívoca a las localidades desde donde se las veía humear cada día camino de la costa o del interior. Ahora, ciclistas y caminantes pasarán a ser los protagonistas.