11 de noviembre de 2017
11.11.2017

Profesor José María Ruiz Moreno, director médico de los centros VISSUM y catedrático de oftalmología

El nuevo método no invasivo para diagnosticar enfermedades de la retina

A pesar de que es conocido que la diabetes supone graves riesgos para la vista, se estima que el 40% de los diabéticos nunca se ha sometido a una exploración oftalmológica

15.11.2017 | 09:52
Ruiz Moreno - Angio OCT

La diabetes es una grave enfermedad que puede provocar importantes alteraciones oculares, incluso ceguera, especialmente por afectación de la retina. La diabetes es una enfermedad que afecta a un número muy importante de personas, que va en aumento dados los hábitos de vida cada vez más sedentarios y con peor alimentación, más obesidad y menos ejercicio físico y que debido a las alteraciones que provoca en la retina es una de las cuatro causas principales de ceguera en nuestro medio.
 
La retinopatía diabética es la enfermedad provocada por la diabetes en la retina. La retina es la parte del ojo que transforma en impulsos nerviosos las imágenes que recibe del exterior y que son trasmitidas al cerebro por el nervio óptico. Es una parte esencial del ojo, una capa interna que recubre su interior, compuesta de tejido neuronal que hasta ahora no ha sido posible regenerar y que puede verse afectada por enfermedades que desembocan, de no ser tratadas a tiempo, en ceguera como en el caso de la diabetes.
 
Es muy importante que el paciente diabético realice un control estricto de su enfermedad, teniendo los niveles de glucosa en sangre controlados, ya que se ha demostrado que cuanto mejor es el control, menores y menos graves son las complicaciones como la retinopatía diabética.
 
Ante el diagnóstico de esta enfermedad debe hacerse un estudio de fondo de ojo por el oftalmólogo: en el momento del diagnóstico en la diabetes tipo II o del adulto y a los 5 años del diagnóstico en la tipo I o diabetes juvenil. Dependiendo de los hallazgos que el especialista encuentre al estudiar su fondo de ojo le indicará cuando debe hacer el próximo control, o por el contrario le indicará una serie de pruebas para confirmar el diagnóstico de retinopatía diabética, en que estadio está y se necesita iniciar un tratamiento específico.
 
La retinopatía diabética forma parte de las enfermedades que afectan a los vasos sanguíneos de la retina y para su estudio necesitaremos emplear la OCT (Tomografía de Coherencia Óptica) y la angiografía convencional. Esta prueba requiere la inyección de una sustancia colorante en la circulación general del paciente, que permite ver las alteraciones inducidas en las arterias y venas de la retina. Desde hace poco tiempo se dispone de la nueva Angio-OCT, que combina en un único sistema la angiografía con la tomografía de coherencia óptica, esta última como ya hemos comentado muy utilizada para el diagnóstico y seguimiento de enfermedades de la retina.
 
Con la nueva Angio-OCT podemos obtener imágenes de la circulación de la retina y de la coroides de forma no invasiva para el paciente (ya que no requieren de inyecciones), con más detalle, en tres dimensiones, que se realizan en pocos minutos y pueden repetirse tantas veces como sea necesario. 
 
El tratamiento convencional ha sido el laser (fotocoagulación) que sigue vigente a día de hoy. Los avances farmacológicos como el uso de antiangiogénicos inyectados directamente en el ojo, o los dispositivos de liberación sostenida de corticoides alojados en la cavidad vítrea han permitido mejorar mucho el tratamiento y el pronóstico de la retinopatía diabética, sobre todo del edema macular, que es la principal causa de pérdida de visión en estos pacientes. Desde el punto de vista de la cirugía vítreo-retiniana, la mejoría en los microscopios y en el instrumental empleado en las intervenciones quirúrgicas de estos pacientes ha mejorado los resultados en estas delicadas intervenciones que realizaremos para solucionar algunas de las complicaciones que genera en el ojo la enfermedad.
 
Es importante resaltar una vez más la colaboración del paciente, ya que existen factores evitables en el desarrollo de esta enfermedad sobre los que sí puede colaborar el enfermo. Son el tabaco, la tensión arterial y como hemos comentado mantener un estricto control glucémico

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