15 de junio de 2016
15.06.2016

Una campaña en los extremos

El PP y A la valenciana monopolizan la cita del 26-J con la certeza de que protagonizan la pugna en la Comunidad

15.06.2016 | 10:18

Ximo Puig se echa a la espalda la agenda del PSPV para intentar mantener unidas a sus huestes ante la opción de empeorar los resultados.

No se ha consumido ni tan siquiera la primera semana de la campaña electoral y la carrera hacia el 26-J ya está completamente polarizada. Es una campaña acomodada en los extremos en la que el PP y la coalición Compromís-Podemos-EU con la marca «A la Valenciana» se están jugando ganar tanto en la provincia como en la Comunidad. Los ataques de la cúpula popular, de hecho, están centrados en atacar a la coalición «radical» con referencias directas a Mónica Oltra, líder de Compromís, vicepresidenta del Consell y cabeza visible de esa alianza de cara a estos comicios en la Comunidad. Mientras, Oltra agita a diario los casos de corrupción que azotan a los populares desde su etapa en el Consell y pone como garantía la gestión del «Pacte del Botànic», que aupó a la izquierda tras las autonómicas a ocupar el Palau de la Generalitat.

Tanto dirigentes del PP como cargos de Compromís y Podemos –las dos principales fuerzas de A la Valenciana– coinciden en que, en estos momentos, el debate está entre las dos fuerzas y que, al menos de momento, ni los socialistas ni tampoco C's han logrado romper esa inercia que, incluso, se acentúa. Sin ir más lejos, los populares siguen marcando su diana sobre objetivos del frente de izquierdas valenciano. Ayer mismo, de hecho, la dirección regional del PP montó un acto en Valencia bajo el título «malas prácticas» de los gobiernos «populistas» en los gobiernos autonómicos, entre las que destacaron los «ataques» a la educación y a la libertad. Frente a eso, la cúpula popular ni siquiera miró a los socialistas. Presentaron al PP como «el mejor remedio» para tratar de frenar a los «radicales». Acudieron a la cita cargos del PP de Baleares, Cataluña, Navarra y la Comunidad, territorios todos ellos en los que Podemos ha renunciado a su marca en el resto del Estado para buscar alianzas con fomaciones de ámbito regional.

La presidenta regional del PP, Isabel Bonig, explicó que el objetivo del encuentro era mostrar «la otra cara de los gobiernos del cambio» y señaló que en el caso de la Comunidad tiene como características «el ataque a la libertad, a un determinado modelo de educación y a la lengua», para agregar que tras las elecciones será el turno «de la inmersión lingüística», en un ataque directo al conseller Vicent Marzà, de Compromís. Y aseguró que el 26J sólo hay dos posibilidades: «O nosotros o los radicales de Pablo Iglesias». Por ello, y dado que «el PSOE hace mucho tiempo abandonó el centro izquierda», abrió «las puertas del PP» a todos los votantes socialistas «que no quieren a los radicales». Y además los populares quieren apretar todavía más el acelerador en Alicante. Hoy estará en la provincia Andrea Levy, la vicesecretaria nacional de Estudios y Programas y uno de los valores del PP.

Desde la coalición de izquierdas están tratanto de minar a los populares con lo que les pasa más factura: la corrupción. Mónica Oltra repite una y otra vez el mensaje para poner encima de la mesa las investigaciones que afectan a los populares. La alianza está convencida, incluso, de poder lograr hasta tres diputados más, uno de ellos por Alicante. Y cree, en cualquier caso, que la mejor estrategia es potenciar su carga contra el PP. Para afrontar ese decorado tan complicado, el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, se ha tirado la campaña del PSPV a la espalda. Y desde luego, el repaso de la agenda –muchas reuniones con alcaldes, cargos públicos y cuadros socialistas– sugiere el intento del jefe del Consell de mantener unidas a sus huestes ante la opción de empeorar los resultados.

Hay resignación en el PSPV: son conscientes de que en la Comunidad, como ya ocurrió en diciembre, serán terceros. Tampoco C's parece capaz, en estos momentos, de romper ese cerco de una campaña a dos bandas en la que la formación de Albert Rivera corre el riesgo de quedarse en la irrelevancia. Y con todo eso, además, una preocupación añadida entre los dos partidos a los que la situación parece pintarle peor y que necesitan un revulsivo: en la calle hay una alarmante falta de ambiente electoral que, están convencidos, puede desembocar en un fuerte incremento de la abstención.

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