Cuatro actores para un nuevo escenario
Mariano Rajoy

El presidente, ante su último reto

Rajoy, con una victoria insuficiente para gobernar en solitario, intentará buscar pactos para un gobierno estable

22.12.2015 | 03:46

Corre el riesgo de que el triunfo del 20D se convierta al final en una amarga victoria.

Muchos han tenido la sensación de que los prolegómenos de las elecciones del domingo permitieron conocer a otro Mariano Rajoy. Después de una legislatura en la que se le ha acusado de abusar del plasma y de no pisar la calle, algunos han descubierto en él una faceta desconocida. Estaba obligado quizás por las circunstancias, por la aparición de partidos con nuevas formas que no se antojan pasajeros, sino que todo apunta a que han llegado para quedarse, y tenía que luchar con otros candidatos de otra generación. Y así, se ha visto a quien llegó hace cuatro años a la Moncloa, jugar al futbolín, presentar a su perro en sociedad, frecuentar las barras de algunos bares, comentar un partido de fútbol e, incluso, dar una espontánea colleja a su hijo.

No ha llegado al extremo de otros dirigentes lejanos o también cercanos a él que han corrido un rally, se han descolgado de un aerogenerador o han sido protagonistas de una coreografía. «Uno no es lo que no es», comentó en campaña para explicar que tiene límites a la hora de demostrar sus facultades en algunas facetas de la vida (frase que cuela en un sinfín de sus discursos) y, por eso, no se pondrá a bailar en un plató de televisión. Se trata de una política espectáculo de la que había rehuido pero a la que en esta ocasión, con esas líneas rojas, ha tenido que rendirse. Y su entorno asegura que no ha sido una pose artificial, que ha estado a gusto (él ha repetido en varias ocasiones los últimos días que ésta ha sido la campaña en la que más ha disfrutado) y que se ha podido conocer al verdadero Rajoy, el que gana en las distancias cortas. Ese Rajoy ha logrado mantener a su partido como el más votado.

Se trata de un triunfo en el que se ha dejado por el camino 63 diputados de los conseguidos en 2011 y que le obliga a demostrar ahora su capacidad de pacto. Es una prueba de fuego para la experiencia de la que ha hecho gala durante toda la campaña frente a la bisoñez que ha achacado a sus rivales.

Una experiencia que ha acumulado en los últimos días sensaciones nuevas como la de escuchar de boca de Pedro Sánchez la acusación de no ser una persona decente y que él ha considerado como un insulto contra el que se revolvió en el cara a cara con el líder del PSOE. Nunca se había sentido agredido de esa forma, ha llegado a asegurar. Y nunca había recibido una agresión física como la que sufrió en las calles de Pontevedra y que tal vez le haya dolido más en su interior por el hecho de que el escenario fuera su tierra gallega.

Con su gestión y con su experiencia como bagaje venía proclamando que el PP ganaría el domingo. Soñaba incluso con emular al primer ministro británico, David Cameron, quien en las últimas elecciones dejó en evidencia a las encuestas reeditando victoria con una clara mayoría. Pero en cualquier caso, comienza una nueva etapa para Rajoy. A sus 60 años se trata de un nuevo reto conseguir mantenerse al frente del Gobierno y lograr que, tal como reza una de sus canciones preferidas (lo dijo en campaña en un programa de televisión), «ojalá que llueva café en el campo».

«Voy a intentar formar Gobierno», aseguró al salir al balcón de la sede del PP para dar las gracias a quienes le han apoyado en las elecciones. Sin mayorías claras y con la amenaza de que haya que repetir las elecciones por la falta de acuerdos para una investidura, ser reelegido puede ser uno de los retos más apasionantes para él. Y también quizás uno de los últimos que afronte en política. No ha querido dar pistas en ningún momento. Pero en su entorno hay gran coincidencia: si no lo consigue, es previsible que dé un paso atrás; si lo logra, se despedirá de la política activa con dos mandatos como presidente del Gobierno.

Hoy se empieza a escribir ese futuro que, como le gusta decir, es el sitio en el que pasará el resto de su vida, Y comienza con más de una incógnita. Entre ellas, si la Moncloa seguirá siendo testigo de sus largas caminatas mañaneras o si lo que ha conseguido en las urnas se convierte en una amarga victoria

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