P. GUZMÁN
Cuando los divorcios y separaciones derivan en un conflicto por el que el entendimiento respecto a los hijos en común se convierte en una misión imposible se hace obligada la mediación. Éste es el papel del Punto de Encuentro Familiar, un departamento dependiente de la concejalía de Servicios Sociales que, siempre a instancias de los juzgados, realiza intervenciones dirigidas a supervisar las visitas tuteladas y el intercambio de los hijos entre los padres en cumplimiento del pertinente régimen de visitas.
La gran mayoría de los casos que los juzgados derivan al Punto de Encuentro Familiar de Elda están relacionados con la violencia de género. Un abogado y una psicóloga se encargan de llevar a cabo la mediación, una tarea nada fácil teniendo en cuenta que los implicados acuden al servicio por orden del juez y no por voluntad propia. En la mayoría de los casos, uno de los progenitores, si no los dos, no tiene intención alguna de mejorar la situación con su ex pareja y la intervención ya se considera un éxito si, pasado el mínimo de seis meses que suele establecer el juez, se llega a conseguir que el intercambio de los hijos se desarrolle sin supervisión ajena, según explica el abogado Antonio Megía, coordinador del servicio municipal en Elda.
Para el desarollo de la intervención en el Punto de Encuentro Familiar, los padres son citados con un cuarto de hora de diferencia. Siempre están en habitaciones separadas y nunca llegan a cruzarse para evitar conflictos, ya que en alguna ocasión llegado el caso fue necesario requerir presencia policial. En los casos vinculados a la violencia de género suele pesar además una orden judicial de alejamiento entre el presunto agresor y la víctima.
Mientras, el niño se queda en una habitación de juegos. Antes de la puesta en marcha de este servicio en Elda, hace unos dos años, estas visitas tuteladas o intercambios debían registrarse en ambientes considerablemente más "fríos", como puede ser la Comisaría.
La alienación parental es la situación que, junto a la violencia de género, provoca más intervenciones en el Punto de Encuentro Familiar de Elda. En estos casos, el menor presenta mucho rencor e incluso odio hacia uno de los progenitores porque el otro le ha hecho partícipe directamente del conflicto y le ha ido direccionando, explica la psicóloga Mariola García. Ante esta situación, si el menor ya es adolescente, la intervención se hace especialmente complicada, añade la psicóloga. Para evitar estos casos, cuando "pueden cogerse a tiempo", los jueces están empezando a abogar por cambiar la guardia y custodia del menor de un progenitor a otro, afirma Antonio Megías.
¿Y cómo asumen los niños estos conflictos tan graves entre sus padres? Los de menor edad se vuelven más retraídos y suelen generar actitudes chantajistas. Los adolescentes pueden desarrollar cierta agresividad. "Llama mucho la atención cómo tratan algunos chicos a madres que han sufrido maltrato. Con desprecio y ningún tipo de respeto", comenta Mariola García.