Teresa Marín Salinas: «Después de un caso como el del parricidio, la vida de los familiares nunca llega a ser igual, pero sí se recompone»

Atendió a la madre del hombre de 50 años que mató a su padre, de 76 años, en el barrio de El Pla

21.06.2016 | 01:05
La psicóloga Teresa Marín Salinas, en un banco de la plaza de las Flores, en Elche.

Presidenta de Psicólogos Sin Fronteras Alicante. Experta en intervención en crisis y emergencias, y perito de la Administración de Justicia, ha prestado asistencia psicológica en el accidente de tren de Santiago de Compostela y otros siniestros similares, y en algunos casos de muertes violentas en la provincia.

Un hijo mataba a su padre en El Pla el martes, con la circunstancia añadida de que fue la madre la que se encontró con uno y otro muertos. ¿Se llega a reponer una persona de una situación como ésta en algún momento de su vida?

Sí se llega a reponer. Si un duelo «normal», aunque ningún duelo es «normal», puede durar nueve, doce o catorce meses, en estos casos se precisa de más tiempo, pero también depende muchísimo de su personalidad, de lo resiliente que sea la persona, de la red social de apoyo que tenga... Su vida nunca llega a ser igual, pero sí que se recompone. De hecho, la intervención psicológica en sucesos tan traumáticos es muy importante, puesto que la sensación de pérdida y desamparo la intenta paliar el psicólogo. No es lo mismo que te esté interrogando la Policía o la Guardia Civil y sentirte desamparadísimo y que te están cuestionando, que tener a alguien que te está apoyando, que pide un descanso... Los psicólogos hacemos ese acompañamiento emocional que hace que la situación no se lleve bien, pero sí un poquito mejor. Además, al permitir expresar a la persona toda la rabia en el momento del suceso traumático, eso hace que el duelo luego sea mejor.

¿Qué se le dice a una persona que se enfrenta a un episodio tan traumático como un parricidio?

Más que decirle, lo que intentamos es escucharle. Intentamos que puedan decir todo aquello que sienten para que se liberen de toda esa rabia que tienen. Les hacemos también un acompañamiento para que puedan argumentar y encuentren una explicación lo más lógica y razonada para integrar a nivel psíquico lo que ha pasado. Al final, estamos para todo lo que precisan. En una situación límite hay insignificancias que, de repente, emergen en la persona, como, por ejemplo, que se ha dejado las lentejas al fuego. Por eso, intentas traerle aquí y ahora, para que tome conciencia de lo ocurrido, y colabore con los cuerpos de seguridad, para esclarecer ocurrido.

¿Los menores tienen más capacidad a la hora de recuperarse de situaciones así o, por el contrario, eso les acaba marcando?

Los menores tienen una capacidad increíble para comprender. Además, cuanto más pequeñitos son, el concepto de la muerte es más mágico, y lo asimilan mejor. «¿Mi papá ya no va a volver nunca más? ¿Se ha convertido en una estrellita?», pueden preguntar. Les dejas que las creencias que la familia le ha inculcado continúen. Yo he tenido que dar malas noticias a niños, y se pasa muy mal, pero para los niños es muy bueno no ver a un familiar destrozado que le da la noticia, porque, sólo por empatía, empiezan a llorar y a gritar como el adulto. Por eso, no es bueno que sea un familiar quien les da la noticia.

¿Y con los adolescentes?

Es mucho más complicado. No es bueno decírselo cuando están solos. Es mejor que estén acompañados por un grupo de iguales para que se sientan más sostenidos.

¿Los servicios de emergencias están siempre preparados para afrontar casos tan duros?

Para nada, lo que ocurre es que se ponen una coraza. A las consultas van muchos profesionales que se ven desbordados por la situación, e incluso personal de tanatorio, sobre todo cuando tienen que hacer una intervención con menores.

¿Qué lleva a una persona a querer matar a un padre, a un hijo o a otro familiar cercano?

Si es un enfermo mental que no se medica, está la propia patología. Por ejemplo, si se trata de un esquizofrénico que tiene alucinaciones auditivas, puede tener fijación con alguien muy cercano. Muchas veces se obsesionan con que les persiguen o no les quieren dejar la herencia. Por eso, tienen una fijación y lo que desean es terminar con eso que les crea sufrimiento. Respecto a las personas que no tienen trastornos mentales, la ira, la rabia, el odio, cuando no están bien canalizados, pueden hacer que la persona explote. En cualquier caso, sí es cierto que tenemos tendencia a preservar la vida, la propia y la del otro, es un mecanismo con el que todos nacemos, salvo que la situación nos desborde o haya una patología.

El parricida tenía una enfermedad mental diagnosticada, pero se negaba a tomar la medicación. ¿Cómo se actúa en estos casos?

Lo que sí se puede hacer, y los vecinos también, es acudir a un perito psicólogo y poner en conocimiento toda la información, y, si el perito considera que puede haber riesgo vital para las personas que conviven cerca, lo pone en conocimiento del juez e interviene si así lo estima. No es lo mismo tener muchos expedientes difusos, que una visión global. Por ejemplo, en Madrid es una obligación de la Comunidad proteger a estas personas. Entonces, con una resolución judicial, si la persona, dentro del plazo que tiene para ir al centro de salud mental, no acude, una ambulancia se desplaza al domicilio con la orden judicial y tienen controlados a los esquizofrénicos. No entiendo por qué no se hace en todas las comunidades.

¿Cómo se puede evitar que, al final, con casos como el de Elche, se acabe estigmatizando a cualquier enfermo mental?

Teniendo claro que hay personas con enfermedades mentales y, dentro de este grupo, están los que aceptan su psicopatología y se medican, y saben que si no se medican ponen en riesgo su vida y la de los demás. Luego, están los que no se quieren medicar, pero porque no tienen conciencia de su enfermedad. No se medican porque están enfermos. Por eso, hay que ponerlo en conocimiento de la Justicia para que les obligue a medicarse. Si te rompes una pierna, necesitas una escayola; y en el caso de la enfermedad mental pasa lo mismo. A lo mejor no se cura la enfermedad, pero si te aliviará el sufrimiento y podrás relacionarte mejor. Hay que tener muy claro que, cuando están medicados, están controladísimos, y tendrían la misma probabilidad de hacer daño que cualquier otra persona sin una enfermedad mental. La medicación bien ajustada es lo que marca si hay riesgo o no.

El Observatorio Permanente de Mayores y Medios de Comunicación de la Universidad Permanente de Alicante y la Audiencia Provincial alertaban precisamente esta semana de un aumento de los casos de maltrato a personas mayores por la crisis. ¿Cómo se puede poner freno a esto?

Cuando uno se convierte en adulto y los padres en ancianos, si no ha habido un modelo de referencia, se van a sobrepasar los límites. Luego, hay una excusa maravillosa que se llama crisis. Como estamos en crisis y tengo ansiedad, eso me da el derecho a hacer lo que me dé la gana, y descargamos con nuestros familiares más allegados. Incluso a los niños no se les está prestando la atención que requieren con la excusa de la crisis.

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