Tribuna

Por una cultura de alta intensidad

27.11.2015 | 01:07

Toda decisión política en el ámbito municipal, sea cual sea su campo temático, los servicios de todo tipo, desde la recogida de basuras a la instalación de mobiliario urbano, pasando por la política urbanística, tiene una importancia cultural, influye directa o indirectamente en los valores culturales, en las formas de relación colectiva, en las señas de identidad cultural propia de cada población. Es decir, la política cultural debe ser entendida como un todo global que afecta al conjunto y la totalidad del gobierno municipal. No es una forma cualquiera de concebir la cultura, sino que desde una perspectiva general avanzar, en el terreno de la concreción, hacia políticas culturales que tengan mucho que ver con las privaciones individuales y colectivas de la población.

El obstáculo fundamental para remover nuestras políticas culturales, nuestra manera de entender la cultura, puede ser, quizá, particularmente en estos tiempos de cambios, que no de zozobra, la falta de modelos, la ausencia de criterios y referencias para saber cómo hacerlo. Necesitamos reflexionar mucho más, analizar nuestra experiencia acumulada en estos años pasados, para rescatar todo lo bueno que en ella hay, que es mucho, e identificar las limitaciones y carencias, que también existen. Todo ello servirá para que cada vez que se produzca un cambio en las responsabilidades políticas, no se empiece de nuevo desde cero, sino que se construya sobre los cimientos de lo ya realizado. La gestión cultural debe apoyarse cada vez más en los grupos y colectivos más activos y dispuestos que existan en nuestro pueblo.

La cultura es, desde la configuración de la «democratización cultural», algo vivo que se construye colectivamente en el acontecer cotidiano de un pueblo, con la complicidad y apoyo de los ciudadanos y, en especial, de aquellos colectivos productores de cultura. Porque ellos son la expresión y parte esencial de la vida misma, de la vida cultural y artística de un pueblo. De ahí que la administración, todas las administraciones que nos gobiernan tienen la obligación de alentar y promover la participación cultural, fortalecer los procesos de creación y contribuir a su desarrollo. Hay que estimular la creatividad y favorecer su iniciativa, así como rentabilizar los medios y recursos ya existentes en el municipio y, en la realidad cotidiana, aprovechar los conocimientos, capacidades, habilidades que ya preexisten en muchos ciudadanos/as que lideran grupos y colectivos culturales-artísticos.

Desde la transición democrática, y concretamente desde los gobiernos socialistas en el ayuntamiento de nuestra ciudad, se llevaron a cabo importantes proyectos de infraestructuras culturales tales como las Bibliotecas, Conservatorio, Museo de Arte Contemporáneo, Sala de San Juan, el MAHE, la adquisición y adecuación del Gran Teatro, el Centro de Congresos, L'Escorxador, Centros Sociales, La Casa de la Festa y la Universidad, con la Generalitat, etc. Además de apuntalar la cultura de expresión histórica que se manifiesta hoy a través de nuestras costumbres y tradiciones, el patrimonio arquitectónico, la arqueología, el Misteri, La Venida de la Virgen, el canto coral, las fiestas populares, el teatro, la pintura, la música, la gastronomía, etc. Una gestión impecable para el presente y futuro de nuestra ciudad.

Pero parece necesario un nuevo impulso que refuerce y consolide lo iniciado y abra nuevas perspectivas en el desarrollo cultural de nuestro municipio. Que los creadores de cultura puedan acceder, con el apoyo de las instituciones, al proceso de producción cultural.

Ello significa que debemos contar con la población a la hora de señalar los objetivos de las políticas culturales, sus contenidos, sus formas, y actividades concretas, a la hora de llevarlas a cabo y de evaluarlas y revisarlas. También es verdad que un exceso de protagonismo por parte de las instituciones disminuiría, notablemente, la iniciativa y la participación de la gente de la cultura, así como la de la ciudadanía, por lo que se ha de evitar que la idea de la cultura sea cosa de las administraciones y no de todos.

Probablemente, el camino no sea fácil para llevar a cabo las políticas culturales que apuntamos, porque el camino más corto y menos comprometido es programar y ejecutar las acciones sin tener que contar con otras voces y opiniones. Lo contrario nos exige mayor imaginación, mayor esfuerzo de comunicación y consenso con los grupos y asociaciones, en particular. Y poner mayor acento en los aspectos organizativos desde un punto de vista ideológico y metodológico, desde la perspectiva de la eficacia y la coherencia.

Ello debe ser motivo suficiente para mover nuestra voluntad política. Que sirva este escrito como punto de partida de un proceso de reflexión para orientar la política cultural en nuestro municipio, para superar estos últimos años de gobierno del PP, y para que los ciudadanos comprueben que la cultura responde a proyectos serios y que cuenta con objetivos e ideas claras. Hacia una cultura de alta intensidad.

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