ANTONIO JUAN SÁNCHEZ
Acomodadas entre el frío y la compañía de los que comparten las mismas ilusionadas intenciones, unas cincuenta personas esperan la apertura de las taquillas del Gran Teatro en busca de una entrada que les acerque al directo de Joan Manuel Serrat sobre su último trabajo, "Hijo de la luz y de la sombra", con los versos de Miguel Hernández de protagonistas. Pasadas las 10 de la mañana comienza la venta y unos minutos después el primero de la fila sale con "cuatro entradas de la primera hilera, para las que he tenido que esperar unas cuatro horas".
Las comunicaciones por móvil informan que hay problemas con Internet al principio, lo que justifica la espera, que como mínimo se traduce en más de hora y media de cola. Algunas quejas por el precio ("pensábamos que al ser un aforo amplio, el precio sería más asequible") y por la lentitud del "proceso". Lo habitual, suele ser coger turno e "ir por dinero, con las tarjetas hay problemas". En las taquillas llueven las preguntas, todas se solucionan con paciencia, y regresan los comentarios sobre "lo falta de actos culturales de importancia. Conciertos como éste son las excepción, y seguro que se podría haber llenado el pabellón un par de días. Aquí queremos a Serrat y más si llega con temas de Miguel Hernández", se asegura.
Nadie se puede colar, las miradas vigilan más que nunca. Al pricipio de la tarde ya no quedan asientos numerados (12 filas, 624 plazas) y en el primer día se han vendido unas 800 entradas, según se confirma desde la empresa promotora del concierto.