M. POMARES
Los actos vandálicos tuvieron un coste de 1.166.800 euros para el Ayuntamiento de Elche, y por tanto para los ilicitanos, durante el pasado año, una cifra que, según el concejal de Limpieza, José Manuel Sánchez, se ha mantenido estable en los últimos años.
La eliminación de pintadas y grafitis en fachadas y elementos urbanos se tradujo en 2008 en 4.843 actuaciones y supuso un desembolso de 68.350 euros entre mano de obra y materiales. Además, fue necesario reponer 52 bancos, lo que implicó un gasto de 28.000 euros; 45 vallas, por un valor de 5.625 euros; y 32 bolardos extraíbles, con un importe global de 4.800.
Por otro lado, el departamento de Parques y Jardines destina anualmente más de 500.000 euros a los destrozos en espacios verdes de la ciudad como consecuencia de los actos vandálicos. El dinero se asigna fundamentalmente a reponer plantas arrancadas, aspersores, dispositivos de riego, bancos, papeleras, pilones y, sobre todo, al arreglo de juegos infantiles.
La reparación de la señalización vertical en la vía pública tiene un coste de 10.000 euros cada mes, mientras que mensualmente se destinan 5.000 euros a la señalización informativa, algo que se traduce en 180.000 euros al año.
Además, el desembolso en arreglos de instalaciones deportivas, vallas, ventanas o puertas en centros escolares asciende a 150.000 euros. Finalmente, el Ayuntamiento gasta 230.000 euros anuales en la reposición y reparación de contenedores y papeleras.
El edil atribuyó los actos vandálicos a "la falta de concienciación y colaboración de unos pocos" y aseguró que "el vandalismo no ha crecido. Las cifras se deben al crecimiento de la población y a la expansión urbanística, con la incidencia que tiene eso en el incremento de espacios verdes".
Por zonas, el centro y el puente de Altamira son las más afectadas, según explicó el edil, ya que "son puntos con mayor trasiego, sobre todo los fines de semana y en invierno". Asimismo, precisó que, "por lo general, se trata de gente joven, aunque también depende del acto vandálico". En este sentido, distinguió entre "la gente que se dedica al grafiti como arte urbano, que se merece todo el respeto, y el inconsciente de turno que va haciendo la gracia con el espray".
A su juicio, el problema radica en que "ese dinero que tenemos que destinar a reparar y reponer los elementos urbanos en la vía pública no se dedica a otras cosas".