REPORTAJE. UN MATRIMONIO MARCADO POR LA BUROCRACIA
M. ALARCÓN
Juan José Irles conoció y se enamoró de Sandra Patricia por internet. "Hoy seguimos pensando que muchas parejas se dicen, nos decimos, más cosas a través del ordenador que cuando nos miramos a los ojos", reconoce. Este ilicitano, que trabaja en una empresa de seguridad, dio el paso más importante de su vida cuando el pasado octubre viajó a Medellín para conocer a ella y a su familia. Días más tarde se casaron. Por esos avatares que sólo tiene el destino fue la propia novia la que preparó su tarta nupcial en la que no faltó una decoración con flores, a juego con el vestido que iba a llevar en la iglesia aquel día. Días más tarde se dirigieron a la Embajada de España en Bogotá y descubrieron que la inscripción matrimonial no tenía plena validez hasta pasar el correspondiente expediente y que el trámite tardaría meses. Juan José no daba crédito a lo que escuchaba, así que no le quedó más remedio que volverse solo a España, pero no se quedó de brazos cruzados y, a través de internet, supo que su caso no era único y que decenas de españoles se veían en la misma tesitura que él. Presentó una queja ante el Defensor del Pueblo que está en trámite, pero también descubrió que no iba a darle una solución y menos rápida a su problema. "Allí (en la Embajada) quieren comprobar que no es una boda de conveniencia, pero es un poco absurdo porque nadie se puede quedar seis meses esperando a que le llamen", recuerda.
Perfumes y libros
En mayo recibió una llamada de la Embajada confirmándole que tenía que estar allí el 20 porque ese día se veía su expediente.
"¿Sabe usted cuál es el perfume que usa su mujer o el título del libro que está leyendo?, fueron otras preguntas que por separado contestaron ante un funcionario que sólo realiza este trámite los martes, de ahí el retraso. A continuación ambos se sentaron ante el cónsul y se sometieron a un careo sobre sus respuestas. "Nos levantamos y nos dijeron que en una semana nos dirían si el expediente era favorable y en dos si lo denegaban. Allí estaba yo, con permiso de mi empresa -grupo de seguridad Ismael Soto- sin saber cuál iba a ser nuestro destino". El expediente concluyó con un "sí" pero, por segunda vez, Juan José se volvió solo a España porque la Embajada tardaba semanas en preparar el visado. Su mujer, por fin, llegó a España a mediados de julio. Ahora son unos recién casados... de hace nueve meses.