J. P.
La familia Soto convierte la vendimia en una fiesta. Durante los primeros días de septiembre, todos viven para la uva y el vino. El miércoles comenzó a cortarse la vid y ayer se empezaron a pisar los racimos. Alrededor de la pequeña bodega desayunan, almuerzan, cenan y duermen los familiares más cercanos y los amigos más íntimos de la familia que colaboran en el pisado, la tarea más llamativa.
Pedro es todo un veterano en esto. Desde hace casi 30 años ha practicado esta danza junto a su amigo Jaime, pero este año ha cambiado de pareja de baile. El patriarca de la familia ha abandonado las alpargatas de esparto y Pedro enseña ahora el ritmo del "chaf, chaf" a su nuevo acompañante.
La mezcla de mosto y rastrojo macerará durante tres días en una balsa. A partir del cuarto, el proceso seguirá en un depósito, una vez eliminados lo restos sólidos. Durante los 20 días siguientes, el contenido en azúcar se transformará en grados de alcohol. Bodegas Faelo comercializa el vino La Dama. Su graduación no pasa de los 13,5 grados y queda muy lejos de los 19 o incluso 20 que han caracterizado en el pasado a los caldos elaborados en Matola. Cuando Jaime Soto Vara se hizo cargo de la producción hace unos años no tuvo duda alguna de que había que adaptar el producto que habían elaborado su padre y sus antepasados a los gustos del consumidor del siglo XXI.
El vino que hace estos días no se comercializará hasta 2011. Hasta entonces quedan tres años en los que el caldo descansará en depósito, barrica de roble americano y en botella.
La producción se mantendrá en las 8.000 botellas. El aumento previsto para este año, tras la compra de uva a pequeños productores de Matola, se ha frustrado por la pérdida de 3.000 kilos que se han comido unas aves de la familia de los córvidos.