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J. M. GRAU La gran fiesta de la Charanga volvió a ser ayer uno de los platos fuertes de las fiestas de agosto. El colorido, la imaginación y, cómo no, el buen humor inundaron un año más las calles del centro de la ciudad donde los ilicitanos y turistas disfrutaron al máximo de esta marcha popular, en la que el tema predominante fue la actual crisis económica. Sin embargo, no faltaron alusiones a los Sanfermines, las Sagradas Escrituras, la política local, autonómica y nacional y se lanzó un mensaje para reivindicar los juegos de antaño.
Cerca de 1.500 personas tomaron parte en la tarde-noche de ayer en uno de los más esperados actos de estas fiestas, la Charanga, que como cada año congregó a miles y miles de ciudadanos de todas las edades. Con el fin de pasar un rato divertido, más de dos horas y media de desfile, las 17 comisiones de la Gestora de Festejos no defraudaron. Por vez primera se sumaron a esta marcha popular las dos nuevas comisiones, Jardines Toscar y Parque Lucrecia Pérez, y tampoco faltó la carroza de la Unió de Festers del Camp.
Disfraces de lo más ingenioso, coreografías cada pocos metros, equipos de sonido con los temas más pegadizos, regalos a montones, una veintena de carrozas y, sobre todo, mucha crítica es lo que exhibió ayer la Charanga que, a falta de un año para cumplir su 30 aniversario, sigue respirando juventud, ironía y contagiando alegría sin parar.
Zancudos modernos, tres figuras enormes y un grupo de percusión de clara inspiración brasileña, Pan de Azúcar, abrieron con mucha fuerza la comitiva, a los que siguió la carroza de las actuales reinas de las fiestas -que en la Plaça de Baix se incorporaron a la tribuna de autoridades- y de las reinas y damas salientes que en este caso sí iban disfrazadas.
A partir de aquí la sonrisa no tuvo tregua. Abejas Maya, un grupo de moscas, muchos payasos, enfermeras y médicos para reivindicar el segundo hospital o naipes fueron algunos de los disfraces que se empezaron a ver. Luego llegaría la habitual crítica a los políticos, sobre todo a Zapatero, y la denuncia por los elevados precios de los productos del campo, el inevitable euribor y el euro. Algunos iban incluso vestidos de cobradores del frac.
También llamó la atención que dos comisiones coincidieran en reivindicar los juegos tradicionales para los niños. Como colofón se dio por enterrado al mismísimo Chikilicuatre, aunque se revivió a los de "Aquí hay tomate".
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