P
ues sí, miren ustedes por donde
Franco
les vuelve a ganar otra batalla a nuestros lunissocialistas, después de más de treinta años muerto el espíritu del dictador hace temblar las paredes del consistorio ilicitano y a nuestros gobernantes municipales.
La petición de
José Antonio Carrasco Pacheco
pidiendo que el Ayuntamiento en Pleno revoque el título de hijo adoptivo que una comisión gestora del Ayuntamiento ilicitano otorgó en 1939 a Franco, ha puesto al descubierto una vez más (23F); la fragilidad del socialismo ilicitano. Los complejos de los nuevos dirigentes socialistas y la falta de una sólida base política e ideológica, a pesar de que alguno de ellos se proclame socialista de antes de nacer (web del candidato);, desvelan cuan alejados están de los valores socialistas que defendieron sus antepasados. Las argumentaciones y las excusas esgrimidas por el portavoz
Alejandro Pérez
rayan el esperpento. Ampararse en que el órgano que adoptó el acuerdo de conceder esa distinción a Franco era ilegítimo y que por ello no hay motivo de repulsa, es tanto como legitimar los 40 años de dictadura franquista.
Pero qué se puede esperar de estos yupis socialistas «nazios pá goberná», como diría
Ivà
el autor de Makinavaja. Éllos educados en la modernidad de la escuela socialista de
Boyer
,
Solchaga
y
Rubio
donde todo vale y todo tiene un precio, qué van a decir. Si incluso el 8 de agosto pasado se negaron a aprobar una moción de Esquerra Unida condenando el golpe de estado del general Franco contra el gobierno legítimo de la República, a pesar de que esta propuesta fue una declaración aprobada en el Parlamento Europeo y presentada por su propio partido. Qué le vamos a hacer, ellos son así. Se sienten más a gusto cursando invitaciones y rindiendo pleitesía a los Borbones que condenando a los golpistas. Lo suyo son las procesiones, las comparsas, los saraos, los viajes en barco, la permisividad a las empresas concesionarias y a algún que otro promotor. Todo por el poder, vivan las vallas.
Decía el director de este diario en su columna del sábado 17 de febrero que todo parece indicar que esta postura es una estrategia para no soliviantar a los 5.000 votantes de centro derecha que han venido apoyando en las últimas elecciones a
Diego Maciá
y que Alejandro I El Prometedor pretende mantener a toda costa. De ser cierto esto y a juzgar por las declaraciones de
Manuel Ortuño
sobre las relaciones políticas de la familia del alcalde con la derecha ilicitana, y algunas otras que puedan existir, pocas dudas caben de que estamos hablando de la misma moneda con diferentes caras.
Bien harían nuestros socialistas locales en leer «Los pioneros. La política socialista en los ayuntamientos (1891-1905);«, de
Manuel Corpa
y editado por la Fundación Pablo Iglesias. No es justo que el franquismo haya borrado a la República y que ahora «por respeto a todas las posiciones en un tema especialmente sensible», según el portavoz socialista, símbolos (como la cruz de los caídos en Paseo de Germanías, criticada por sus propios jóvenes);, y nombramientos de la dictadura continúen presentes «como si estuviera Franco vivo». Alguien imagina que esto pueda suceder en Alemania.
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