24 de septiembre de 2017
24.09.2017
El sistema educativo y el emprendimiento

De la obra a clases de FP

La falta de alternativas laborales ha prolongado los años de formación de los jóvenes alicantinos y ha disparado casi un 50% las matrículas en ciclos profesionales

25.09.2017 | 10:00
Alumnos en una clase de FP de Alicante.

El estudio también alerta de la pérdida de recursos que supone la emigración de titulados.

La crisis económica también ha supuesto un importante impacto para el sistema educativo de la provincia, que se ha visto obligado a asumir un considerable aumento del número de alumnos en el momento en que los recursos eran más escasos, ante los recortes que debía afrontar la administración. Un esfuerzo que han tenido que asumir las universidades o los institutos, con alrededor de un 13% más de matriculados, pero sobre todo los centros de Formación Profesional, que han visto disparada casi un 50% la demanda de plazas al convertirse en la principal alternativa para quienes no encontraban salida en el mercado laboral, o para aquellos que en su día dejaron los estudios para irse a trabajar -principalmente a la obra- y se quedaron en paro tras el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Todo un desafío a la capacidad del sistema que el catedrático Jorge Mora analiza dentro del informe Crisis y recuperación de la economía alicantina, un completo repaso a lo acontecido en la provincia y en el conjunto del país durante los últimos diez años que INFORMACIÓN y el Instituto de Economía Internacional de la UA presentan mañana lunes en un acto en la Estación Marítima de Dénia en el que colaboran Baleària, Hidraqua, la Conselleria de Economía Sostenible y la Generalitat. El informe se entregará junto con la edición impresa del diario el martes 26 y al día siguiente, el miércoles, estará disponible para su descarga en la web.

El estudio señala que entre los años 2006 y 2015 se produjo un aumento generalizado del número de alumnos en todas las etapas educativas, con la excepción de la Secundaria Obligatoria, que vio retroceder ligeramente la cifra de estudiantes (un 1,34%) por motivos demográficos y por el regreso a sus países de muchas familias inmigrantes con hijos en estas edades. Pero, sin duda, el cambio más significativo se produjo en las etapas no obligatorias, al desaparecer la posibilidad de marcharse a trabajar tras finalizar la ESO.

De esta forma, si en plena efervescencia del ladrillo hasta el 57,22% de los chavales renunciaba a seguir estudiando al finalizar Secundaria, ante la perspectiva de un empleo bien remunerado en la construcción u otros sectores en auge, en 2013 la cifra ya había caído hasta el 37,14%.

La elevada probabilidad de acabar en el paro empujó a muchos a continuar con el Bachillerato, que vio crecer un 13,05% las matrículas, lo que también se tradujo en más alumnos que llegaban a las universidades (+12%, para el conjunto de la Comunidad Valenciana). Pero donde realmente se notó fue en la FP, donde las matrículas pasaron de 9.356 en el curso 2006-2007, a 13.797 en el año 2015-2016. Un aumento de casi un 50% y eso sin tener en cuenta que en muchos de estos ciclos durante años fue imposible satisfacer todas las peticiones y numerosos estudiantes se quedaron sin plaza.

Y es que, como señala Mora, la FP fue el refugio no sólo de los que decidieron seguir con sus estudios, sino también de aquellos que se habían marchado y ahora querían regresar al sistema educativo para escapar del desempleo.

En cualquier caso, como apunta el catedrático en su artículo, este aumento de la cifra de alumnos que ha venido a sumarse a los problemas crónicos que ya arrastraba el sector, entre los que destaca la ausencia de un «acuerdo de Estado» que garantice la estabilidad del sistema educativo por encima de los cambios de Gobierno. Del mismo modo, Jorge Mora también alerta de la persistencia del desajuste existente entre la oferta formativa y la demanda empresarial, lo que provoca que, por un lado, la tasa de paro entre los licenciados universitarios haya aumentado hasta el 15% con la crisis, al tiempo que las compañías aún tienen problemas para encontrar titulados con las habilidades y destrezas que requieren.

El resultado es bien conocido y se traduce en la emigración de miles de jóvenes titulados hacia otros países europeos para buscarse la vida. Un éxodo que supone una descapitalización para la provincia pero también significa que los recursos públicos españoles están financiando la formación de los cuadros técnicos de empresas extranjeras que compiten con las compañías locales.

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