El poder de Baco

El turismo enológico empieza a despuntar en la provincia como complemento al sol y playa

23.08.2016 | 00:35

Las bodegas reunidas en la Ruta del Vino de Alicante recibieron el año pasado casi 40.000 visitantes, un 13,4% más que en el ejercicio anterior. Los extranjeros son los más numerosos entre quienes eligen esta opción.

¿Qué hacen un grupo de quince ingleses, holandeses y noruegos en mitad del campo villenense en pleno mes de agosto, cuando podrían estar en la playa? Pues visitar una bodega. En concreto, la de Francisco Gómez en la finca La Serrata, que ya se ha convertido en un atractivo más de esta zona del interior de la provincia gracias al auge del denominado enoturismo. Una actividad que cuenta cada vez con más adeptos y que empieza a hacerse un hueco dentro de la potente industria del ocio alicantina como complemento a los tradicionales destinos de la costa.

Tanto es así, que las 15 bodegas que forman parte de la denominada Ruta del Vino de Alicante recibieron el año pasado casi 40.000 visitantes, una cifra todavía muy alejada de las que consiguen otras zonas con más tradición en la materia, como el Penedés catalán o Jerez, donde se superan los 450.000 turistas anuales, pero que crece rápidamente. En concreto, los citados 40.000 visitantes de 2015 suponen hasta un 13,5% más que en el ejercicio anterior, de acuerdo con los datos de la asociación Acevin, que se encarga de certificar los 26 itinerarios oficiales de este tipo que existen en España.

«Ya hemos estado una semana en la playa y ahora queríamos conocer otras cosas, la cultura y las tradiciones españolas», asegura el holandés Hans, que viaja junto a su mujer Rita e Ilse. Como ocurre con muchos de los extranjeros que visitan las instalaciones vinícolas de la provincia, han llegado hasta la bodega de Francisco Gómez por recomendación de otros compatriotas residentes en la zona, en este caso de Roy y Saskia Freichman, que regentan un pequeño establecimiento rural en la partida de Las Virtudes, en la propia Villena. Lo mismo ocurre con Jonni y Lisa, una pareja londinense que realiza la visita junto a sus dos hijas, y que pasan estos días en casa de Shirley y Tony, con domicilio en la vecina Murcia.

De esta forma, no resulta extraño que hasta el 70% de los turistas que recibe esta bodega procedan de otros países, según explica su responsable de Enoturismo, Lola Sanchis, un rasgo común en todas las instalaciones consultadas. «Por desgracia, aunque España es uno de los mayores productores mundiales de vino, aún estamos muy por debajo de otros países en consumo. En términos generales, se puede decir que en Europa tienen más cultura vinícola, por lo que no es de extrañar que también tengan más interés en conocer cómo se elabora», confirma también el enólogo Francisco Granado, de la bodega Casa Cesilia de Novelda, una de las que más está potenciando esta actividad.

Negocio y promoción
Como explica el secretario general de la Denominación de Origen Vinos de Alicante, Eladio Martín, en los últimos años «cada vez más instalaciones han decidido abrir sus puertas a los visitantes, como una forma de complementar su negocio principal, pero también como una forma de promoción». Y es que no es lo mismo degustar un caldo –por muy bueno que sea–, en un restaurante que hacerlo en el lugar en el que se elabora, tras haber visto cómo se vendimia la uva o las barricas en las que reposa el caldo durante meses o, incluso, años.

«Si consigues unir la cata a esa experiencia, fidelizas al cliente, que luego buscará tu vino en la tienda», explica David Bernardo, director de la Cátedra Casa Cesilia de Enoturismo de la Universidad Miguel Hernández, la primera de estas características que se pone en marcha en España. Al respecto, Bernardo destaca el «enorme potencial» que tiene esta actividad como motor de desarrollo del interior de la provincia y también para desestacionalizar el turismo en la costa.

No en vano, según Acevin, el mes con mayor número de visitas en las cavas alicantinas es abril, aunque todo depende de la ubicación de las instalaciones: las más cercanas a la costa se ven beneficiadas de la avalancha de turistas que llegan al litoral en verano, mientras que las zonas del interior tienen su temporada alta en otoño –con la vendimia– y en primavera.

Diferenciación
En cualquier caso, y teniendo en cuenta la ventaja que llevan otras zonas del país y, sobre todo, del extranjero –California, Italia y Francia son las mayores potencias en este terreno–, David Bernardo cree que el sector debe apostar por la diferenciación y propone, a modo de ejemplo, vincular la ruta del vino alicantina a la cultura pirata –recuerda que los corsarios de las novelas de Emilio Salgari degustaban con fruición los caldos alicantinos– o al hecho de la existencia en la zona «de la mayor densidad de castillos medievales de Europa». En definitiva, vincularlo a algún tipo de experiencia que resulte única.

Sea como fuere, lo cierto es que aún queda mucho por hacer, incluso desde el punto de vista de las infraestructuras. Aunque ya son varias las bodegas que disponen de restaurante, lo que permite ampliar la visita más allá del simple recorrido por las instalaciones, todavía no hay ninguna que incorpore alojamiento, como sí ocurre, por ejemplo, en La Rioja. En su lugar, algunas bodegas han decidido llevar la experiencia hasta los hoteles ya existentes, en busca de los turistas que allí se hospedan. Es el caso de Bocopa, que además de recibir cada año en sus instalaciones de Petrer a más de 8.000 personas, también organiza catas y degustaciones en distintos hoteles de toda la provincia «para los que no pueden venir aquí», explica su responsable de Enoturismo y Enoteca, Encarna García.

En otros casos se apuesta por los grandes eventos, como las «Enoescapadas» que organiza en Semana Santa la bodega Enrique Mendoza, que consiguen atraer cada año a cientos de amantes del vino. Las bodegas Sierra Salinas, del grupo MG Wines, la de Xalò o la de Pinoso son otras de las que abren sus puertas al público en la zona.

Curiosos y entendidos
En cuanto al perfil de los enoturistas, además de ser mayoritariamente extranjeros, empresarios y expertos coinciden en que se trata de una actividad que atrae tanto a los entendidos y amantes del buen vino, como a aquellos que simplemente buscan una nueva experiencia y sienten curiosidad. Al respecto, el gerente de la Escuela de Catas de Alicante, Juan José Sellés, cree que las vinaterías de la provincia están realizando una buena labor para captar a este último tipo de público aunque echa en falta «una mayor profesionalización o una mayor oferta» dirigida al segmento de los expertos que, como recuerda, luego son los mayores prescriptores de una u otra marca.

Tampoco a las administraciones se les escapa las posibilidades de este modelo turístico y el propio Patronato de la Costa Blanca mantiene un convenio con la Ruta del Vino para potenciar su actividad, como explican desde este organismo. Eso sí, el sector echa en falta una mayor colaboración por parte de otra de las patas más importantes del negocio turístico, la hostelería, que todavía se resiste a ofrecer los caldos alicantinos en sus cartas frente a denominaciones mucho más comerciales como Rioja o Rueda. Unas reticencias que este turismo también contribuye a romper.

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