Susi Díaz o cómo pasar del corte y confección a ganar una estrella Michelín

La chef recordó durante el encuentro empresarial sus inicios y su proceso de aprendizaje autodidacta

14.05.2016 | 01:23
Susi Díaz o cómo pasar del corte y confección a ganar una estrella Michelín

¿Cómo acaba convirtiéndose «una chica de Elche» que estudió corte y confección en una de los chefs más reconocidos de España, ganadora de una estrella Michelín? Pues, según explicó ayer Susi Díaz, todo empezó cuando ella y su marido decidieron que tenían que hacer «algo» para evitar que la incompatibilidad de horarios entre su trabajo de entonces, en una tienda de ropa, y el de su esposo, en el mundo de la hostelería, acabara afectando a la pareja. «Estaba claro que, o montábamos una tienda, o montábamos un restaurante y pensé "que sea un bar y que curre él"» recordó ayer, entre risas, ante los asistentes al II Encuentro Mediterráneo de Empresas Familiares, donde participó en uno de los actos junto al grupo de música mestiza Diwan.

Tardaron casi un año en decidir qué tipo de establecimiento querían y, tras mucho viajar, se enamoraron de los restaurantes de campo de Mallorca y decidieron importar el modelo a Elche. «Ya había algunas casas de arroces pero no un restaurante como el que queríamos nosotros», explicó. Aunque La Finca empezó con un jefe de cocina externo, pronto la inquietud de Susi Díaz le llevó meterse en los fogones. «Cada vez que iba a un restaurante apuntaba en una libretita lo que me gustaba y luego iba a nuestro cocinero a decírselo», asegura la hoy reconocida chef. Autodidacta –«nunca he estado en la cocina de ningún cocinero para aprender», señaló– recordó cómo leía los libros de Ferrán Adriá o Pedro Subijana «para extraer su filosofía y luego aplicarla a lo que quería hacer».

Así, su método de aprendizaje fue el del «ensayo y error». «Recordaba una receta de mi abuela, como una caballa que hacía, y trataba de reproducirla exactamente igual. Cuando lo conseguía me planteaba qué se podía mejorar o como modernizarla y ésa ha sido la base de mi cocina», compartió con los asistentes. También recordó los llantos por las esquinas del restaurante cuando el primer día no sirvieron «ni un cubierto» en la comida. «A la semana, y sin publicidad, lo teníamos lleno», dijo con satisfacción. La misma que puso para hablar de su familia, que hoy le acompaña al completo en el restaurante a pesar de que su hija estudió periodismo y de que su hijo es ingeniero. Tras probar sus respectivas profesiones ambos decidieron volver a La Finca y «hoy somos un equipo».

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