Rodrigo Rato busca «la virtud» en un retiro budista de seis días en Pedreguer

El exvicepresidente participó en un curso para recuperar «la lucidez y la paz interior»

19.04.2016 | 01:14
Rodrigo Rato busca «la virtud» en un retiro budista de seis días en Pedreguer

El recogimiento tenía como objetivo «apaciguar el estrés y la ansiedad». Rato denuncia una caza de brujas y rebate los delitos que Hacienda le achaca.

De gurú de la economía (llegó a dirigir el Fondo Monetario Internacional) a aprendiz aplicado de budista. Rodrigo Rato es experto en catarsis. Acusado de once delitos de corrupción (el caso Bankia y las tarjetas black son los más famosos), el exvicepresidente del Gobierno con Aznar se ha aficionado ahora a la postura del loto. Rato se retiró en marzo durante seis días al centro budista de Pedreguer. Hizo vida monacal. Participó en el retiro de meditación titulado el camino de Shamatha (concepto que viene a significar vida contemplativa). Rato fue uno más entre los 130 participantes.

A la Fundación Sakya de Pedreguer, no llega el eco de las noticias. Este centro budista, que se abrió hace ahora diez años, está situado en la exclusiva urbanización de la Sella. Se asoma al Montgó y al litoral de Dénia. A los cursos, acuden iniciados al budismo y profesionales (sobre todo psicólogos) que quieren aprender técnicas de meditación y relajación.

El lama Rinchen Gyaltsen, responsable del centro, ayudó al gurú norteamericano Alan Wallace en el retiro de meditación al que acudió Rato. «No podemos hablar de los participantes. Es un tema privado», indicó ayer a este diario Gyaltsen, que sí aceptó explicar en qué consistió el curso. Se desarrolló entre el 19 y el 25 de marzo y costaba 395 euros. El alojamiento se pagaba aparte. Rato acudió solo y, por tanto, debió ocupar una habitación individual, que le salió por 348 euros.

La rutina era los seis días la misma. Los participantes podían asistir a las 7 de la mañana a una sesión opcional de meditación. Luego desayunaban. Por la mañana, tenía lugar una sesión larga de meditación y por la tarde, otra. Ambas las dirigía Alan Wallace, quien «fue monje budista durante diez años y está vinculado a su santidad el Dalái Lama», precisó Gyaltsen.

Los alumnos no probaron la carne ni el pescado, ya que seguían una estricta dieta vegetariana. El lama Gyaltsen subrayó que este retiro espiritual tenía como objetivo «apaciguar el estrés y la ansiedad y aumentar la virtud». Los participantes realizaron ejercicios de respiración y de relajación mental. «Debían soltar la mente discursiva y desarrollar la claridad y la lucidez de la vida».

El lama afirmó que los alumnos alcanzaron la paz interna y «se desenchufaron» del mundo. «Pero apenas al salir, al acercarse a la ciudad, volverá el cotilleo interno». La paz de Rato duró seis días.

El exministro contra Hacienda
Tras la relajación volvió la rutina. Rodrigo Rato acusó ayer a Hacienda de iniciar una «caza de brujas» directamente contra él al acusarle de supuestos delitos fiscales que «pudieron y debieron» ser comprobados antes de ser denunciados, y que ahora trata de desmontar con un informe presentado al juez.

En un escrito remitido al titular del Juzgado de Instrucción número 31 de Madrid, que investiga el origen de la fortuna del también ex director gerente del FMI, Rato critica que la Oficina Antifraude dependiente del Ministerio de Hacienda, ONIF, le atribuyera un delito de alzamiento de bienes para eludir las fianzas del «caso Bankia» y la pieza separada de las «tarjetas black».

Un delito que apenas seis días después se demostró que no había cometido y, sin embargo, sirvió de argumento para su detención y el registro de su domicilio en abril de 2015, lo que, en su opinión, vulneró sus derechos constitucionales.

En el momento en el que Hacienda le achaca este delito, la propia Bankia ya había depositado en la Audiencia Nacional una fianza solidaria de 18 millones de euros para cubrir las posibles responsabilidades civiles por la salida a Bolsa de la entidad.

Asimismo, en la investigación sobre las polémicas «tarjetas black», Rato ya había presentado un aval bancario por importe de 3 millones de euros, por lo que en ningún momento trató de alzarse con su patrimonio como sugería Hacienda en su informe, y además abonó al fisco casi 6,23 millones de euros en el IRPF de 2009 a 2014.

Para constatar estos «evidentes errores», que Hacienda y el fiscal podrían haber evitado con un mínimo de «diligencia debida», el ex director gerente del FMI pide al juez que cite a declarar al exinspector de Hacienda en excedencia Miguel Ángel Garrido como autor de la prueba exculpatoria con la que Rato trata de desmontar el resto de delitos atribuidos «torticeramente».

También solicita un careo con la inspectora de la ONIF, Margarita García-Valdecasas, que denunció el alzamiento de bienes y los supuestos delitos fiscales, a la que insta además a presentar un nuevo informe que tenga en cuenta las alegaciones de Rato y que incluya ejemplos recientes sobre el uso de sociedades para el cobro de conferencias y otros trabajos.

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