Roberto López Abad: El auténtico rey del ladrillo alicantino

Fue el impulsor de la expansión de la caja a lomos del sector inmobiliario durante los años del «boom»

07.04.2016 | 11:35

Natural de Alcoy y nacido en 1956, Roberto López Abad entró en la entonces Caja del Sureste a principios de los años setenta, cuando ni siquiera había acabado la carrera de Económicas. Pronto comenzó a subir en el escalafón y en 1980 fue nombrado director del Área de Planificación, donde modernizó unos sistemas de control que, posteriormente, según el FROB, la propia caja se saltaría. Su primera gran oportunidad le llegó con 36 años, coincidiendo con la fusión de la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia con la CAPA. Le postularon para el cargo, pero hubo de conformarse con la dirección general adjunta. Ahora bien, no desaprovechó la oportunidad, y empezó a tejer una amplia red de alianzas para cuando le llegara el momento. Y el momento le llegó cuando Zaplana destituyó en 2001 a Juan Antonio Gisbert, y encumbraba al alcoyano al frente de una entidad con 780 sucursales y activos por más de 15.000 millones de euros. En los seis años siguientes López Abad abrió 400 oficinas más por todo el país, y en menos de una década llegó a los 75.000 millones de euros, sobre la base del ladrillo.

La entidad vivía bajo su tutela las mayores luces de la mano del boom inmobiliario. Poco a poco se fue desentendiendo del negocio financiero, que dejó en manos de María Dolores Abad, y centrándose más y más en el inmobiliario. La burbuja iba a estallar, y llegaron las cuotas participativas y las preferentes. El tiempo de las luces daba paso al de las sombras. Los socios del SIP pronto se dieron cuenta de que el ladrillo acabaría por tumbar a la caja, y la entidad se quedó sola. A únicamente tres semanas de que la CAM fuera intervenida, López Abad se marchó prejubilado y con 3,8 millones en el bolsillo.

A partir de ahí, los escándalos por las pensiones millonarias que se adjudicaron él y otros directivos, las cuotas y las preferentes, y su paso por la cárcel, acabaron por hundir su imagen. Había convertido a la CAM en una entidad de ámbito nacional, pero también la había arruinado. La Audiencia Nacional le absolvía en febrero en la causa que compartía con Juan Ramón Avilés, pero aún le quedan otras pendientes.

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