La brecha en igualdad en el siglo XXI

La provincia pierde poder femenino

En apenas un par de años la presencia de mujeres en los máximos puestos de responsabilidad ha desaparecido

29.02.2016 | 12:43

El paisaje social, económico y político de la provincia de Alicante ha cambiado de tal manera en apenas un par de años, que la presencia femenina en los puestos de liderazgo ha pasado a una situación prácticamente invisible. Las luchas por mantener un puesto político acabaron pulverizando en unas solas elecciones el poder femenino en Alicante. Donde antes había una alcaldesa en la capital, ahora hay un alcalde; simultáneamente, otra de las instituciones casi obligada a ejercer el liderazgo político, la Diputación Provincial, también cambió de género: de Luisa Pastor a César Sánchez. En la patronal no es muy diferente. Marián Cano, la ilicitana que preside la patronal autonómica del calzado es la excepción que confirma la regla, como Consuelo Navarro en la dirección de CC OO en l'Alacantí-Les Marines. En las luchas por la supervivencia en el puesto parecen desenvolverse mejor quienes llevan años de carrera en esa materia: los hombres.

«¿Por qué las reuniones de trabajo son a partir de las siete de la tarde y no a las cinco y media en muchas de las asociaciones sectoriales?» de la provincia, se pregunta Tonia Salinas, presidenta de la Asociación de Mujeres Empresarias de Alicante (AEPA), además de gerente del Parque Científico Empresarial de la Universidad Miguel Hernández (UMH), de Elche. O «¿por qué cuando se acaba una reunión en una entidad empresarial u organizaciones política o sindical se prolonga, en muchos casos, esa asamblea en el bar, tomando una cerveza?», se cuestionan también Consuelo Navarro y David Cerdán, líder del PSPV-PSOE en la provincia.

Aunque son pequeños detalles, no dejan de ser representativos en el esfuerzo de muchas mujeres y hombres en Alicante para acabar con los obstáculos de cara a lograr lo trascendente: la igualdad real de ambos sexos en el ámbito del trabajo, incluyendo el acceso a los altos cargos. Y donde el hecho de la maternidad sigue siendo identificado como un hándicap para alcanzar una sociedad igualitaria hasta que la ley específica o los planes de conciliación de la vida laboral con la personal y familiar sean una realidad tangible en su aplicación.

Hay que revisar la gestión de los tiempos. Los horarios y los «modelos de hacer negocios, donde lo que no resolvemos en la oficina, lo hacemos en el bar de abajo», coinciden Navarro y Cerdán. Pasa en los partidos y en los sindicatos, aseguran. La propuesta la secunda Tonia Salinas. «Al final, para llegar a un nivel profesional, la relación social es importante. Y muchas veces esos status se fraguan fuera del ámbito del trabajo, haciendo deporte o tomando una cerveza», se queja la presidenta de las mujeres empresarias.

«Invitadas» al poder
En Alicante, más de 32.500 personas ocupan puestos de responsabilidad como directores o gerentes de empresas. Sin embargo, sólo 11.600 son mujeres, frente a los 20.900 directivos masculinos, según la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre de 2015. Aunque en los últimos cuatro años ha crecido el número de directivas por el autoempleo, según Consuelo Navarro.

Esta es una brecha que hunde sus raíces en el secular «sistema de distribución asimétrica por el que el poder lo tienen los hombres. Y donde, en muchos de los casos, las mujeres "somos invitadas" y como tal nos tratan», identifica la profesora titular de Derecho Constitucional de la Universidad de Alicante y presidenta de la Red Feminista de Derecho Constitucional, Mar Esquembre.

En las ejecutivas de las dos instituciones empresariales alicantinas: Coepa y la Cámara de Comercio, la representación femenina es mínima. En el comité de la patronal, que preside Moisés Jiménez, sólo dos de los 14 miembros son mujeres. El número se amplía a cuatro, si se tienen en cuenta las dos componentes del comité asesor, del que forman parte seis personas. La representación femenina en el ejecutivo de la Cámara, sin embargo, es nula. Alrededor de la mesa del comité sólo se reúnen ocho hombres, aunque dos mujeres sí toman asiento en el pleno de esta institución dirigida por José Enrique Garrigós. Y también, en ambos casos, se encuentran nombres femeninos si se desciende en la estructura y se repasan las presidencias de las sectoriales. Entre ellas aparece el de la ilicitana Marián Cano, presidenta la Asociación Valenciana del Calzado (Avecal), «que inició su andadura en 2010 con la primera mujer presidenta en el sector, Rosana Perán», destaca la propia Cano. Ilicitana, igualmente, es la líder de CC OO Vinalopó-Vega Baja, Carmen Palomar.

La patronal de las pymes (Cepyme) reconoce que en representación femenina «estamos bajo mínimos, aunque en los estatutos incluimos el fomento de la presencia de mujeres en la directiva», señala su presidente, Cristóbal Navarro. Por su parte, en la Asociación de la Empresa Familiar de Alicante (AEFA), que lidera Francisco Gómez, hay cuatro mujeres en la junta, que forman 15 miembros. Si bien, AEFA ya se ha fijado como objetivo la paridad.

Cristóbal Navarro asegura que «es difícil involucrar a las mujeres para entrar a la junta. No sé si es por una realidad práctica o porque no les aporta estar dentro». Y Moisés Jiménez considera que la representación femenina en las cúpulas «depende de la motivación y disposición personal. La mujer necesita un entorno familiar que le facilite estar al frente de organizaciones». «No sabría la razón», apostilla Navarro.

Aunque el diálogo es figurado, en sus declaraciones, la vicerrectora de Investigación de la Universidad de Alicante (UA), Amparo Navarro, respondería a estas dudas de los representantes empresariales cuando dice que «a lo mejor no se lo han propuesto a la que quiere». Además de ello, Tonia Salinas considera que para subir el número de mujeres en las directivas «hace falta una masa crítica: que haya más al frente de organizaciones». «No tenemos que dejar nuestra forma de ser. Tenemos que mostrarla y hacerlo en voz alta cuando estemos en esos foros de trabajo». Para David Cerdán, la afirmación de las patronales de que, en general, no hay mujeres que quieran entrar en las juntas «es una excusa. Una resistencia atávica. ¿Si no, por qué estudian carreras y se preparan para el mundo laboral», se pregunta. «El problema es el modelo social».

Por su parte, la eldense Adela Pedrosa (PP), secretaria segunda de la Mesa del Senado, subraya que en el ámbito político «hay mucha representación femenina. En nuestro caso, de los tres senadores alicantinos dos somos mujeres. Cumplir con la paridad es un objetivo de nuestro presidente, José Císcar». Y en el tema de la conciliación, admite que «lo hacemos como cualquier otra profesional, con mucho esfuerzo».

Las que sí han llegado a formar parte de cúpulas directivas en la Universidad admiten que su contexto es más «privilegiado» porque la igualdad de oportunidades y condiciones laborales y salariales se cumple para ambos sexos. En las dos universidades, los equipos de gobierno son paritarios, tienen planes de igualdad y unidades u observatorios específicos dedicados a ello. «Tenemos una gran responsabilidad como universidad para no sólo transmitir conocimiento, sino valores. Tenemos que ser un espejo», apostilla María Teresa Pérez Vázquez, vicerrectora de Relaciones Institucionales de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche.

También influye la edad

Eso sí, tanto Amparo Navarro como María Teresa Pérez admiten que la edad es un factor importante. «Cuando se accede a los cargos de responsabilidad, la etapa más dura de la conciliación ya se ha superado», explicaba Navarro. «Tenemos en torno a los 50 años. Y hay pocas más jóvenes porque también se requiere tener experiencia», además de que en ese periodo son las obligaciones familiares (hijos o padres) las que ocupan gran parte del tiempo. Y en ese momento, sí hay más hombres en altos cargos porque no se suelen ocupar de estas cosas», añade María Teresa Pérez. Para la vicerrectora de la UMH, es clave «proteger a la mujer en todos los periodos de su vida, en su profesión y en el crecimiento personal, especialmente en el de la maternidad. Es nuestro derecho». Porque para quien tiene aspiraciones profesionales le supone un hándicap: «o retrasa ser madre o cuando ha cuidado de la familia y quiere reincorporarse al mundo laboral, tiene que entrar en trabajos que hay hombres que no cogerían».

En todo este escenario hay dos factores determinantes: la decisión de las mujeres (que optan por desarrollar más la faceta profesional o más lo familiar, si no pueden conciliar) y otro «impuesto. Cuando los cargos son de designación y el que elige es un varón, tradicionalmente se ha decantado por un hombre. Aunque hemos avanzado algo con la ley de paridad», añadía Navarro. El acceso a altos cargos «debe basarse en el mérito y la capacidad», ya seas hombre o mujer, destacaba la vicerrectora de la UA.

María Teresa Pérez resume la vida personal y laboral de una mujer con un ejemplo que ella le cuenta a su hija . «La estabilidad es como un trípode de fotógrafo. Una parte es la profesional, otra, la de los afectos y otra, la del ocio». Y la renuncia a alguna de estas patas es lo que afecta a esa estabilidad. Para ambas catedráticas, la conciliación del trabajo con la vida personal y familiar es clave. Pero es una tarea de la sociedad «y para ambos sexos». Creen que aún queda camino para que la mujer tenga más visibilidad en el campo profesional», apunta Amparo Navarro.

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