Fátima Báñez indigna a los pensionistas

El Gobierno envía a los jubilados una carta triunfalista en la que se arroga el mérito de subir las pensiones un 0,25%

16.02.2016 | 01:33
Una pareja contempla el mar y la playa llena por las buenas temperaturas durante esta semana en Alicante.

Los beneficiarios alicantinos perciben un incremento medio de entre 1 y 4 euros al mes.

«¿Has leído la carta?» «¿Qué carta?» «La de la ministra, explicándote que te han subido un 0,25% la pensión». «Se podía haber ahorrado todo ese gasto de papel y destinarlo a aumentarnos más la prestación. A mí me han subido sólo 1,50 euros».

Una conversación entre dos jubilados en un parque de Alicante en unos días en que los 9.353.988 pensionistas españoles – 304.981 de Alicante– reciben una carta del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, dirigido por Fátima Báñez, informándole del aumento en un 0,25% de las pensiones. Un incremento que, de media, viene a suponer entre un euro y hasta cuatro al mes, según los cálculos de UGT y CC OO. También hay jubilados para los que la revalorización ha sido superior a los cuatro euros, pero, igualmente, los hay que este año sólo cobrarán 0,65 euros más.

Indignación es lo que muestran muchos pensionistas por el «mínimo» aumento de la prestación. «Una miseria. Llevamos tres años casi con congelación de las pensiones. A mí, con Zapatero, en unos años me subieron casi 100 euros y con Rajoy sólo 4,50, en tres años», asegura Antonio, un jubilado de 81 años que percibe poco más de 600 euros mensuales de prestación (la mínima contributiva), que trabajó como albañil y «he estado cotizando desde los 14 años». Antonio, villenense de nacimiento, conversa con otros dos jubilados que perciben mayor cuantía.

«¿800 euros es una pensión alta para todo lo que he cotizado y lo que tengo que pagar?», se molesta uno de ellos, al comentarle que hay quien cobra menos. «El problema es que muchos no han cotizado lo suficiente y sólo reciben la no contributiva», replica.

La actualización de la prestación en 2016 sitúa las pensiones de jubilación contributivas en un mínimo de 636 euros al mes y en un máximo de 2.567 y las no contributivas entre un mínimo de 91,98 euros mensuales y un máximo de 367,90 euros», explica Patricia Sánchez, trabajadora social de la Asociación Alicantina para la lucha Contra las Enfermedades Renales (Alcer). A la entidad están asociados pacientes renales, muchos de los cuales perciben las cuantías mínimas. Patricia los conoce y escucha sus problemas económicos, que se ven agravados por el hecho de tener que convivir una enfermedad crónica.

La carta que reciben los pensionistas está firmada por la ministra de Empleo y Seguridad Social –fechada en algunos casos el 4 de enero de 2016 y sin aludir a que está en funciones en el cargo, pese a que entonces el actual Gobierno ya estaba en esta situación–. La misiva habla de «lo bien que lo ha hecho Rajoy y lo que vamos a cobrar», resume Antonio. Ángel Espinar, responsable de la sección de Jubilados y Pensionistas de CC OO en l'Alacantí-Les Marines, es muy crítico. Es «propaganda que, además, se la pagamos todos», califica en declaraciones telefónicas.

La misiva comienza diciendo: «Con el retorno de España al crecimiento económico y la creación de empleo, estamos superando una de las crisis más graves de nuestra historia democrática. Durante estos años, los españoles hemos evitado lograr el rescate de nuestra economía, hemos conseguido poner en orden las cuentas públicas y, lo más importante, hemos vuelto a crecer y crear empleo, la mejor forma de garantizar que la recuperación llega todos los hogares...»

En el mismo parque alicantino donde está Antonio, sentada en un banco cercano se encuentra Tina, de 81 años, que vive sola y percibe 630 euros al mes. La pensión le ha subido 1,50 euros al mes. «Era de esperar con Rajoy, que ha utilizado las tijeras». Admite que al vivir sola y tener pagado el piso, «no paso necesidad. Tengo para comer. Pero no puedo ahorrar. Los gastos son muchos: la comida, la luz, el agua, la Comunidad, la contribución...»

Tina deja la conversación y se pone a hacer gestos de alegría al ver llegar a una amiga que lleva a su nieto en el carrito. Isabel, de 71 años, trabajó de maestra y cotizó durante 39 años. Va con su nieto porque lo cuida mientras sus hijos trabajan. Cobra pensión, pero no dice la cuantía. Isabel se muestra poco optimista con el futuro más inmediato. «No espero nada bueno con la recesión mundial que dicen que viene», añade. «Y tenemos que dar gracias porque cobramos pensiones, mira lo que ha pasado con Grecia (las pensiones han sufrido once recortes desde que comenzó la crisis)».

Ni Tina ni Isabel quieren salir en las fotos, al igual que Reme, de 66 años, y su tía María, de 95, que también pasan un rato al sol de la mañana de un parque más céntrico de Alicante. Reme no cobra prestación alguna, «pese a que he trabajado toda la vida, desde los 13 años. Pero sólo tengo 10 años cotizados porque antes no se solía dar de alta», asegura. Ahora, intenta gestionar la pensión no contributiva. Su marido sí cobra, unos 900 euros, de jubilación. Y con eso tienen que salir adelante «y ayudar a los hijos» a pagar la hipoteca, a afrontar los gastos de la hija separada y los del hijo soltero, así como cuidar, dar de comer a los nietos y llevarlos al colegio. Además de «pagar la luz, el agua, el teléfono y "los muertos" (seguro de deceso o la fosa o nicho del cementerio, según los casos), como yo digo».

Como la familia de Reme, en la provincia hay 17.500 hogares donde la persona de referencia económica es un jubilado y con ella convive algún familiar parado, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondientes al cuarto trimestre de 2015.

Y son 16.000 hogares más que hace un año. Este dato estadístico es visible en las calles. Cada vez son más los abuelos esperando a la puerta de colegios o guarderías para recoger a sus nietos. Con una sonrisa en la cara, el bocadillo de la tarde para los niños y teniendo que calmar la energía que demuestran los pequeños cuando salen de las clases. María –la tía de Reme– vive sola y percibe una pensión de viudedad de 1.000 euros «porque mi marido ya se encargó los últimos años de su vida laboral de que la cotización fuera alta». Ella llegó a cobrar el Sovi cinco años, pero dejó de ser compatible con la Seguridad Social y dejó de percibirlo. A sus 95, vive con su hija y reconoce que hay pensiones mucho más bajas. «Aquí son muy cortas las pensiones, no pasa como en otros países europeos», añade.

De hecho, la cuantía que percibe María no es de las más habituales entre las prestaciones de viudedad. En Alicante hay 78.531 beneficiarios de esta pensión, que perciben una media de 585,78 euros. Apenas son cien euros más que los 487,25 euros mensuales que cobraban los 72.340 perceptores de una pensión de viudedad en enero de 2008. «Son mujeres que, en muchos casos, tienen a hijos en paro y nietos a su cuidado y viviendo en su casa», explicaba el sindicalista Ángel Espinar. Muchas de ellas tienen que acudir a las organizaciones sociales para recibir apoyo, añade Espinar.

Joaquín, de 71 años, es diabético y cobra una prestación de 630 euros al mes.

Con él vive su hijo de 42 años, que está en paro. La revalorización de las pensiones le ha supuesto dos euros más al mes. «¿Tú te crees?» «¿En unos días me he gastado el aumento porque los precios de la comida han subido más», aunque él dice que se «apaña» con patatas, carne y pescado congelado. Eso sí, la pasada semana se llevó una alegría. «Ya no pago los medicamentos, que eran 4 euros al mes». El Consell ha suprimido este año el copago sanitario. «¿Qué cuánto debería percibir? Unos 800 euros para que me fuera bien».

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