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La banca siempre gana

La rentabilidad que pagan las entidades por los depósitos ha caído mucho más rápido que los intereses

La banca siempre gana Andreu Dalmau

Del mismo modo que las gasolineras suelen repercutir inmediatamente en sus precios las subidas del petróleo mientras que las bajadas tardan semanas en llegar, también la banca tiene un ritmo muy distinto a la hora de reflejar las caídas de los tipos que se producen en los mercados según se trate de los intereses que abona por sus depósitos o de los que cobra por sus créditos. A pesar de las ofertas y los anuncios con que el sector bombardea a sus clientes en los últimos meses, lo cierto es que el precio de los préstamos ha caído mucho menos y mucho más lentamente que la rentabilidad de las imposiciones, lo que ha contribuido a sanear los balances de las entidades pero a costa del bolsillo de los consumidores.

Así lo muestran claramente los datos que ofrece el Banco de España sobre los precios e intereses de las nuevas operaciones que se registran en el sector cada mes. Desde que en el verano de 2012 la intervención decidida del presidente del BCE permitió frenar la escalada de la prima de riesgo -y, por tanto, de los costes de financiación de las entidades-, la remuneración media de los depósitos a plazo para particulares se ha desplomado 2,4 puntos, al pasar del 2,83% al irrisorio 0,42% que el pasado mes de julio ofrecían los bancos de promedio a sus clientes, aunque tampoco es extraño se reduzca incluso hasta el 0,15% en algunos casos.

Mientras, el TAE de los créditos para las pymes sólo ha bajado en 1,63 puntos en el mismo periodo (del 5,35% al 3,7%), el de las hipotecas apenas ha caído medio punto (del 2,93% al 2,43%) y en los créditos al consumo incluso ha aumentado, al pasar del 8,31% con que cerró 2012 al 9,05% actual. Eso sí, en la publicidad los clientes podrán ver cifras algo más reducidas porque los bancos suelen anunciar los tipos de interés nominal sin incluir las comisiones, que sí se reflejan en el precio final que contabiliza el TAE.

Pero, además, si en el caso de la rentabilidad de los ahorros la palabras de Mario Draghi surtieron efecto casi de inmediato, en los créditos las bajadas tardaron más en llegar y sólo han empezado a tomar velocidad en los últimos meses, cuando parece haberse reactivado la competencia en el sector, al menos aparentemente.

Un «descuadre» que, según el catedrático de Análisis Económico y director adjunto del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, Joaquín Maudos, se debe al diferente plazo de estas operaciones -los depósitos suelen contratarse a un año o menos y los préstamos por varios ejercicios-, pero que también ha sido clave para mejorar la rentabilidad del sector tras la caída del negocio provocada por la crisis y la cuantiosas provisiones que han tenido que realizar por el aumento de la morosidad.

De esta forma, la gran mayoría de los bancos españoles destacaba en sus presentaciones de resultados del semestre pasado la significativa mejora de su margen de intereses -la diferencia entre lo que les cuesta conseguir el dinero de sus clientes o de los mercados y lo que reciben por sus préstamos-; un incremento que en el caso de CaixaBank alcanzaba el 12,6%; en el BBVA el 18,8%; o en el Sabadell el 20,7%.

Eso sí, Maudos cree que esta situación va a cambiar significativamente en los próximos meses: «Es muy difícil que los depósitos caigan más pero los créditos sí que seguirán abaratándose y eso va a poner en apuros algunos», señala el experto. Lo previsible es que intenten compensarlo «con nuevas reducciones de costes -lo que apunta hacia posibles fusiones entre la banca mediana- y con más comisiones», asegura Maudos.

Menos competencia

Para algunos expertos, como el director editorial de iAhorro.com, Pau Monserrat, es precisamente la importante reducción del número de entidades que ya se ha producido en España uno de los factores que más a contribuido a este desigual comportamiento entre la evolución de la retribución del ahorro y el precio del crédito. «El mercado bancario siempre ha sido un oligopolio y con la reestructuración se ha reforzado aún más esta situación. Hay menos competencia y, además, la poca que hay, se intenta limitar», asegura Monserrat, que pone como ejemplo la nueva comisión que los grandes han tratado de imponer por la retirada de dinero en sus cajeros a los clientes de otras entidades. Un misil directo a la línea de flotación de entidades como ING o Evo Banco, que suelen ser los que tiran de los tipos a la baja.

El experto también llama la atención sobre las dificultades que existen para comparar las ofertas de créditos personales y las trabas que suelen encontrarse quienes lo intentan. «Si tu banco no te da el crédito, difícilmente te lo va a dar otra entidad porque no se va a fiar. Saben que estás atado y se aprovechan, por eso los préstamos al consumo son tan caros», apunta. Y es que, aunque la media de las nuevas operaciones ya se sitúa en niveles escandalosamente elevados -en el 9,05%, según el Banco de España, en contraste con el 0,05% al que las entidades pueden conseguir el dinero en el BCE-, no es infrecuente que este tipo de operaciones superen el 10% o, incluso, el 13%, de acuerdo con los datos recopilados por iAhorro.com.

En el caso de los préstamos empresariales el «oscurantismo» es aún mayor, según Pau Monserrat, y el conseguir una buena oferta depende mucho de la habilidad de cada cliente. Eso sí, aquí la competencia parece que funciona mejor y la caída de los tipos -sobre todo en el caso de los créditos a las pymes- está siendo mayor que en el caso de las operaciones dirigidas a particulares.

En cualquier caso, lo que sí descartan tanto los expertos consultados, como en el propio sector, es que se reactive la lucha por captar depósitos. Y será muy difícil que esta situación cambie mientras siga existiendo la actual liquidez en los mercados internacionales, donde el Tesoro español, por ejemplo, es capaz de financiarse al 0% o incluso con tasas negativas, una situación que Joaquín Maudos descarta que llegue a producirse en el caso de los depósitos.

Al respecto, resulta extremadamente llamativo que nadie haya seguido al líder del mercado, el Santander, en su iniciativa de la «Cuenta 1, 2, 3», en la que ofrece hasta un 3% de remuneración, eso sí, bajo determinadas condiciones y únicamente para los primeros 15.000 euros. Un producto que, en realidad, lo que intenta es vincular al cliente y captar nóminas más que atraer grandes cantidades de pasivo, que el banco presidido por Ana Botín no necesita en absoluto.

La consecuencia directa de este desplome de la rentabilidad es que muchos ciudadanos están retirando su dinero de los depósitos a plazo ya que no les compensa tener el dinero bloqueado a cambio de los intereses que consiguen. En la provincia de Alicante, los ahorradores han sacado de este tipo de productos más de 5.000 millones de euros en el último año, de los que 1.567 se han retirado solo en el último trimestre, una cantidad sin precedentes en la serie histórica que ofrece la base de datos del Banco de España.

Fondos e hipotecas

El problema es que los ahorradores no tienen demasiadas opciones para sacar partido a su dinero en estos momentos, lo que provoca que una parte importante de ese dinero siga en el banco, aunque en cuentas corrientes sin remunerar. Por ejemplo, de los citados 1.567 millones que salieron de los depósitos entre abril y junio, más de 900 están en las libretas de esos mismos clientes.

Las otras dos grandes alternativas son los fondos de inversión, que se están poniendo las botas con esta situación, y la amortización anticipada de deuda. Es decir, de la hipoteca. Así se explica que, a pesar de la mayor concesión de préstamos en los últimos meses, el saldo total siga en caída libre, ya que las nuevas contrataciones no son capaces de cubrir las cancelaciones. Lo que se denomina como «saldo vivo de los créditos» -el total de dinero que particulares y empresas deben a las entidades- se ha reducido en casi 4.000 millones en el último año. Tampoco es mal negocio para las entidades ya que arrastran un problema de rentabilidad con muchas de las hipotecas concedidas durante la época del «boom» con diferenciales demasiado bajos. La banca vuelve a ganar.

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