EFE
El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), que agrupa a más de 380 instituciones de todo el mundo, había pronosticado en enero un crecimiento negativo del 1,1 por ciento.
Ante el rápido deterioro de la situación, el grupo solicitó esfuerzos "redoblados" para capear la crisis en una carta abierta al primer ministro británico, Gordon Brown, anfitrión de la cumbre de los titulares de Economía y Finanzas del G-20 que se celebra hoy y mañana en Londres.
"Los líderes de las mayores economías mundiales deben redoblar sus esfuerzos para estabilizar los mercados financieros y detener la fuerte y sincronizada caída en la actividad económica global", señala la carta.
La misiva destaca que sanear los balances bancarios puede ser caro, pero no hacer nada tendría un coste aún mayor.
El IIF dijo respaldar la creación del que denominó como un "mal banco" que adquiera los activos tóxicos de los balances bancarios, aunque reconoció que hay asuntos espinosos, como determinar cuánto pagar por esos activos y cuál sería la factura que tendrían que asumir los contribuyentes.
La organización dijo creer que esa propuesta es aplicable principalmente en Estados Unidos.
Charles Dallara, director ejecutivo del IIF, negó que una iniciativa de ese tipo implicase pedir a los contribuyentes que asuman la factura por las prácticas irresponsables de los bancos, culpables en gran medida del actual desbarajuste mundial.
"Como dijo el presidente Obama no se trata de ayudar a los bancos, sino de ayudar a la gente", explicó Dallara en una rueda de prensa. "Resulta crucial que se adopten medidas urgentes y directas para sanear los balances de activos tóxicos", insistió.
La asociación pidió incrementar en, al menos, 500.000 millones de dólares (unos 387.300 millones de euros) las líneas de crédito que un grupo de gobiernos extienden al Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que triplicaría sus recursos.
Dallara dijo que esa medida debe adoptarse con celeridad y que otros debates, como la reforma de la institución para dar más peso a las economías emergentes en sus órganos directivos, pueden dejarse para más adelante.
Los banqueros creen, al igual que la Casa Blanca, que los países desarrollados deben de apostar por medidas de estímulo adicionales para incrementar la demanda agregada y consideran que podría ser necesaria una política monetaria todavía más expansiva.
En líneas generales, el grupo identificó cinco áreas en las que deberían de actuar los líderes del G-20: política monetaria y fiscal, eliminación de activos tóxicos, la lucha contra el proteccionismo, el respaldo a las economías emergentes y un esfuerzo coordinado a nivel internacional para reformar las regulaciones financieras.
La organización, que cree que echar una mano a los países emergentes redunda en interés de los desarrollados, apuntó que la contracción en el mundo emergente puede alcanzar el dos por ciento este año, lo que, según los cálculos del grupo, implicaría una destrucción de más de 100.000 puestos de trabajo diarios.
El IIF pronosticó también que la economía de América Latina se contraerá un 0,3 por ciento este año y alertó que la región se está adentrando en un "periodo muy difícil".
Los últimos estudios del centro, divulgados en enero, preveían un crecimiento del 0,5 por ciento en la zona para este año. Dallara mencionó que una de las principales causas del deterioro es la fuerte caída en los precios de las materias primas.
Aparte del impacto negativo de este factor, también destacó que una de las preocupaciones del IIF, a corto plazo, está relacionada con las dificultades de las compañías latinoamericanas para acceder a los mercados de capitales, para lo que confió en un mayor apoyo de las organizaciones multilaterales.