R. CARRIZOSA
Un importante grupo de trabajadores de la tabaquera Altadis se alternaron ayer durante diez horas -según los turnos de trabajo en la fábrica- para trasladar al centro neurálgico de la ciudad de Alicante, frente a la Subdelegación del Gobierno, la amenaza laboral que arrastran desde junio, tras el cierre anunciado para 2009 por la multinacional Británica Imperial Tobacco y que supone el despido de 338 trabajadores. Tras las primeras protestas y de la huelga de hace dos meses, la plantilla considera que los apoyos recibidos, con mociones en el Ayuntamiento de Alicante y las Cortes Valencianas, "son gestos que satisfacen, pero ahora hay que pasar a las soluciones, a plasmar los compromisos y a las ayudas reales y un plan de empleo", según manifestó el presidente del comité de empresa, Ángel de Francisco.
El primer escenario de la movilización de ayer fue la plaza de La Montañeta. A las diez de la mañana instalaron simbólicamente algunas tiendas de campaña, intentando trasladar físicamente el mensaje de su pancarta "Nos echan de nuestra casa y no queremos irnos". Jubilados de la tabaquera, trabajadores actuales y familiares de empleados y cigarreras se fueron sumando a la protesta.
Sara y Rosalina son consuegras. Sus hijos trabajan "en Tabacalera", aún utilizan la antigua y más conocida denominación de la emblemática fábrica en Alicante. El hijo de Sara, con 33 años, es de los trabajadores "trasladables" a otras plantas: Logroño o Santander, tras el cierre. "Está soltero y le estamos ayudando a pagar la casa porque la cuota es muy alta". El problema se agravará cuando se haga efectivo el traslado "porque la casa no la puede vender todavía por las ayudas". Junto con Rosalina y otros familiares hacía corrillo en la plaza, donde se encontraban los trabajadores, algunos aprovechando la hora del almuerzo tomando la tradicional coca amb tonyina.
El hijo de Rosalina, de 31 años, también trabaja en Altadis y está casado con una hija de Sara. "Pero mi hijo no se va a ir porque su mujer tiene un trabajo fijo aquí. Si se fuera sería irse a la aventura porque ¿quién te dice que en unos años no cierra también la planta donde vayan? Aquí están en una fábrica nueva, de sólo seis años y mira", se lamentaba Rosalina.
"Más lejos de mi tierra"
Cerca de ellas se encontraba, muy nerviosa, María Antonia, una malagueña de 50 años que hace seis años llegó a la fábrica de Alicante procedente de la ciudad andaluza por el desmantelamiento de la tabaquera. "Y ahora como no llego a la edad de prejubilación -52 años- me tendría que volver a trasladar. Entonces nos dijeron que aquí nos jubilaríamos... Cada día me veo más lejos de mi tierra". Su marido, también trabaja en la factoría de Las Atalayas, pero puede acogerse a la prejubilación al superar de corte. "Se vendría conmigo si me tengo que ir, pero es que aquí ya tenemos nuestra vida y nuestra casa y ahora mira", expresión que comparte con otros trasladados y con aquéllos que, como ella, rondan los 50 años y no podrán acceder a la prejubilación cuando se cierre planta en 2009.
Alrededor de una veintena de empleados se encuentra en esta situación, por lo que una de las reivindicaciones que se pondrán sobre la mesa de negociación con la empresa es la de rebajar la edad de prejubilación "para evitar separaciones familiares y dobles y hasta triples traslados", indicó el secretario del comité Antoni Gómez.
Durante la protesta, que estaba previsto que durara hasta las ocho de la tarde, los trabajadores siguieron recogiendo firmas de apoyo entre los ciudadanos que se acercaban a conocer el motivo de la concentración.