R. C.
Cercano a los sesenta años, José de la Casa sigue defendiendo la vigencia del sindicato de clase, aun en el siglo XXI. La realidad cree que le da la razón para mantenerse en sus trece. El pasado jueves, en su despedida en el congreso instaba a sus compañeros a luchar por defender los derechos de los trabajadores inmigrantes e integrarlos en la acción del sindicato "porque ellos son los nuevos proletarios del siglo XXI". El movimiento obrero tiene ya más de siglo y medio de recorrido. Pero para el que ha sido durante diecisiete años dirigente de CC OO en la comarca de l´Alacantí -luego unificada con la de Les Marines- pese a lo aparentemente obsoleto del término, el concepto sigue vivo o, acaso, renovado, si la acción sindical tiene que enfrentarse a los problemas de cada época. Sobre todo en la medida en que las desigualdades, la discriminación, la precariedad y la explotación de los trabajadores no se ha erradicado, pese a los importantes logros y avances conseguidos.
En los últimos años el terreno donde más retórica ha empleado y más a gusto se ha sentido reivindicando ha sido el de la actividad inmobiliara, sector que conoce bien, ya que representó casi su bautismo sindical con las huelgas de los ochenta. Al mismo tiempo que denuncia la especulación se ilusiona con la cooperativa de su sindicato para dar "casas dignas" a los trabajadores por debajo de los precios desorbitantes del mercado. Un nuevo modelo productivo y el reforzamiento industrial y la lucha contra el paro forman parte de sus últimas reivindicaciones.
Se va de la dirección, con un 97% de apoyo a su última gestión. Pero antes libró otras batallas internas. Los críticos son ahora una minoría testimonial en el sindicato. De carácter fuerte, a veces hasta impositivo, el convencimiento de la negociación y el diálogo, le vence. Es "amante" de la política y de los cotilleos políticos. Tiene opinión, criterio, discurso y un sentido clásico de la dignidad del trabajador y de los valores de la persona.