Reportaje. "De mayor quiero ser torero"
POR MAGALÍ FERNÁNDEZ
El 21 de julio de 2008 María Serra logró que sus padres levantaran el veto a sus peticiones y comenzó su carrera como torera. Lleva desde pequeña viendo corridas y asegura que su mayor motivación es "llegar a lo más alto" y "pegar un muletazo". Al igual que ella, uno tras otro, chicos y chicas, adolescentes todos, califican como "único e incomparable" el sentimiento que experimentan al salir al ruedo y enfrentar a un novillo. Tienen entre 15 y 20 años y algunos llevan más de una década dedicados a un mundo que aunque para muchos resulta incomprensible, para ellos representa toda su vida y su pasión. Tres veces por semana entrenan algo más de dos horas al ocaso de la tarde, frente a la plaza vacía que realza cada movimiento que Borja, María, Álvaro, Vanessa, Raúl o Alejandra ensayan con el carretón, un armazón con ruedas que reproduce la figura del toro y su embestida.
Venidos desde distintos rincones de la provincia, 25 aprendices de toreros encontraron en la escuela taurina municipal el camino para lograr un sueño, que confiesan duro, complicado y casi imposible pero al que no piensan renunciar, "aunque ya no tengan fuerzas", como declara decida otra vez María. En ese ferviente deseo se haya el valor que necesitan para plantar cara al animal y expresar su arte: "Miedo no, sobre todo responsabilidad, porque te juegas seguir en algo que quieres conseguir y por ello tienes que quedar bien", comenta Álvaro, el mayor de la cuadrilla con 20 años y estudiante de publicidad en la Universidad de Alicante. "Cuando salgo a la plaza siento las ganas de triunfar y cortar orejas, que me conozcan y que algún día pueda salir por la puerta de la plaza a hombros", afirma Borja Álvarez, quien participará en la primera novillada de la feria de Hogueras, el próximo 17 de junio.
Como nuevos exponentes del toreo de la provincia, los seis alumnos defienden su arte ante quienes, según ellos "critican sin conocerlo", algo que les resulta inaceptable. De la misma manera lo hacen sus profesores: "Siempre ha habido detractores, en todas las épocas y es respetable, pero lo fiesta no acabará porque es algo diferente a cualquier otra cosa", asegura Antonio Rondeño, director de la escuela. Desde una perspectiva menos romántica, el más experimentado de los profesores, Luis Valero "El Germi" apunta que "nunca podrán prohibir la fiesta porque es un negocio para mucha gente". La convivencia de años, el respeto y el gran compromiso que asumen son los valores que muestran estos jóvenes que eligen dominar a una bestia en vez de practicar deportes más convencionales o seguros como el fútbol, el ballet o el baloncesto.
"Para mi el toreo es todo, y aunque lleve casi 12 años entrenando aún me queda mucho por mejorar", asegura Vanessa Da Costa, quien decidió siendo una niña su profesión, jugando con su madre en la cocina de su casa. Así, empezó su carrera cuando sólo contaba con 5 años de edad en Portugal. Hoy hace otros siete que dedica sus tardes al toreo en Alicante. "Intento que esto sea mi futuro, pero si no lo logro espero ser una buena aficionada y estar siempre en este mundo".
LA ESTOCADA FEMENINA
La típica concepción machista del mundo taurino desaparece en las clases de la plaza de Alicante. Y, aunque chicos y chicas admiten que entre ellos la discriminación no existe, tanto Vanessa como María saben las dificultades añadidas que se le presentan a una mujer cuando quiere introducirse en un ambiente tradicionalmente masculino. "A las alumnas se les da el mismo trato que al resto de los chicos, ahora bien, cierto es que la constitución física a la hora de torear es fundamental y en ese punto el hombre quizás esté mejor preparado", afirma Rondeño, quien de todas maneras se apresura en subrayar que el día en que una mujer triunfe no está lejos y que ese momento será una auténtica revolución, que "quizás haga más atractivo el espectáculo". En este sentido, María recuerda que ya existen figuras femeninas que abren el camino, tales como Cristina Sánchez, Mari Luz Vega o Condi Ríos.
La mayoría aplastante de los alumnos es masculina, sin embargo, las tres pequeñas mujeres que completan el grupo marcan el paso y hablan sin el complejo de seguridad varonil. "Todo el mundo tiene miedo, el que no lo diga miente", asegura Vanessa. Borja, por el contrario, encaja una respuesta más sobria: "Al ver las cornadas de las últimas semanas se me ponen los pelos de punta, pero es lo que hay, todos sabemos a los que nos exponemos cuando toreamos". Álvaro en este aspecto tiene un poco más de experiencia, ya que al comienzo de la temporada se quebró el húmero toreando, pero, lejos de desarrollar algún tipo de fobia, lo que más le molestaba era no poder volver a la arena y perderse las oportunidades de torear durante todo el verano.
Si bien la gran mayoría de las estrellas taurinas no recibió las disciplinadas clases que brinda la escuela municipal, los alumnos no se cansan de señalar la importancia de los entrenamientos. "En dos años sólo he faltado dos veces y si no vienes una semana se nota muchísimo", afirma María. No obstante, Raúl Bravo representa la excepción a esta regla y con tan sólo un año en la escuela ya destaca. "Por ahora es un hobby porque tengo que estudiar pero luego pienso tomármelo mucho más en serio". Precisamente una de las condiciones que impone el Ayuntamiento para que los jóvenes puedan torear radica en no descuidar los estudios propios de su edad fuera del mundo taurino. De esta manera, los alumnos deben presentar sus notas del colegio o instituto trimestralmente para asegurar que no descuidan su formación. Otro de los requisitos imprescindibles es tener el empadronamiento en Alicante y haber cumplido los nueve años.
El caso de Alex
Tachaba día a día los números en el calendario hasta hace dos semanas, cuando por fin dejaba atrás los ocho años que le impedían realizar los trámites oportunos para formar parte de la escuela taurina y trasladar su entrenamiento desde el salón de su casa a la arena. Alex pronuncia unas pocas palabras y entre vergonzosas risas dice que quiere ser torero "porque le gusta" y cita como ídolo a José Tomás. La afición de este niño, que en poco tiempo será el querubín de la escuela, nace de la pasión de su padre que le enseñó qué era una plaza y lo llevó a conocer a "los más grandes". Así, Vicente apunta que su hijo le pide en vacaciones visitar las ferias más esperadas por los taurinos y que comenta y se emociona cuando juntos disfrutan una lidia, novillada o una corrida.
La educación se imparte según las aptitudes de los alumnos. De la A a la C, los tres grupos van desde los más avanzados hasta los que acaban de empezar o aún no han desarrollado las destrezas suficientes para enfrentarse periódicamente a un becerro o novillo. "Las condiciones de los alumnos no se ven enseguida pero si se van descubriendo cuando observas que un chaval aprende rápido y en el momento en que se enfrentan al animal expresa el sentimiento que llevan dentro", explica el director. Con la brevedad y exactitud que aportan 40 años como profesor, Germi declara que "si dudas delante del toro ya no vales". Por otro lado, el estilo al salir al ruedo es uno de los aspectos que los profesores intentan no modificar, ya que imprime la personalidad de un torero. "Nosotros le enseñamos la técnica básica para llevar a un animal y motivamos aquellos aspectos que más destacan en un alumno al torear"
Alex pronto será la última incorporación del conjunto C, grupo en el que hoy entrena Alejandra Romero, unos 8 años mayor que él. Con una sonrisa siempre en los labios no logra reunir las palabras exactas para explicar como se siente cuando le toca realizar las clases prácticas: "Cuando toreo no siento miedo, sólo pienso en hacerlo bien, no oigo al público y los profesores se enfadan porque no les hago caso". Consciente de las dificultades inherentes al mundo taurino, pero con la energía que la caracteriza exclama que hoy por hoy, mujeres y hombres lo tienen igual de difícil. Aunque no piensa en el futuro sino que disfruta de los entrenamientos, "de lo que más le gusta hacer".
El sufrimiento paterno
"Me pongo mala, me dan ganas de dejarlo todo e irme corriendo". Así se siente Conchi cada vez que su hija se planta delante de un animal, aunque a pesar ello se adhiere al asiento de la plaza para demostrarle a Alejandra que goza de todo su apoyo. "Nunca pensé que iba a dedicarse a torear, pero dado que es una niña muy inquieta, curiosa y que le atraen ambientes donde uno sabe lo quiere, donde todo está establecido, supongo que le llenará y por ello cuenta conmigo, aunque no esté de acuerdo". Francisco, marido de Conchi, comparte los miedos naturales de cualquier padre al ver que su hijo puede sufrir algún daño, no obstante confiesa que la primera vez que vio a Alejandra torear y el público coreo cuatro "olés" se le llenaron los ojos de lágrimas.
"Nunca dejas de aprender, puedes ser el más viejo y seguir descubriendo cosas", declara María, con la humildad que envuelve sus palabras y las de sus compañeros, aspecto fundamental para lograr un sueño que al igual que cualquier otro exige constancia, esfuerzo y seguridad en un mismo.