Radiografía de la nobleza en la provincia

Así son los nobles alicantinos

Aunque resulte anacrónico hablar de la nobleza en pleno siglo XXI, lo cierto es que sigue existiendo

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La provincia de Alicante cuenta con una nutrida representación nobiliaria, encabezada por María Teresa de Rojas y Roca de Togores, la condesa de Casa Rojas. Pero hay más.

POR BORJA CAMPOY Los apellidos Rojas y Roca de Togores pertenecen a familias nobles de Alicante, al igual que otros como Pasqual (en sus múltiple vertientes: de Pobil, de Bonanza, de Riquelme...), Lacy o Soler de Cornellá. La condesa de Casa Rojas, además de los títulos que ostenta, está casada con un miembro de la familia Borbón, el diplomático e instructor de embajadores Alfonso de Borbón y de Caralt, marqués de Squilache. Aparte de ser condesa de Casa Rojas, María Teresa también era marquesa del Bosch de Arés, marquesa de Beniel y condesa de Torrellano, títulos que delegó en sus hijas María José, Ana Isabel y María Leticia a mediados de los noventa. Al igual que muchos otros nobles de origen alicantino, como el marqués de Algorfa, el barón de Finestrat o el marqués de Rafal, María Teresa reside fuera de la provincia, aunque sigue manteniendo vínculos con Alicante y conserva propiedades en la zona.
Acercarse a la nobleza alicantina no es una tarea fácil. No existe ninguna sociedad ni colectivo que englobe a los nobles como tal. Se trata de un grupo reservado y hermético. Por una parte quieren preservar su anonimato. Por otra, no les gusta hablar de un asunto que da pie a la broma. "Es un tema que la gente ridiculiza, pero a todos les gustaría ser nobles", comenta Rosario de Rojas, quien prefiere no extenderse más sobre su linaje. La mayoría se queja de que les acusan de ser personas con una mentalidad más próxima al siglo XIX que al XXI. La imagen que se desprende de ellos en los medios de comunicación tampoco ayuda mucho, teniendo en cuenta que su representante más popular es la duquesa de Alba, personaje caricaturizado hasta la saciedad por la prensa del corazón. El caso de Cayetana de Alba levanta posturas encontradas entre los nobles alicantinos. Hay desde los que se declaran "seguidores incondicionales" de ella hasta los que piensan que "ha perdido la cabeza".
Una vez que acceden a hablar, lo primero que quieren es desterrar el halo de frivolidad que les rodea. "Somos iguales que los demás", espeta Bernardino Roca de Togores, maestrante de la Real Maestranza de Caballería de Valencia, comendador de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, justicia de la Sagrada y Militar Orden Costantina de San Jorge y caballero del Real Estamento Militar del Principado de Gerona. También rechazan que tengan cualquier tipo de beneficio derivado de su condición de nobles. Al contrario, casi encuentran más inconvenientes que ventajas en el hecho de pertenecer a la nobleza. "Somos un grupo sin privilegios, no tiene mayor importancia ser noble", comenta Pilar Poveda, presidenta de la Sociedad de Conciertos de Alicante, que pertenece a la familia Pasqual de Bonanza aunque no alardea de ello. "Es un tema que no hago público, ni siquiera a amigas de toda la vida. Alguna va a pensar que he perdido la cabeza a mi edad por contarlo ahora en un medio de comunicación".
La mayoría de los nobles de Alicante se dedica a profesiones liberales (abogados, médicos, ingenieros...). Es el caso de algunos miembros de la familia Lacy. Salvador de Lacy y Arberola, actual marqués de Lacy, ha ejercido de abogado en la provincia durante más de cincuenta años. Algunos de sus seis hijos desempeñan actualmente la misma profesión que su padre. Entre ellos, el primogénito, Salvador, que heredará el título de marqués de Lacy. Los títulos nobiliarios se trasmiten por herencia y recaen en el hijo mayor, independientemente de que sea hombre o mujer. En este sentido es conocido el caso de Natalia Figueroa, esposa del cantante Raphael. Figueroa pleiteó con su hermano menor Agustín por el marquesado de Santo Floro hasta que el Tribunal Supremo le dio la razón. Por lo tanto, primogenitura, donde ya no predomina el sexo, y disposición testamentaria determinan la sucesión. En cuanto a los bienes patrimoniales, se intenta que permanezcan unidos.
"La única diferencia con el resto de los mortales es que sus antepasados realizaron una labor importante, de la que quedó documentación", razona Ramón Baldaquí, catedrático de Historia Medieval, Moderna y Ciencias y técnicas historiográficas de la Universidad de Alicante. "Aparte de un valor histórico y un cariño especial a determinados episodios de tu pasado familiar, no te aporta nada más", añade el abogado ilicitano Ricardo Seller y Roca de Togores, descendiente del marqués de Torre-Pacheco por parte materna. Seller considera que existen tres tipos de nobles: "los que se siguen creyendo algo, que son la minoría; los que quieren saber el origen de su familia y su apellido, que son la mayoría; y una tercera vía compuesta por personas que llevan muy a gala sus títulos nobiliarios sin ofender a nadie". Salvador Lacy opina que el hecho de ser noble "tiene muy poco relieve y valor, sobre todo a nivel económico". Para él, la nobleza supone "apego por la tradición, por saber quién es tu familia y por conservar un nombre. También orgullo por tu apellido. Aparte de esto, no te da nada más, ni un céntimo".

EL SENTIDO DE LA NOBLEZA
El mayor debate en torno a la nobleza hoy se centra en su sentido y su relevancia a nivel social. "La gente tiene preocupaciones más importantes a las que prestar atención. La nobleza está bastante difuminada, pero tiene que existir siempre porque es más que historia y recuerdo. Las circunstancias no son las más adecuadas ahora, no hay un ambiente propicio para que se dé en este tiempo. Pero aunque pueda parecer que está en declive, la nobleza nunca desaparecerá", resume Joaquín de Rojas, miembro de la familia Rojas, descendientes del conde de Casa Rojas. Joaquín vive en un edificio propiedad de su familia situado en la céntrica avenida de Alfonso el Sabio. El asunto familiar tiene mucha importancia dentro de la nobleza, ya que, en mayor o menor grado, casi todos los nobles alicantinos tienen vínculos de sangre, pertenecen a las mismas familias.
Es difícil hablar de un estamento que en la práctica no existe. Lo habitual es que se utilicen términos como "declive" o "decadencia" para referirse a él. Aunque estos adjetivos no se emplean de forma peyorativa. "Se puede hablar de decadencia en un sentido positivo para la sociedad y para la propia nobleza. Más que el brillo de un apellido, lo que queda es el compromiso, la entrega a los demás, el sacrificio por la patria...", afirma Seller. Ser hoy en día noble no supone "nada", coinciden todos los entrevistados. "Mi vida es igual que la de cualquiera, ni pago por ser noble ni tengo privilegios. Lo que importa es el artículo 14 de la Constitución, que nos equipara a todos ante la ley", apostilla Seller.
Igual que coinciden en que su condición de nobles no les aporta un estatus especial, también lo hacen al señalar que la educación que reciben difiere de la del resto. "Se trata de guardar la tradición, respetar y vivir con honor la herencia que hemos recibido. La nobleza dignifica a la persona, pero la persona también tiene que dignificar a la nobleza", manifiesta Bernardino Roca de Togores.

EL VALOR DE UNA TAREA
Mantener el patrimonio es una de las tareas de los nobles. La conservación de edificios, torres o fincas ha revertido a la largo de la historia en favor de la sociedad, sobre todo gracias a los ingresos derivados del turismo cultural. "Mantener el patrimonio no reporta beneficios a los nobles. Al contrario, nos genera gastos. Tenemos que pagar impuestos como todo el mundo. Lo que sí que nos da es la dignidad y el honor de mantenerlo con decoro", afirma Roca de Togores. Lo habitual con los bienes patrimoniales ligados a un apellido es que a la hora de heredar no se divida entre todos los descendientes para evitar que se desmembre o se separen archivos históricos que deben permanecer unidos. Para lograr este propósito se recurre a figuras jurídicas como las fundaciones.
Un claro ejemplo de conservación patrimonial es la Torre Bonanza, una de las fortificaciones de la Huerta, situada en Sant Joan. Se trata de una preciosa construcción del siglo XIII. Desde la torre, de planta cuadrada, se observa una completa panorámica de Alicante, desde el castillo de Santa Bárbara hasta la playa de San Juan. La torre ha sido restaurada recientemente, recuperando parte de su aspecto original. En su fachada se encuentra el escudo nobiliario de la familia Pasqual de Bonanza. La casa es el orgullo de su actual propietaria, Pilar Poveda. Para heredar el inmueble, Poveda tuvo que ganar en "cara o cruz" a su hermano.
"Pensé que tenía que hacer sacrificios por esta casa. Han sido 30 años de obras cuando mi economía me lo ha permitido. La casa durará mucho más que yo, así que pienso que he cumplido con una de mis obligaciones: mantener el patrimonio. Lo que heredamos es para transmitirlo a la siguiente generación. Lo que no se puede hacer es despilfarrar el sacrificio de otras personas. La Torre Bonanza es un bien cultural para la provincia. Alicante podría tener un atractivo turístico mucho mayor, pero la mitad de las torres se han perdido. No es fácil conservarlas, supone mucho esfuerzo y dedicación. Yo he luchado contra viento y marea por sacar adelante esta casa, pero ahora siento una gran satisfacción", cuenta Poveda.
Sobre los bienes patrimoniales pertenecientes a la nobleza, Roca de Togores agrega que "hay familias que siguen conservando la mayoría de sus bienes. Los nobles han sabido mantener a lo largo de los siglos sus propiedades porque piensan que son el futuro de sus hijos". La residencia habitual de Roca de Togores pertenece a su patrimonio familiar por la rama materna. El edificio, ubicado en la calle San Francisco de Alicante, tiene en su fachada el escudo de armas de su linaje. "También conservamos una casa solariega en Orihuela. Se trata de un palacete que mantenemos con mucho sacrificio. No es lo mismo cuidar un piso que un inmueble de este tipo". Su familia también posee cotos y fincas vitivinícolas en Pinoso y Algueña.
Pese a que hay familias que han transmitido su patrimonio hasta el presente, Seller considera que "son pocos los nobles alicantinos que viven de las rentas. Ahora, la mayor parte del patrimonio está en manos de bancos e intereses empresariales. Algunos se mantienen gracias a sus bienes pero en Alicante no existen grandes propiedades. Muchas se han destinado a otras construcciones".
En cuanto a la crisis económica, la nobleza no se queda al margen. "Nos afecta como a cualquier otro. Sufrimos sus efectos de una forma relativa, sobre todo los que tenemos propiedades. Las rentas nos ayudan mucho. El que vive de un sueldo establecido es posible que lo esté pasando peor. Es como todo, cada uno la padece de forma subjetiva y personal. Es una crisis internacional con repercusión social y todos pretendemos mantener y conservar lo nuestro", declara Roca de Togores.

EL ORIGEN NOBILIARIO
La mayor parte de la nobleza alicantina desciende de las antiguas grandes familias (los Pasqual, los Roca de Togores...) derivadas de la Reconquista de Jaume I. Por lo tanto, los nobles de la zona pertenecen a la vertiente catalano-aragonesa del nobiliario español. En el oeste peninsular la nobleza es de origen astur-leonés. Es importante diferenciar esta nobleza de tipo sanguíneo de las personas que ostentan un título otorgado por el monarca de la época en base a un privilegio real, aunque se pueden dar las dos circustancias (el marquesado de Lacy, por ejemplo). Estos títulos se han ido heredando de padres a hijos hasta nuestros días.También que hay títulos nobiliarios que se conceden unidos con la distinción de Grandeza de España, máximo reconocimiento en la jerarquía nobiliaria. "Ninguno de los títulos que ha otorgado el rey Juan Carlos ha recaído en un alicantino", asegura Roca de Togores desde su posición de miembro de la Real Maestranza de Caballería de Valencia.
En los siglos pasados, la mayor parte de los nombramientos se obtenían por acciones militares. En la actualidad, los pocos títulos que se conceden siguen siendo por méritos destinados al conjunto de la patria, aunque en campos menos sanguinarios, como la política o la cultura. Es el caso de algunos de los personajes más relevantes de la España del siglo XX, como Adolfo Suárez (duque de Suárez), Camilo José Cela (marqués de Iria Flavia) o Antoni Tàpies (marqués de Tàpies).

FUTURO INCIERTO
"La nobleza es una realidad socialmente cierta que ha ido evolucionando con los tiempos y que hoy está abierta a una expectativa dudosa", reflexiona Salvador de Lacy. El marqués cree que "ha tenido una importancia enorme en otros periodos, pero se ha ido desplazando. En un momento de tantos cambios como el actual no se puede prever lo que va a pasar. Lo único cierto es que la nobleza está despojada de todo privilegio". Joaquín de Rojas le secunda. "Ser noble reporta muy poca cosa. Sirve para ponerlo en tu tarjeta de visita y ya está. El que tenga un poco de cabeza asociará su condición de noble únicamente a unas obligaciones morales y sociales". Seller cierra el círculo de opiniones afirmando que "lo que queda de la antigua nobleza alicantina se ha desnaturalizado, aunque conserva cierto prestigio social. Ahora supone la ilusión por mantener un concepto".
Todos señalan que es imposible hablar de un estilo de vida asociado a la nobleza. "La forma de vivir es ordinaria y común", dice Seller. "Estamos rendidos a la realidad. Cada uno tiene un estilo personal. El nuestro es el de una familia que busca la excelencia en una época en la que se repele. Hablar de nobleza ahora es surrealista, no somos personas que vivimos con quince criados. La nobleza la da el comportamiento y la forma de ser", comenta Lacy. Poveda habla de "una vida corriente y normal. Nos inculcan unos valores y el hecho de pertenecer a una familia nos ofrece ciertas garantías sociales, pero nada más". Para Roca de Togores "el noble debe vivir con dignidad y mantener la tradición, respetar lo que sus ancestros le han dejado y transmitirlo. Somos personas que trabajamos, que estamos actualizadas a nuestro tiempo". El catedrático Baldaquí sostiene que "es un reconocimiento a quien ha contribuido con la sociedad".
El concepto de frivolidad está presente en todas las conversaciones. "Hay una especie de deseo de infravalorar y caricaturizar a la nobleza. No tenemos esa frivolidad que nos apuntan desde algunos ámbitos. Es producto de la ignorancia y de no conocer la historia. Ante la sátira nos defendemos con la prudencia", apunta Roca de Togores. "Personas mal dispuestas pueden hacerte daño al reconocer tu apellido. Nos exigen más, no por el hecho de ser nobles, sino porque piensan que lo hemos tenido más fácil", se lamenta Seller. Para criticar a los nobles, en ocasiones se alude al síndrome de la patata, que explica Poveda. "Nos dicen que lo mejor de nosotros se encuentra bajo la tierra, nuestros antepasados. Pero lo que nos han dado no importa, lo que hay que ver son nuestros méritos personales. Lo que recibimos como herencia no es para nosotros, es para transmitirlo. Tenemos que luchar por mantener algo de lo que no vamos a disfrutar". Poveda cita al Quijote de Cervantes como resumen de su sentir. "Hechos de hombres humildes honraron a sus herederos".

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