Entrevista a Cándido Méndez. Secretario general de UGT

´Si no hay acuerdo en la reforma laboral tendríamos que dar explicaciones todos´

Cándido Méndez se mostró cauto esta semana en Alicante sobre el desarrollo de las negociaciones de la reforma laboral, al vivirse unos días claves.

07-06-2010  
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La falta de acuerdo entre los agentes sociales derivaría en una aprobación por decreto del Gobierno y, probablemente, en una convocatoria de huelga general. Méndez insiste en la necesidad de llegar a un pacto.

R. CARRIZOSA Sindicatos y patronal están siendo muy criticados por no llegar a un pacto sobre la reforma laboral, después de muchos meses de negociación. ¿Cree que la ciudadanía entendería una falta de acuerdo en unos momentos tan cruciales para la economía española?
En la búsqueda de un acuerdo, a nosotros nos empuja la defensa de los derechos de los trabajadores, particularmente de jóvenes o parados de larga duración. Los mayores de 45 años son los que se pueden quedar en la cuneta cuando se inicie la recuperación. Pero también nos empuja el enviar un mensaje de confianza a la sociedad española. Me parece incívica la actitud de aquellos que intentan desviar el foco del problema real, que sigue estando en las dificultades de pymes y familias para acceder a los créditos. La solución de los problemas del paro no está en la reforma laboral. Hace falta reestructurar el sistema financiero. Si de la reforma laboral dependiera la creación de empleo, que a nadie le quepa la menor duda de que los sindicatos la hubiéramos firmado hace dos años. De hecho, las cifras de paro de mayo lo ponen de manifiesto porque ha bajado el desempleo y seguimos teniendo el mismo marco laboral. La mejora del desempleo se debe a la actividad económica por la inercia de las políticas públicas que se han puesto en marcha en los últimos meses y que, lamentablemente, el Gobierno ha truncado ahora, con los recortes.
El abaratamiento del despido parece el gran escollo.
La negociación tiene un corredor de contenido. Las organizaciones sindicales no compartimos el hecho de querer hacer más fácil el despido porque lo que se produciría sería un aumento mayor del paro. Por eso planteamos una fórmula que tiene que gravitar sobre dos ejes, que están vinculados. Uno, mejorar la flexibilidad interna de las empresas. Al igual que en otros países, éstas deben buscar fórmulas distintas a la rescisión de contratos para aguantar el envite de la crisis, como una reorganización del trabajo o de horarios, mediante una mayor facilidad en la utilización de los expedientes de reducción de jornada -y éste sería el otro eje- como alternativa a los de extinción de jornada laboral. Ahora, en España los expedientes de reducción de jornada tienen límites y habría que flexibilizarlos por el mínimo y el máximo.
¿Pero hasta ahora han cedido en algo las partes?
Los sindicatos sí, y los que están negociando lo saben. La posición del resto de las partes, la tienen que expresar sus representantes.
Falta una última reunión tripartita este miércoles. ¿Cree que, finalmente, se alcanzará un acuerdo, antes de que la reforma laboral se apruebe por decreto?
Podremos llegar a un acuerdo si concebimos que debe ser útil para la economía real y resolver algunos problemas del mercado laboral, no para taparle la boca a los mercados financieros. Ahora, si de lo que se trata es de pretender enviar un mensaje a estos mercados, estamos hablando de otra cosa. Eso supondría pretender que la reforma laboral fuera el exponente de una devaluación laboral como sustituto a la imposible devaluación de la moneda, dado que estamos en la zona euro. Esto que parece una expresión general es, en realidad, la que define el nervio del problema. Por eso creo que no se trata de un tema concreto, sino de un enfoque general. O nos aproximamos en torno a la defensa de la economía real y no en relación con lo que demanda la economía especulativa o, indudablemente, las dificultades para llegar a un acuerdo son ímprobas.
Si no hay acuerdo, ¿cree que saldrán debilitados tanto la patronal como los sindicatos?
Creo que en este caso el acuerdo tiene mucho valor más allá del contenido. Y por eso pensamos que es muy importante alcanzarlo. Si no fuera así, creo que tendríamos que dar explicaciones a la opinión pública española de por qué no se ha alcanzado un acuerdo. Y estoy convencido de que no seríamos las organizaciones sindicales las que estuviéramos en peor posición a la hora de explicarlo. Esta reflexión, que a nosotros nos preocupa mucho, debería hacerse con mucha profundidad por parte de la patronal.
Y después de la reforma laboral, ¿qué?
Se puede hacer una buena reforma laboral que contribuya a mejorar la calidad del empleo y la productividad de las empresas. Pero no sería la solución para los problemas de la economía. La recuperación del empleo tiene que venir de la mano del crecimiento de la economía. Y éste tiene que venir de la apertura del grifo del crédito para las pymes y familias y de mantener una política, que lamentablemente el Gobierno ha roto, a favor del crecimiento económico y no imponiendo el recorte prematuro del déficit público que -en España y en Europa- nos puede condenar a transitar por la crisis económica con unos niveles muy altos de paro y a lo largo de años. Ese es el riesgo que estamos corriendo y ese riesgo no lo va a resolver la reforma laboral. Ese riesgo se puede conjurar, exclusivamente, a través de recuperar políticas para el crecimiento económico desde el ámbito público y recuperar los flujos de créditos a la economía por parte de las entidades financieras, que no están respondiendo adecuadamente.
Parte de la población dice que no entendería si los sindicatos convocasen ahora una huelga general, ya que no lo hicieron cuando el paro registraba un ritmo imparable.
No se debe incurrir en simplismos. Nosotros hemos desarrollado una política sindical muy responsable. Creemos que la mayoría de la población sabe que el aumento de desempleo no se debe a las rigideces del marco laboral, sino al desplome de la economía. A las pruebas hay que remitirse, con la misma normativa laboral éramos de los países que más empleo creaba en Europa porque había una onda de crecimiento muy fuerte, pero con pies de barro porque estaba basado en el conglomerado inmobiliario y financiero. Esos son los problemas, de estructuras productivas y de tamaño de empresas. Creo que está habiendo una ofensiva de opinión publicada que pretende culpabilizar a los sindicatos y a los trabajadores de los males de la economía, cuando los trabajadores son los que padecen en primera línea los problemas económicos. Con esta culpabilización se pretende poner el foco de la solución en una devaluación general de los costes laborales en nuestro país. Eso sólo conseguiría empobrecer a la ciudadanía. Me parece infamante -lo voy a decir así- aquella parte del discurso que habla de los supuestos privilegios de los trabajadores fijos con los temporales. Me da la impresión de que se quiere crear una especie de enfrentamiento generacional entre los jóvenes y los trabajadores de más edad laboral. Entre los hijos y los padres. Eso es una operación terrible, muy demagógica y muy peligrosa que pretende hacer pasar por víctimas a los que son culpables, que son los poderes financieros en este país.
Algunos piensan que la situación económica está dando la razón a Solbes sobre las medidas a aplicar. El entonces ministro de Economía fue muy criticado por los sindicatos.
No coincido con eso. Estoy convencido de que si se hubieran aplicado los ajustes que él pretendía, el paro sería mayor. Como hubiera bajado la recaudación, el déficit, incluso, podría haber sido de similar tamaño. Probablemente, el déficit en el componente de gasto hubiera aumentado menos, pero sin los estímulos fiscales, el hundimiento de la economía habría sido mayor. Y la "semana negra", que es cuando planteó el Gobierno el plan de ajuste, se debió a un ataque de los mercados financieros al euro, empezando por Grecia y después extendiéndose a todo el arco mediterráneo. En esa "semana negra" si hubiera estado Solbes, probablemente, hubiera adoptado las mismas medidas que planteó el Gobierno. Si se hubieran tomado con mayor antelación, la economía se habría empobrecido más y habría aumentado más el paro.
Usted ha sido uno de los más críticos y contundentes con el plan de ajuste. ¿Se siente decepcionado con el Gobierno Zapatero?
Quizá he utilizado las frases más precisas. A veces, la precisión exige dureza. Lo que he intentado ha sido analizar y definir, tal y como procedía, las consecuencias de la posición del Gobierno. Y he utilizado reflexiones precisas como la "quiebra del discurso" y el "cambio de escenario". Yo me muevo por sentimientos en el ámbito familiar y en el de la amistad. A los gobiernos, más allá de sus signos ideológicos, los califico no desde el sentimiento, sino desde el análisis de su política. En este caso, critico el cambio en la política del Gobierno. Es verdad que ha venido impuesto por las circunstancias internacionales, pero hay otras alternativas. La lucha contra la crisis se podría haber planteado mediante la política fiscal y no con los recortes. Nosotros, que hemos argumentado que el Gobierno tenía una estrategia de lucha contra la crisis económica que -con sus luces, sombras y vacilaciones- estaba contribuyendo a luchar contra esa crisis, a partir del momento en que se aprueba el plan de ajuste, emitimos nuestros juicios.
De la crisis económica parece que en las últimas semanas se está pasando a la crisis política ¿Unas elecciones anticipadas cambiarían la situación económica?
No lo creo. En este momento, ir a un escenario de elecciones anticipadas generaría más problemas de los que dicen aquellos que lo plantean que se podrían resolver. La situación política está complicada por distintos ámbitos. El Gobierno está atravesando una situación muy mala, pero el principal partido de la oposición -que está afectado por un proceso en el que se pretende clarificar uno de los episodios de corrupción más grandes de la historia de la democracia española- no está tampoco en una situación boyante ante la opinión pública. Luego están los diversos problemas en el ámbito de la judicatura. Hay una situación complicada no sólo en el ámbito del Gobierno. Por eso creo que nos atacan a las organizaciones que tenemos más solvencia. Las que hasta este momento hemos demostrado y seguimos demostrando responsabilidad y perspectiva somos las organizaciones sindicales. Sobre la situación interna de la patronal, perdone que no le responda con detalle.
Parece que ahora se muestra muy cauto. ¿No quiere valorar la situación del principal mandatario de la patronal?
Creo que en estos momentos la cautela es necesaria. Es un valor.
¿Y cree que saldremos de ésta?
Naturalmente, pero saldremos antes con recetas distintas, que no pueden ser sacrificar las rentas de las personas, recortar derechos. Para los mercados financieros habría que plantear una estrategia europea de regulación, imponer el impuesto de las transacciones financieras y apostar por el crecimiento de la economía, no por un ajuste drástico del déficit, ya que cada día está más claro que puede condenar a un periodo mayor de crisis.

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