Viviendo peligrosamente

ANDRÉS PEDREÑO

 02:09  
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A la hora de escribir el contenido de este espacio quincenal he tenido dudas de si referirme a cuatro temas bien diferentes. Uno, dedicarlo al genial Jeff Jarvis y a su libro recién traducido al español "Y Google, ¿cómo lo haría?", lectura que recomiendo. Dos, comentar mi experiencia entorno al ElcheBreakfast el jueves de la semana pasada y muy especialmente del potencial del Parque Industrial de Elche (sobre este tema prometo volver). Tres, el tema del futuro de la CAM. Y cuatro, las medidas anunciadas por el Presidente Rodríguez Zapatero. En confianza les diré que este tema más bien me deprime y es, con diferencia, del que menos me apetece hablar, aunque quizás deba darle preferencia por su actualidad y relevancia.
La gravedad de la situación de la economía española parece que obligaría a todos a estar a la altura de las circunstancias. Y parece como si todos estuviéramos empeñados en demostrar lo contrario. He sido muy crítico con los economistas por su incapacidad para diagnosticar la crisis, incluso por avalar un modelo que hacía aguas nacional e internacionalmente. Es pasmosa la pasividad gubernamental, muy especialmente en España, pero no únicamente. Es detestable el oportunismo y demagogia de la oposición en un tema que está llamando a gritos que se le de el tratamiento de "Estado". Y ahora se le suma una postura bastante facilona y tópica por parte de los sindicatos y otros interlocutores, por no hablar del tedio institucional (bastante extenso) o de un escenario mediático que da cuenta de temas anexos nada tranquilizadores. Un cuadro en su conjunto preocupante.
Para empezar pongamos en la mesa más de cuatro millones de parados, la precariedad de empleo de un segmento laboral importante o la delicada situación que viven familias enteras (y muy especialmente el colectivo de inmigrantes), por no hablar de la entidad de la economía oculta. La suma de todo esto no propicia protestas sociales de entidad al Gobierno, ni aparentemente alarma social relevante. Sin embargo, el colectivo más privilegiado, al que pertenezco, concita generosas complicidades y apoyos por la anunciada rebaja de sus remuneraciones.
En realidad, el sector público y la empresa privada definen cada vez más una importantísima brecha entre sus respectivas condiciones sociolaborales que resulta difícil de explicar o justificar, máxime cuando se da la paradoja de que el Estado privatiza servicios públicos tradicionales en aras a la eficiencia (productividad y coste) y discrimina trato y estatus en puestos de trabajo idénticos, equivalentes o similares. De entrada algunas condiciones de los funcionarios son inadmisibles en términos comparativos. En esto la Unión Europea nos define el peor ejemplo.
Otro punto del desasosiego que comparto con ustedes es que más allá de un ajuste de las cuentas públicas impuesto por los mercados financieros, la economía española sigue sin tener un modelo claro que impulse el crecimiento y la generación de empleo. Podemos cuadrar mejor las cuentas con duros reajustes, incrementar nuestra credibilidad internacional, disminuir el coste de nuestro endeudamiento... Pero el problema mayor no está resuelto.
El Presidente del Gobierno debería haber aprovechado esta ocasión para contrarrestar las duras medidas del reajuste, no sólo con las reformas estructurales demandadas, sino con un plan creíble que justificara los sacrificios de los ciudadanos y que nos definiera un marco futuro de confianza para la economía real: inversores, consumidores, empresas, trabajadores... Pero aquí seguimos bastante secos. Falta poner encima las bases para un modelo económico capaz de crecer en un entorno global y capaz de generar empleo. Aquí vuelvo a decir lo de siempre si un país no se obsesiona con la competitividad y los factores que la propician (en un marco donde no determinamos el tipo de cambio), anda en mala dirección. En la escala global la buena imagen, la credibilidad de un país es fundamental. Y es la suma de muchos factores. Algunos aparentemente tienen poco que ver con la economía. En los momentos en los que escribo este artículo el juez Garzón es portada de la edición online del diario económico The Wall Street Journal.
Todo esto me recuerda aquello que nos llegó por medio de un indiscreto micrófono abierto entre Jordi Sevilla y el Presidente Zapatero ante una metedura de pata de este último: "esto se arregla con dos lecciones..." Me temo que tras seis años, la asignatura todavía está bastante verde.

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