Conduciendo el otro día, me topé con un cartel de un club de alterne anunciando algunas de las propuestas del local. Dada la proliferación de estos reclamos, no me hubiera parado a leerlo si no hubiera sido porque en letras enormes, y sobre una artística foto de una rubia de bote tapada con tres estrellitas,ofrecían la celebración de fiestas de divorcio. Pues sí. Parece que la última moda cuando una pareja se rompe es organizar una fiesta como la de despedida de solteros pero al revés, con strippers o boys, mucho alcohol y, sobre todo, juegos destinados a liquidar al sexo opuesto, como disparar dardos contra la foto del ex, o contar ante un micro que, a la hora de la verdad, era más bien torpe. La cosa no queda aquí. Empiezan a sonar los viajes para volver a empezar y las listas de divorcio para amueblar el piso nuevo si te has quedado de patitas en la calle. Por no hablar de las tartas de divorcio que se ofertan por ahí... Por ahí por internet, vamos; que yo al menos aún no he encontrado una tarta en un escaparate con la figurita del novio guillotinado, aunque todo se andará. Estas tartas dan mucho que pensar. Las hay en forma de ataúd; aplastadas, con la figurita de él o ella debajo; con ambos muñequitos tiroteándose; con la figurita de una triunfante novia ante un fallecido y desangrado muñeco masculino; con ella amordazada; con él en el cubo de la basura... Habrá quien vea en esto una frivolidad ante un tema tan serio, pero, ¡venga!, si te deja por una de 20, ¿quién puede criticarte por juntarte con tus amigas para... por ejemplo... clavarle una agujitas a un muñeco sospechosamente parecido a él delante de dos cervezas? o