por Lluís Ruiz Soler
Las jornadas gastronómicas de más envergadura han sido las de Benidorm, con dieciocho restaurantes de la ciudad y uno de su órbita, incluyendo los más reputados: Belvedere, La Falúa, Taíta, Llum de Mar, Ulía o Art a la Cuina. Belvedere, con su deslumbrante ubicación en la planta 21 del hotel Madeira, demostró lo ambicioso de su apuesta tanto en la comida como en la bebida. Al espléndido menú de alta cocina a 35 euros que preparó el chef Pedro Gras -discípulo de Joachim Koerper en el Girasol de Moraira o en el Eleven de Lisboa- se sumó el oficio del sumiller Fermín Román, que ejerce en Belvedere los fines de semana y en el Orfila de Madrid los días laborables. Su demostración de coctelería molecular -un dry martini con una oliva sferificada o un daikiri a base de espuma de limón- fue una de las actividades más sugerentes en la programación de unas jornadas para las que la organización eligió un "modus operandi" y una marca -Benidorm Gastronómico- calcados de los que sus vecinos vileros han desarrollado durante una década. El eslogan "Huerta y Mar" también había sido utilizado antes -en Guardamar, aunque en valenciano- y sin duda encaja en otros lugares mucho mejor que en la ciudad turismo, mundana, universal, cosmopolita, vanguardista, emprendedora y para todos los públicos. Decididamente, una iniciativa de este tipo debe jugar sus mejores bazas, no la primera que le venga a la mano. Otros alicientes fueron el magnífico menú de cocina tradicional de Taita, que cada vez se centra más en las recetas del Benidorm que fue y que inaugurará el próximo sábado su zona de bar, o el maridaje de panes y platos ofrecido en Llum de Mar por Viena La Baguette, pionera madrileña de los panes varietales tan en boga.
Aunque en la órbita de Benidorm -en la de Finestrat onomásticamente y en la de Villajoyosa fiscalmente-, El Moliner no ha participado este año en unas jornadas ni en otras y conmemoró su trigésimo aniversario con una semana de menús a 25 euros protagonizados por sus impecables arroces, además de interesantes catas y presentaciones -sobre todo, de vino- a lo largo del año. El Seis Perlas de El Campello celebró una efemérides similar: 34 años y una semana de menús a 34 euros que, una vez más, tenían el arroz, la ajustada relación calidad-precio y el oficio de Antonio Llorens -colaborador de INFORMACIÓN que vive la gastronomía de forma encomiable, con la pluma de escribidor y también con la chaquetilla de camarero- como principales atractivos. Menos noticias nos han llegado de las jornadas de Santa Pola, pero sabemos que Ostres de la Badia ofreció una degustación de su producto. Algún día, los que en su momento descubrieron que había vino tan bueno y auténtico como el Rioja, y que venía de mucho más cerca -que tenía mucho más que ver con su gente y su gastronomía-, empezarán también a valorarlas.