Reportaje. LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS EN LA PROVINCIA DE ALICANTE (XIX)

Combate desigual en Coll de Rates

07-02-2010  
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Una numerosa caravana de refugiados moriscos fue asaltada en el puerto de la sierra de Carrascal de Parcent por las tropas del mariscal de campo Sancho de Luna

POR GERARDO MUÑOZ LORENTE Al Valle de Laguar (donde vivían, según varios historiadores, unos 900 moriscos, casi tantos como habitantes hay ahora) llegaron a finales de octubre de 1609 varios miles más (alrededor de 20.000), creándose forzosamente problemas de alojamiento y alimentación. Para resolver el primero, nos cuenta Escolano que la "habitacion la hazian en los lugares del valle de Alahuar, y en choças enrramadas de pinos, carrascos, algarrovos, cerezos, y olivos, haviendolos talado todos, sin dexar uno solo en pie"; y ocuparon muchas de las cuevas que había en las montañas.
El segundo problema fue más difícil de resolver, sobre todo cuando acabaron con las provisiones y el ganado que habían llevado consigo. Agua no les faltó hasta los últimos días gracias a las muchas fuentes que había en el valle, pero la comida fue otra cosa. Fonseca describe los robos que en los pueblos vecinos hacían de ganado: "bueyes, carneros, cabras y ovejas, porque bajaban de noche a tropas de los montes donde habitavan (É) entrávanse en los corrales donde estavan los ganados, matavan los pastores y se alçavan con las reses; y noche avía que hurtavan 500 y aun 1.000 cabeças". Pero cuando las tropas mandadas por Agustín Mejía irrumpieron en el valle y los moriscos se vieron obligados a esconderse en las cumbres montañosas, los robos se acabaron y el hambre empezó a azotar a los rebeldes.

En el Coll de Rates
"A 4 de noviembre partió el Maesse de Campo Don Sancho de Luna a meter en Murla el socorro de sus quatro compañias, según la orden que le dio el Maesse de Campo general, que con las que ya estavan hazian suma de seyscientos soldados", escribe Escolano. Después de pedir bastimentos para la tropa reunida en Murla a las autoridades de Benissa, Jávea y Teulada, y a través del duque de Gandía también a las de Oliva, Pego y Gandía, Sancho de Luna fue a reconocer los alrededores de Murla con varios oficiales "y aviendose apeado por la aspereza de la montaña (É) vio baxar por la montaña del carrascal de Parcente (É) grandes tropas de Moriscos de Guadaleste, Xalon, y Tarbena y otros que se havian juntado con ellos, con muchas cargas de ropa, bastimentos y ganados, y estavan Moros en ella, por un camino nuevo que havian hecho para comunicarse con los de Alahuar".
Volvieron De Luna y sus acompañantes a Murla para reunir a doce arcabuceros y partir rápidamente con la idea de vigilar a aquellos moriscos. El paso obligado desde Tárbena hacia Murla y Benichembla por el Carrascal de Parcent es el Coll de Rates (llamado así no por los roedores, sino por una corrupción de raptes -raptos-), y hacia allí fue Sancho de Luna con su poco numerosa tropa. No obstante, De Luna no se encontró frente a un aguerrido ejército, sino ante una caravana de refugiados: "Conocio claro que los Moros q. baxavan no eran todos de guerra, sino mugeres y niños, y bagajes, que en numero de quinientas cavalgaduras havian ydo de Alahuar dos noches antes para traerlos al valle". En esto aparecieron desde Benichembla unos trescientos moriscos que venían a recibir a los refugiados "con dos vanderetes: y aviendo descubierto al Maesse de Campo, le tiraron algunos arcabuzazos". De Luna decidió responder al ataque, recibiendo muy pronto refuerzos desde Murla: "La compañia de arcabuzeros del capitan Garcia del Oyo, que yva de vanguardia (É) tras el el Capitan Diego de Mesa con la mosqueteria, y los capitanes Don Diego Vidal de Blanes, y Don Sebastian de Neyra fuessen con las picas".
Del Corral dice que "el combate fue confuso, sin orden", resultando que los moriscos "se metieron en huyda desbaratadamente por no tener las armas de fuego q. los Christianos", refugiándose en Benichembla. Por ser ya tarde, De Luna no ordenó a sus hombres desalojarlos de allí, conformándose con el botín que suponía la caravana de refugiados, los cuales habían huido abandonando las mulas cargadas con sus posesiones: "Aquí mandô el Maesse de Campo tocar a recoger, y que retirassen todo el bagaje y ropa, que los Moros havian desamparado", dice Escolano, que añade: "Todo el bagaje, que passava de trescientas cavalgaduras cargadas"; mientras que Del Corral denuncia la rapiña a la que se entregaron algunos lugareños: "La gente de Murla y demas del Pais sin atender a lo importante de proseguir la victoria, se ocupo en el robo y desvalixo, causa para los soldados de hazer lo proprio, viendo les usurpaban el premio devido a su trabajo, sin aprovechar reprehensiones, amenaças y castigos de su Maesse de Campo y Capitanes". Este despojo fue visto por los moriscos desde la sierra, quienes indignados y con pretensión de aprovechar el desorden, bajaron "a tomar a la retirada de los nuestros el passo que va de Benichembla a Murla", cuenta Del Corral, pero "como no tenian arcabuzes (É) nos davan crueles cargas de piedras (É) y aun llegavan a pelear con alfanjes y chuzos", puntualiza Escolano. Pero salieron de Murla cien arcabuceros a las órdenes del sargento mayor Giner, obligando a los moriscos a retirarse nuevamente.
En aquel desigual combate de "los Moriscos murieron cosa de treynta entre hombres y mugeres", mientras que "fueron heridos veynte soldados de las piedras".

Plan frustrado y primera negociación
Apenas se retiraron los moriscos a lo alto de la sierra del Caballo Verde, Sancho de Luna proyectó conquistar dicha sierra, para lo cual pidió municiones a Valencia y a Dénia. El objetivo principal era el castillo de Pop, situado en la cima del tercer peñón, el más alto.
Pero he aquí que, temiendo quizás este ataque, los moriscos mandaron una embajada de cinco hombres para negociar una rendición: "propusieron que ellos se havian metido en el valle de Alahuar por malos tratamientos de los Christianos viejos del Reyno: y que estavan puestos para embarcarse como su Majestad lo mandava, con condicion que se les concediesse estarse quedos en el valle, con comunicacion libre para vender sus haziendas, todo el tiempo q. tardassen en yr y venir seys Moros que embiavan a Argel". Sancho de Luna consultó a Agustín Mejía, quien le contestó ordenándole "que no concediesse a los moriscos mas de ocho dias para vender sus haziendas y avisaba que el partía con la gente del Tercio de Sicilia y la de la armada y sería en Murla el 10 de noviembre y en el interin no se intentase nada".
Los moriscos no aceptaron la propuesta que les daba un plazo de ocho días para vender sus bienes y dirigirse a los puertos de embarque. Y Sancho de Luna debió olvidarse del plan que tenía pensado para conquistar el Caballo Verde.
Aquella renuncia al ataque, impuesta por Mejía, fue muy mal recibida por los milicianos que se hallaban en Murla y alrededores, así como por los habitantes de esta villa: "Los Christianos viejos de aquellas comarcas estavan freneticos del espacio con que se procedia con los Moriscos, y con libertad popular dezian a bozes, que Don Agustin Mexia no queria romper la guerra con ellos, por la poca gente que tenia en los Tercios: y que porque fuesse la gloria dellos, y no acoger a la parte della a los Tercios de la milicia efectiva del proprio Reyno, no se apañava a llamarlos, queriendo que solo el tiempo efectuasse lo que no podian los soldados estrangeros: y encaxada esta erronea opinión, pedian que les diessen a ellos el acontecimiento de la montaña, que se ofrecian a concluyrlo con honrra en breves horas".
Pero la prudencia de Agustín Mejía se debía tanto a su deseo de evitar en lo posible una masacre poco gloriosa, no sólo de moriscos, sino también de las milicias efectivas (mucho menos profesionales que los soldados extranjeros de los Tercios), como a satisfacer la sugerencia que había recibido de Felipe III en el mismo sentido: evitar el derramamiento de sangre.

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