Reportaje. Refuerzo contra la catástrofe

Resisitir al temblor

En 1829 la Vega Baja sufrió un terremoto de 6,5 grados que dejó 400 muertos y que es considerado uno de los más devastadores en España. La probabilidad de que la provincia tiemble tan fuerte como Haití existe pero según los sismólogos es "mínima".

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La devastación de Haití abre el debate sobre la respuesta de los edificios de la provincia a un seísmo

POR J. HERNÁNDEZ Desde El Campello hacia el sur, la provincia está catalogada como de riesgo sísmico moderado pero latente situándose la Vega Baja del Segura en el límite del riesgo elevado en el que se enmarcan las provincias de Almería, Granada y Málaga. Alicante ha sufrido históricamente terremotos devastadores como el de Alcoy de 1645 y el de Torrevieja de 1829, con más de 200 réplicas a lo largo de seis meses, que, además de causar numerosas bajas, destruyó más de 2.000 viviendas (el casco antiguo de Almoradí, Guardamar o Benejúzar, obligando a cambiar la ubicación de estas últimas). Las cinco estaciones que la Unidad de Registro Sísmico, ubicada en la Universidad de Alicante, tiene repartidas por la provincia detectan cada año entre 50 y 60 microseísmos de entre 2,5 y 4,5 grados de intensidad: como ejemplo un movimiento de 3,7 grados alarmó en abril de 2009 a varias comarcas del sur con roturas de cristales y en agosto de 2008 un temblor de 3,4 se dejó sentir en Elche, Crevillent, Orihuela o Santa Pola. "Muchos salimos a la calle y otros cogieron el coche para ir a dormir a la huerta" o "me tiró las cortinas y objetos de los muebles", relataron entonces algunos vecinos. Los daños de un seísmo dependen también de la profundidad del epicentro: cuanto mayor sea, menos peligroso.
José Juan Giner, director de la Unidad Sismológica, explicó que "es bueno que se produzcan esos movimientos porque liberan energía de forma continua, lo que salvaguarda esta zona". Por esto mismo, afirma que la probabilidad de que en la provincia se registre un terremoto de magnitud 7, como el de Haití, es "mínima porque en esta zona nunca ha ocurrido. Pero como científico no puedo decir que mañana no vaya a caer el sol". Pese a esta actividad sísmica moderada, sí ha habido episodios de temblores de 6,2 a 6,5 grados, de intensidad similar al de abril de 2009 en L'Aquila (Italia), que causó 299 fallecidos. Giner opina que "hubo tantas víctimas porque afectó a una zona mal construida". La "culpa" de tanta actividad es de la falla del Bajo Segura, que atraviesa la provincia de Murcia y llega hasta Almería por la costa siguiendo el trazado de la autovía. "Todo ese valle es un corredor de fallas", explica el geólogo de la Universidad de Alicante Pedro Alfaro. La longitud de la falla en la zona de la provincia no llega a 30 kilómetros pero, asevera Alfaro, "seguro que esta falla va a volver a producir otro terremoto como el de 1829".
Aún así, el geólogo tranquiliza: depende en gran medida de la velocidad de la falla y las de esta zona son entre 30 y 40 veces más lentas que, por ejemplo, la falla de Enriquillo, que causó el terremoto de Haití. "Si allí tarda 200 años en acumular la energía de un seísmo de magnitud 7, la del Bajo Segura puede tardar 3.000 o 4.000 años" argumenta. Este geólogo discute lo que afirma el sismólogo afirmando que las fallas que hay en España sí tienen magnitud para producir terremotos de 7 grados, "eso sí, de 8 grados jamás".
La moderna tecnología de banda ancha que está incorporando la Unidad de Registro Sísmico, que se desarrolla en convenio con la Diputación Provincial, detectó el devastador seísmo del 12 de enero en Haití. Este servicio arrancó en 1992 con un primer instrumento que marcaba los movimientos con tinta sobre papel ahumado. Después llegaron los sensores verticales de suelo que registraban temblores hasta 30 kilómetros de distancia, instrumentación que está siendo reemplazada por una tecnología que detecta sismos de todo del mundo.
Las estaciones están situadas, además de en el Campus de San Vicente, en la Font Roja, Maigmó, Crevillent y sierra de Pujálvarez (límite sur de la provincia), en el suelo o en el interior de la roca (se agujerea) para medir los movimientos que provoca el contacto entre las placas euroasiática y africana que se produce en el sureste de España. En Alicante, en el barrio de Campoamor, se instaló en 1914 uno de los primeros observatorios sismológicos de España, y el Ayuntamiento de Alcoy, zona de cierta sismicidad, tuvo otro en su sótano.
Los terremotos son aún impredecibles. "Si tuviéramos sondas en el interior de la corteza terrestre a muchos miles de kilómetros...Quizá sea posible en 20 ó 30 años, porque es un modelo físico que conociendo todas las variables se podría predecir", explican Giner y Pedro Jáuregui, también sismólogo de la UA. Hasta que llegue el momento, sismólogos, geólogos, arquitectos, ingenieros y políticos -el diputado de Emergencias Javier Castañer- coinciden en tres claves para evitar efectos catastróficos: estudios de sismicidad, edificaciones en regla y respuesta de Protección Civil. "El terremoto no ha matado a la gente en Haití sino las malas construcciones. Los estudios hace que conozcamos cada vez más y mejor las fallas que tenemos aquí, se sabe construir y los materiales para ello existen", dice el geólogo.
La primera normativa sismológica para la edificación se redactó en España en los años 70 "pero se aplicaba con escaso rigor". Carlos Fernández, ingeniero y director de Cype Ingenieros, empresa especializada en cálculos de sismoresistencia, dice que el nivel de exigencia y de cumplimiento de la norma ha ido aumentando con los años. "¿Si se está cumpliendo la normativa sísmica en la provincia? La vigente desde hace 8 años, la NCSR-02, sí. Desde entonces se cumple a rajatabla". El motivo, que la Ley de Ordenación de la Edificación, aprobada en el año 2000, obliga a que cada nueva construcción tenga un seguro de responsabilidad decenal, el cual exige una revisión de la estructura del edificio. "Aunque ese seguro no cubre el riesgo sísmico, las empresas que se dedican a la inspección técnica de edificios sí comprueban que se aplica la norma en vigor; de lo contrario, levantan reservas técnicas".
La norma sismoresistente, revisada por última vez en 2007, establece la obligatoriedad del refuerzo de pilares, vigas y tabiques con armaduras más resistentes y el incremento de la cimentación para evitar que un terremoto provoque el efecto colapso o "sandwich", es decir, que un edificio de, por ejemplo, cinco plantas, se derrumbe y pase a tener sólo una, como ha ocurrido en Haití. Sea como sea, todas las estructuras construidas en los últimos 30 años (desde finales de los 70), con hormigón armado y pilares, se comportarían bastante bien ante un seísmo "aunque no estén hechos los cálculos de forma estricta y a rajatabla", coinciden este ingeniero y el arquitecto Antonio Maciá.
Ante un terremoto, lo importante es que la rigidez de una construcción soporte el movimiento sin caerse. Según Maciá, "en Japón, zona de elevado riesgo sísmico, los edificios son capaces de absorber las vibraciones porque se mueven. En San Francisco las construcciones están separadas un metro para que puedan moverse. En España no se utilizan esos procedimientos porque son carísimos y se opta por aumentar la rigidez de la estructura. Si un edificio -explica el arquitecto- no se mueve, tiende a partirse y para que no se parta se hace una estructura más grande de elementos interconectados que no se desligarían ni desmoronarían. Es lo que se hace aquí porque es más barato pero seguro". La norma obliga a utilizar un hormigón que resista de 250 a 300 kilos por centímetro cuadrado: la piedra que se empleaba antes no resistía ni 20 kilos.
El problema en la zona más sísmica de la provincia se presentaría en las construcciones de los años 50 a 70, (y anteriores) de elementos no unidos entre sí y estructuras tradicionales con muros de piedra y vigas de madera, que no cumplen la norma antisísmica y que es inviable adaptarlos "porque costaría más dinero que derribarlo todo y construir de nuevo". Un seísmo de envergadura en la provincia sería destructivo en ese tipo de edificaciones en cascos antiguos y sobre todo en pueblos próximos al epicentro, precisa Maciá, mientras que en el resto, sobre todo en lo construido a partir del año 80, sólo "algún destrozo puntual, desprendimientos de cornisas o remates". No obstante apuntó que es posible que las antiguas edificaciones puedan soportar un temblor fuerte porque "suelen estar apoyadas entre sí (los muros de carga) y esto le daría más capacidad para absorber los movimientos". En época de vacío legal respecto a los terremotos (años 50), los sismólogos recuerdan que era obligatoria la "norma de vientos" por la que se armaban mucho más los inmuebles, lo que podría protegerlos también.
Aunque siempre es mejor la horizontalidad y la simetría, Benidorm, con sus rascacielos, está en una zona de sismicidad mucho menor que el sur provincial. El terremoto de 1829 condicionó la edificación en la Vega Baja proliferando en el planeamiento las casas de planta baja. Para inmuebles más elevados, los promotores emplean materiales antiterremotos.
El protocolo establece que los edificios de interés público deben ser especialmente resistentes. Es el caso de hospitales, instalaciones de comunicaciones, cuarteles, depósitos de agua, gas, combustible o centrales eléctricas, puentes de carretera o tren, obras de ingeniería civil, monumentos, grandes superficies comerciales o construcciones para espectáculos públicos.
Según los sismólogos consultados, el suelo también se mueve en el Mediterráneo, escenario de pequeños tsunamis al ser un mar de movimiento horizontal y poca profundidad. Pese a todo, la guía "Impacto económico y social de los riesgos geológicos en España", del Instituto Geológico Minero, señala que el mayor riesgo natural en la península son las inundaciones (51%) y la erosión del suelo (17%). El riesgo de sismo se sitúa en un 1,7%. Por si acaso, cada año en la Vega Baja se celebran rogativas a San Emigdio, patrón de los terremotos.

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