Reportaje. LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS EN LA PROVINCIA DE ALICANTE (XX)

Milicias alicantinas

Las milicias efectivas acudieron impacientes al Valle de Laguar, soñando con grandes gestas y al olor del botín y durante diez días se sucedieron las escaramuzas en la zona

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POR GERARDO MUÑOZ LORENTE El 7 de noviembre de 1609 Agustín Mejía abandonó Callosa al frente de las cuatro compañías del Tercio de Sicilia y la de arcabuceros de Sancho de Luna y fue a Tárbena. Al día siguiente partió hacia Murla, dejando acuartelada en Tárbena a la infantería que mandaba Manuel Carrillo.
Una de las primeras decisiones que adoptó Mejía una vez llegó a Murla fue la de publicar un bando por el que ordenaba que, en el plazo de dos horas y bajo pena de muerte, se fueran de Murla y permanecieran a una legua de distancia, "todos los aventureros que no eran soldados de las compañías del Tercio, por cuanto se comían los bastimentos y como gente no disciplinada podían causar algun desorden". Esta gente "perdida" que no había acudido "a otro fin que de robar, inquietar y gastar provisiones" salió pues de Murla y sus alrededores.

Ocupación de Benichembla
Al día siguiente de su llegada a Murla, Agustín Mejía ordenó a Sancho de Luna que, con 400 soldados, se apoderase de Benichembla. Así se hizo, sin apenas enfrentamientos con los moriscos. Éstos habían huido a la sierra y se limitaron a apedrear desde lo alto a los soldados. De Luna dejó a 200 hombres en Benichembla y se volvió a Murla.
Ese mismo día 9 de noviembre una delegación morisca pidió entrevistarse con Mejía, a quien le pidieron tres meses de plazo para vender sus bienes, antes de embarcar. El general les ofreció el perdón general, seguridad para sus vidas y haciendas, y permiso para vender al pie de la sierra el ganado, pero en un plazo de diez días. El 13 escribió a la Corte molesto por lo que interpretaba como una maniobra de dilación de los moriscos: "andan a tantas largas y piden tantas ympertinencias que oi me e resuelto con ellos a no hablarles mas si no fuese poniendoles las manos". Entre estas impertinencias estaba la exigencia de que las tropas se alejasen de Murla y otros lugares próximos, para que fueran ocupadas por los moriscos.

MEJÍA LLAMA A LAS MILICIAS
A pesar de que su intención seguía siendo la de satisfacer los deseos del rey: acabar con aquella rebelión sin derramamiento de sangre, la paciencia de Agustín Mejía empezó a agotarse. Por eso decidió pasar a la siguiente fase del plan que había trazado con el virrey, antes de su salida de Valencia: pidió a éste que le enviase más municiones y dinero, ordenó a las villas de alrededor que donasen provisiones para los soldados, que fueran llamadas las milicias efectivas del sur del reino y que se aproximaran las compañías del ejército regular.
Las cuatro compañías del Tercio de Sicilia que habían quedado en Tárbena, llegaron el 12 de noviembre al mando de Manuel Carrillo, siendo acuarteladas en Parcent; y la compañía del Mar Océano junto con otra de Portugal, mandadas por el sargento mayor Bartojo, se alojaron en Benichembla, donde ya estaban los 200 soldados del Tercio de Nápoles, los cuales marcharon, con el capitán Diego de Mesa al frente, hasta Orba. Por último, dos compañías de caballería y arcabuceros que mandaba Gaspar de Guevara fueron a instalarse en Alcalalí.
Pocos días tardaron en llegar a Murla y alrededores las impacientes milicias efectivas. La primera fue la de Biar, encabezada por el capitán Jaime Almunia. Y en días sucesivos llegaron las demás, procedentes de Elche, Alicante, Alcoy, Pego, Denia, Teulada, Calpe, Tibi, Ibi, Jijona, Cocentaina, Onil, Castalla, Villajoyosa, Jávea, que acudieron soñando con realizar grandes gestas y al olor del botín. Hombres cuyo entusiasmo les llevó a acometer algunas acciones imprudentes y comprometedoras para el buen fin de la operación. Halperin dice que eran unos 2.300 hombres, Escolano eleva la cifra a 3.200, y Del Corral, que era el oficial encargado de hacer las cuentas, concreta exactamente 2.401 en 19 banderas (sobre un total de 4.144, puesto que las 16 compañías de los tres tercios viejos sumaban 1.743 soldados).
Viravens escribe que el Consejo de Alicante "organizó cuatro compañías de gente aguerrida; dos de vecinos de la Ciudad mandadas por Antonio Mingot, Bernardo Mingot y Juan Bautista Canicia de Franqui; otra formada de gente de San Juan, capitaneada por Esteban Briones, y la cuarta, compuesta de moradores de Muchamiel, fue acaudillada por Baltasar Berenguer, a quien siguieron 35 de sus parientes en este alarde de valor. Las expresadas fuerzas marcharon el 17 de Noviembre de 1609".
El capitán Del Corral relata la distribución que Mejía ordenó de estas compañías de milicias: "(É) se aquartelaron en puestos mas apropriados y cercanos: tres de Alcoy [capitanes Gaspar Sternes, Andrés Gisbert y Francisco Descals], una del Conde de Cocentaina y otra de Ibi en Castell de Castells; tres de Xixona, Bucairen [Bocairente] y Villajoyosa en Ayalte; quatro de Alicante en Tárbena; dos de Beniza y Tablada [Teulada] a cargo de su governador que traxo a su costa don Juan de Cárdenas, hermano del Duque de Maqueda, con los de Biar en Berniza [Vernissa]".

Escaramuzas
Fueron frecuentes las escaramuzas que se sucedieron durante aquellos días. El 10 de noviembre, por ejemplo, cuenta Escolano cómo algunos de los civiles expulsados por Mejía de Murla y sus alrededores, intentaron hostigar por su cuenta a los moriscos "y sabiendo que en el carrascal de Parcente tenian mas de doscientas cargas de trigo con escolta de infinitos Moriscos, salian a ellos de quando en quando cosa de cinquenta arcabuzeros, y escaramuzando, les quitavan todas las vezes todo el trigo que se podian llevar. Ansi mesmo otros cinquenta Christianos de las villas de Vnil [Onil] y Peñaguila a diez de Noviembre entraron por el barranco de Bellafi, (que otros llaman de Malafi) [el nombre correcto es efectivamente Malafi] a hazer alguna fuerte en los Moriscos: y llevando por cabo a Juan Fenollar cavallero de Peñaguila, hizieron una buena presa de ganado menudo"; pero, en vez de regresar con su botín, estos hombres decidieron profundizar en su razia, encontrándose muy pronto "rodeados de millares de Moros, que baxaron a ellos con una bandera: y travandose la escaramuza, Juan Fenollar mato al Moro de la vandera, y continuandolo sus compañeros en los otros, fue tan rezia la carga que los Moriscos les dieron, que huvieron de retirarse con muerte de Fenollar, y de otros tres, y perdida de la presa".
También las milicias de Biar originaron una escaramuza, casi suicida, nada más llegar al teatro de operaciones. Escolano cuenta cómo "algunos dellos moços de buenas piernas y coraçon, empeçaron a travar escaramuça con los Moriscos que estavan de guardia en el castillo de Pop: que les arroxavan galgas y canteras, y tiravan algunos arcabuzazos". Dejándose llevar por un impulso imprudente y sin arredrarse ante las pedradas y disparos, treparon estos jóvenes biarenses por la sierra "como si fueran venados", obligando a los soldados del Tercio de Nápoles a seguirles para evitar que cayeran en una emboscada. "Mataron este dia tres Moriscos a mosquetazos: y si bien duraron las escaramuzas hasta quinze de Noviembre, como siempre llevavan lo peor los Moriscos, tuvieron por bien de retirarse, y no baxaron mas por aquella parte".
Precisamente fueron dos soldados del Tercio de Nápoles los que protagonizaron otra escaramuza con final dramático. Uno era extranjero y el otro natural del Grao de Valencia: Miguel Llauger. Al encontrarse frente a un grupo de 18 moriscos, el extranjero retrocedió inmediatamente, pero Llauger quiso dispararles con su arcabuz antes de seguir a su compañero "y haviendose apuntado a uno, que venia de los primeros, quiso su desgracia que no salio. Cevó de presto el fogon, y tirò, y como era grande su turbacion, errole: y cerrando con el todos, no se tuvo por Moro el que no le dio lançada, hiriendole de cabeça a pies con chuzos, espadas, puñales, agujas de esparteños y cantos: y dexandole con mil heridas mortales por muerto, fue cosa de admiracion, que haviendole retirado otros Christianos que llegaron, escapò con vida de todas".

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