Reportaje. Malos tiempos sólo para algunos
POR ISABEL VICENTE
Si usted es de las personas que habitualmente gasta mil euros en un bolso, quinientos en unos zapatos, viste con frecuencia ropa de marca y colecciona Rolex, no hace falta que siga leyendo, usted ya sabe lo que vamos a contarle. Esto es para el resto, para los que no llegan a fin de mes, para los que contienen la respiración cuando el jefe les llama a su despacho y para los que siguieron ayer con inquietud la reforma laboral del Gobierno. Esos, la mayoría, que nos preguntamos en estos tiempos, con la que está cayendo con la crisis, quién puede permitirse pagar 1.000 o 2.000 euros por un vestido de calle, 400 por un cinturón o 3.000 por una pluma estilográfica. Suponíamos que haberlos, los habría, dado que gran parte de las tiendas exclusivas de Alicante siguen abiertas, y no nos equivocamos. La crisis afecta sobre todo a las clases medias y bajas. Los ricos siguen tan ricos como siempre. Por lo menos algunos.
La fotógrafo y yo nos echamos a la calle para ver cómo ha afectado la crisis a los comercios considerados caros por la mayoría de los mortales. En la plaza de Calvo Sotelo, en pleno centro de Alicante, hay algunas de estas tiendas. Ahora, en plenas rebajas, los artículos están hasta un 50% más baratos pese a lo cual siguen siendo prohibitivos para muchos de los bolsillos de los alicantinos. El vestido que estaba a mil, ahora está a quinientos, vale, pero ¿quién puede comprarlo? "Mucha gente", nos dice la vendedora de una tienda que prefiere no dar su nombre porque no tiene el permiso del propietario, y que añade que "la crisis no parece afectar a la gente que tiene un poder adquisitivo alto y que sigue optando por los artículos de calidad como ha hecho siempre".
Antes de entrar en muchos de estos comercios nos miramos de reojo en las lunas de los escaparates para ver qué imagen damos, sabiendo que con todo lo que llevamos puesto no podríamos pagar ni un cinturón de los que vemos tras el cristal.
En Nichi Seijo vemos unos zapatos preciosos de D&G. Valían 525 euros y ahora "sólo" 263. Además la vista se te va a los artículos de la nueva temporada. Una zapatillas 210 euros, de "Prada" eso sí. Sandalias a 500. Imposible para muchos. Nos dice la encargada de la tienda que "la crisis ha afectado algo, pero las ventas no han bajado mucho, quizá clientas que antes compraban dos bolsos compran ahora uno, pero mantenemos la clientela y no podemos hablar de que sea un año malo". ¿Hay suficiente clientela "pudiente" para mantenerse? Nos dicen que sí. "Nosotros llevamos 20 años abiertos y nuestros clientes son fieles".
En las tiendas en las que preguntamos, eluden especificar qué tipo de personas optan por sus productos. Nos dicen, eso sí, que hay muchas mujeres que no trabajan fuera de casa y que suelen salir de compras con frecuencia; otras con profesiones liberales, empresarios, todos ellos, eso sí, con un alto nivel adquisitivo a los que la crisis apenas ha rozado.
La recesión económica sí se ha notado algo en otro tipo de clientes. Aquellos que se permitían un capricho ocasional y que incluso financiaban sus compras. En la sección femenina de Carolina Herrera, nos dice la dependienta que "la señora que antes venía una vez y se gastaba 150 euros en una camisa como un extra, a lo mejor este año no ha venido, pero la clienta que suele gastar 2.000 o 3.000 euros por temporada en la firma, ha seguido este año igual". Qué envidia.
En el Corte Inglés nos paseamos por las secciones de marcas de señora. Me quedo colgada con una blusa de Scada, ya de la temporada de primavera-verano, pero después de los regalos de Navidad y el cambio de las ruedas del coche, si me gasto 350 euros en una blusita, no llego al día 20 y me cuesta el divorcio. Nos limitamos a mirar cómo dos señoras se prueban una y otra prenda y acaban comprando. "El consumidor de marcas no suele esperar a las rebajas. Hay de todo, claro, pero en general, vienen a principios de temporada para comprar lo que necesitan y luego, con las rebajas, a lo mejor pican algo", nos dice una vendedora.
Nos llama la atención que hay más clientas en las tiendas de marca que en el resto del centro comercial. Hay zonas donde se anuncian faldas y camisas a 15 y 20 euros vacías mientras que en Roberto Verino, George Reig o Adolfo Domínguez encontramos clientas observando la ropa. Una encargada nos dice que es porque es jueves y que el viernes por la tarde y el sábado la tendencia cambia porque es cuando muchas mujeres trabajadoras y jovencitas aprovechan para hacer sus compras. Con los hombres, los vendedores nos dicen lo mismo. Armani, Hermes, Lavin, Ralph Lauren... siguen vendiendo en Alicante a los que han vendido siempre.
¿Y joyas?, ¿se siguen vendiendo Rolex de oro o pendientes de diamantes de Chopard? Ya saben la respuesta: Sí. ¿Quién los compra? Los mismos que los compraban el año pasado y el anterior. "A lo mejor se ha notado la crisis un poco en el que venía y compraba algo de forma esporádica y que incluso lo pagaba a plazos y que ahora no viene porque son malos tiempos", nos dicen la encargada, para añadir que "el consumidor de alta joyería sigue igual y no tiene problemas en gastarse 10.000 euros en un reloj o más". Nos cuenta que hay clientes que tienen 20 o 30 relojes, todos de alta calidad, y coleccionistas que se encaprichan con un modelo determinado valga lo que valga. Y lo mismo vale para joyas, coches de alta gama, hoteles de cinco estrellas, abrigos de pieles, etc. etc. etc..
Para el resto de los mortales quedan las rebajas, el mercadillo y, de vez en cuando, los caprichos ocasionales. Y eso con suerte. A lo mejor algún día nos toca el euromillón y podemos pasar a engrosas la lista de esos consumidores de lujo a los que la crisis les resbala.