Este mundo es raro. Pero raro, raro. Cuando me enteré de que habían denunciado ante el Defensor del Menor a los de la Lotería por la utilización de los niños de San Ildefonso en el sorteo de Navidad pensé que habíamos llegado al límite, pero para nada. No tiene uno más que echarse a la cara un día cualquiera las noticias de los periódicos, radios y de televisiones para concluir que lo extraño es que sigamos por ahí funcionando medio normales en vez de haber ingresado ya hace mucho en el psiquiátrico. Abres un diario y ves que con el mayor desparpajo conviven la orden de arresto contra el ex dictador argentino Jorge Videla con un debate sobre la posible inconstitucionalidad del veto de la tele pública a Carmele Marchante para ir a Eurovisión. En otro, te encuentras con que, en medio de la que está cayendo en Haití, los Legionarios de Cristo nos piden que apadrinemos a un cura por 6 euros al mes porque los pobrecitos no pueden pagarse el seminario. Pones la tele y te aparece una periodista italiana que le echa mano al "paquete" de David Beckham para comprobar si lo que aparecía en los anuncios de Armani era real; mientras, en la radio te cuentan que en un pueblo valenciano van a hacer un queso de más de mil kilos para entrar en el Guinness. Cuando ya crees que lo has visto todo, en la misma publicación en la que se analiza el penúltimo desplome del Ibex, lees que una ciudad rusa va a erigir un monumento a dos camellos para honrar su heroicidad durante la Segunda Guerra Mundial, y en otra, que ponen a parir la peli "Avatar" porque Sigourney Weaver aparece fumando. Todo esto en medios de comunicación "serios" y sin contar lo de la telebasura y la prensa rosa. Con semejantes estímulos, ¿quién podría culparnos si echamos para atrás y acabamos volviendo a los árboles? Pero entre tanto, mira que nos divertimos...