Reportaje. LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS EN LA PROVINCIA DE ALICANTE (XXI)
POR GERARDO MUÑOZ LORENTE
Aunque en ruinas, el castillo de Azabares se hallaba en un lugar estratégico, a la entrada del Valle de Laguar, y desde él "libremente salían los moros al llano del marquesado de Denia y encomienda de Zagra y Cenet [Sagra y Sanet]", hostigando a los convoyes de abastecimiento del ejército, según relata Del Corral.
Mejía tenía como cierto que, para conquistar el Valle de Laguar, paso previo imprescindible era echar de aquellas ruinas a los moriscos. De ahí que el domingo 15 de noviembre ordenara a Sancho de Luna que, con 300 soldados del Tercio de Nápoles, fuera a Orba, recogiese a la tropa que, al mando del capitán Diego de Mesa, había allí de guarnición, y se aprestara a tomar lo que quedaba del castillo de Azabares.
Sancho de Luna ordenó a Diego de Mesa que inspeccionase el castillo, y éste encomendó tal labor a los soldados Antonio de Molina y Alonso del Castillo, quienes se acercaron hasta aquel lugar de noche, informando a su vuelta de la situación del mismo y del sitio más propicio por donde se podía entrar.
Ya de madrugada, siguiendo las instrucciones de De Luna, el capitán Luis de Leyva fue con su compañía de 200 hombres a Orba, adonde llegó poco después el propio De Luna con el resto de las tropas movilizadas para este fin.
Todavía no había aparecido el sol aquel lunes 16 de noviembre de 1609, cuando salieron de Orba en dirección al castillo de Azabares los soldados. En vanguardia iba Sancho de Luna con Manuel Pimentel, el capitán Sebastián Culebro, el sargento Francisco Gallardo y Alonso del Castillo (uno de los soldados que había inspeccionado el objetivo). Detrás iba Melchor de Orantes con quince picas y quince arcabuceros; tras él marchaba Pedro Giner con treinta picas y treinta arcabuceros; luego Luis de Leyva con su compañía; y más atrás Diego de Mesa con la mosquetería y el resto de la tropa.
Aunque la entrada a la ruinosa fortaleza "era bien dificultosa y áspera", los moriscos no pudieron resistir el asalto del ejército durante mucho tiempo. Cuenta Escolano cómo los "rebeldes se fueron retirando a la mayor eminencia, y nuestra gente subiendo peleando con ellos, les ganaron el puesto de todo punto: que visto por ellos, quedando algunos muertos, se retiraron por una asperissima baxada, q. tenia la peña a la parte de Poniente, a vista del primer lugar de Alahuar [Campell], y con la priessa que baxaron se despeñaron algunos: y valioles, para no perderse muchos mas, el ser de noche, y no haver reconocido los nuestros el puesto de la salida". Todavía hoy en día se aprecian en esa parte de la colina los parapetos que debieron servir de contención de tierra para la explanada del castillo.
"A esta hora començava a reyr el alba", cuenta Escolano, cuando los moriscos, temiendo que los soldados no se conformaran sólo con tomar el ruinoso castillo, sino que también pretendieran ocupar Campell, bajaron de los otros dos pueblos y de las montañas para reunirse en gran número entre ambos lugares, dispuestos a hacerles frente. Este refuerzo morisco hizo que Sancho de Luna pensara en hacer lo mismo, mandando aviso a Murla para que Mejía le enviara ayuda. Éste respondió yendo en persona, al mando de la infantería, y por el camino más corto, según relata su acompañante Del Corral: "(É) y hizo alto en el Tozalet de Cotes (puesto ante la sierra y el castillo) de donde se via [veía] la escaramuza y se descubrian muy cerca como ocho mil moros (É) por espaldas tenian su valle, al lado derecho la sierra, al izquierdo el barranco del infierno y por frente una grande descendida y quiebra que los dividia del puesto que con su gente ocupaba D. Agustin Messia", siendo ese espacio intermedio donde ahora está el sanatorio de Fontilles.
Pero Mejía y sus infantes no participaron en aquella operación, que según Escolano duró dos horas, y cuyo resultado fue la conquista por parte de los soldados del estratégico puesto de Azabares. De Luna lo mandó atrincherar, "dexando alli a Pedro Giner Sargento Mayor [herido en una pierna] y a los dos capitanes con 300 soldados", si bien estos soldados fueron sustituidos muy pronto por las cuatro compañías de milicias que había mandado el duque de Gandía, señor de aquellos lugares.
Precisamente a este duque envió Sancho de Luna una carta el 18 de noviembre desde Murla, informándole de la toma del castillo de Azabares, "un puesto de los mas fuertes que [he visto en] mi bida y que no me costó poco trabajo y cuidado ganarle y les di el asalto por asperisima parte murieron cosa de cinquenta moros y me yrieron cinco de los mios a mí me toco un rasguño en una ceja que no es nada y un arcabuzazo en una manga de la crofulla [sic] que es menos".
Entre los moriscos que fueron apresados en aquella operación estaba "el que les hazia la polvora, que lo sintieron mucho", informa Escolano.
CONTINÚA LA OFENSIVA
El siguiente lugar que Mejía planeó ocupar fue la cima del primer peñón (donde ahora se levanta la Creueta), tal como cuenta el capitán Del Corral: "juzgando ocasion a propósito [por la retirada y la confusión de los moriscos] y que no era bien perderla, ordeno a la compañia de Biar acometiese el primer peñon de la sierra de Pop, encima de la hermita de San Sebastián, execucion que pusieron valerosamente por obra ganando el Peñon". Según Escolano esta operación se llevó a cabo en la noche del 16 de noviembre "y como los moros se retirasen, quedo entonces Murla fuera de la sujecion en la que la tenian desde aquel peñon".
Esta vez la compañía de milicias efectivas de Biar fue muy elogiada por la forma tan aguerrida y habilidosa como se comportó aquella noche. "El estilo con que subieron los de Biar fue muy loado: porque traçaron que unos pocos diessen vista a los rebeldes por la parte de Benisa [este-sudeste], y el mayor golpe por la sombria azia Alahuar [oeste-noroeste]: y como los Moros que estavan en lo alto de la sierra solo atendian a los que subian por la parte de Benisa, los otros tuvieron lugar de llegar a lo alto, y dieron del primer lance un arcabuzazo al que tenia una bandera en la mano arbolada sobre una peña, y dava bozes a los Moros que estuviessen firmes guardando aquel puesto". Pero este abanderado fue abatido por un certero tiro del onilense Cristóbal Alonso (que iba en la compañía de Biar) y los moriscos se retiraron del primer peñón.