Reportaje. LOS PRIMEROS AFECTADOS POR el retraso de la edad de jubilación
CLARA R. FORNER
La generación que ahora ronda los 50 años de edad es la primera que va a tener que trabajar dos años completos más para poder jubilarse. Quienes pensaban que les quedaban 15 años de vida laboral -o menos- para retirarse y disfrutar del ansiado tiempo libre, ahora tendrán que replantearse sus intenciones de futuro para 24 meses de su vida.
Personajes conocidos de la vida alicantina como el autor teatral Juan Luis Mira, el entrenador Quique Hernández o el sindicalista Salvador Roig son algunos de esos ciudadanos que, por el grupo de edad al que pertenecen, serán de los primeros en tener que trabajar dos años completos más. Y, aunque a ellos no les afecte directamente, forman parte de una generación que también está sufriendo por primera vez en otros problemas económicos graves como las dificultades para cotizar lo suficiente a la Seguridad Social para asegurarse una jubilación cómoda, por culpa de los despidos. Y, como guinda, otros arrastrarán hasta que se retiren esas enormes hipotecas que contrajeron tantas familias durante los años de bonanza.
"Los que pertenecemos a la generación de 1960 hemos pillado todo lo malo. Llevo llorando desde que escuché en la radio que se atrasaba la jubilación porque he trabajado 30 años y ahora resulta que me quedan otros 17, una barbaridad", relata Mariló Sellés, profesora de un centro privado. Ella es de las que están hipotecadas "y lo estaré hasta que me jubile", pero asegura que "lo peor" de todo ha sido el anuncio del jueves pues en su profesión muchos compañeros se estaban acogiendo a jubilaciones parciales a partir de los 60 años si llevaban 35 cotizados.
Desde su experiencia como presidente de la Diputación Provincial, José Joaquín Ripoll se muestra partidario de que la ampliación de la edad laboral se lleve a cabo de forma voluntaria por las dificultades para seguir ejerciendo en algunos trabajos. En la administración que gobierna, explica Ripoll, los empleados de las categorías inferiores se jubilan a los 65 años, mientras que en las superiores es habitual reengancharse hasta los 70. "Si me preguntan, yo sería de los que me jubilaría a los 65 años, para tener más tranquilidad", apunta Ripoll, de 52 años de edad.
A sus 46 años, el portavoz del grupo socialista en el Ayuntamiento de Alicante, Roque Moreno, explica que, como profesor de Universidad, "nuestra edad de jubilación son los 70 años y yo siempre he tenido ese umbral pues esa última etapa suele ser la más gratificante por muchos motivos". En su caso en concreto, no sabe si al llegar a esa edad querrá prolongar su vida laboral y admite que la opción de trabajar más allá de los 65 puede resultar apetecible "en mi profesión en concreto, pero en otras no tiene por qué ser bueno".
Un caso en el que no parece nada aconsejable es el de los maquinistas y factores de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana. Manuel García Blázquez, empleado de esta empresa, explica que muchos de sus compañeros se están prejubilando a los 61 años y antes incluso lo hacían a los 57. En este trabajo, por cada diez años de vida laboral se adelanta uno la jubilación precisamente por un concepto que se denomina "penosidad". Por eso opina que en este tipo de puestos de trabajo "a los 67 años no va a llegar en activo ni Dios". Muy distinto, opina, "es el caso de los directivos, que pueden estar hasta los 80 si quieren y alguno ya se ha reenganchado hasta los 70".
Desde un ámbito muy diferente, el deportivo, el ex entrenador del Lucentum, Andreu Casadevall, de 48 años, opina que la medida "no es nada positiva pues, aunque hoy a los 67 hay gente perfectamente capacitada, se cierra el mercado laboral a los jóvenes". "Yo pienso que están buscando soluciones para que la Seguridad Social pueda seguir pagando las pensiones y el paro, pero a medida que se vaya creando empleo puede volver a cambiar esta normativa".
El también ex entrenador del Hércules y el Elche, Quique Hernández, de 52 años, opina que, aunque se trata de "una noticia aparatosa sería necesario un análisis más serio, pues hay muchos matices y trabajos en los que sería inhumano retrasar la edad de jubilación. Pero también hay que ver si corren peligro las pensiones". Para Hernández esta medida nos choca especialmente "porque venimos de una época de vacas gordas con gente que se prejubilaba a los 50 años cobrando el 100%, pero doctores tiene la Iglesia". Lo que sí pide es que "se pongan de acuerdo todos los políticos para hacerlo bien".
El presidente de la Federación de Hogueras de San Juan, Pedro Valera, considera que esta ampliación de la vida laboral en dos años es "una auténtica exageración". A sus 52 años de edad, explica que lleva más de la mitad, 30, trabajando en la docencia "y pensar que me quedan otros 15 para jubilarme es como una losa. No sé si me veré con fuerzas. Tendré que hacer una recapitulación de lo que me queda pensando en positivo, porque mi trabajo me gusta pero llevo trabajando desde el año 81".
Al autor teatral Juan Luis Mira, la decisión del Gobierno le repercute porque "voy a empezar a escribir mi novela dos años más tarde". Hasta ahora su trabajo como catedrático de instituto y colaborador en la Universidad no le permiten más que escribir "teatro y algún cuento". En su opinión "aunque es una media impopular, algunas cosas malas nos tenían que tocar". En su caso, jubilarse "será dedicarme a lo mismo, pero de manera más placentera y relajada. Pero ahora mantedré más el estrés porque en las enseñanzas medias no se dan facilidades para mantener una actividad creativa".
El responsable de comunicación de CCOO en L'Alacantí- Les Marines, Salvador Roig, se muestra "totalmente en contra" de esta medida que, en su caso, se traduce en 17 años de vida laboral por delante en lugar de 15. A su juicio, "es una injusticia" pues "el problema no está tanto en el envejecimiento de la población como en la creación de puestos de trabajo".
"Yo me había planteado el horizonte de los 65 años e incluso antes para tener tiempo para pasarlo con mi mujer", apunta. En su opinión, el Gobierno debe rectificar y "el que quiera continuar y recibir beneficios fiscales que lo haga, pero de forma voluntaria".
Óscar Llopis, secretario general de UGT en l'Alacantí, también cree que "los 65 años es una media de edad bastante adecuada pues, de hecho, la edad media real de jubilación ahora es de 63 años y 10 meses", sobre todo porque hay colectivos de trabajo manual o al volante, que requieren un trabajo físico". En su caso, cuando deje el sindicato y se reincorpore a su puesto de gestión en una empresa constructora "no habrá más remedio que llegar hasta los 67 porque la penalización por jubilarte anticipadamente es bastante importante, creo que de un 8% cada año".
Aunque él ha tenido la suerte de cotizar muchos años, pues lo ha hecho ininterrumpidamente desde 1972, Llopis se muestra preocupado porque "hay un grupo importante a partir de los 50 años que están siendo expulsados del mercado de trabajo y van a tener difícil conseguir una cotización digna en los últimos 15 años".
Con 52 años de edad, el profesor de la Facultad de Educación Antonio Giner también rechaza la propuesta de que se reduzcan derechos adquiridos por los trabajadores. "Quien quiera continuar en su empleo que lo haga, pero que otros puedan tener a los 60 años su merecida jubilación. Me parece excesivo retrasarla por obligación".
El sociólogo Carlos Gómez Gil, de 46 años, opina que "es una medida precipitada, tomada de espaldas a la realidad y que contenta a los más conservadores en lugar de hacer una profunda reestructuración del sistema bancario y financiero, que ha originado la crisis". Además, apunta que "el sistema de pensiones español es de los más aceptables a nivel mundial y tomar ahora esa decisión para garantizar las pensiones en 2050, es olvidar que en demografía los procesos como los flujos migratorios, la natalidad o la movilidad residencial no se pueden predecir, como están haciendo aquí".