La situación es preocupante y extraña realmente. Las discusiones sobre los problemas que puede plantear el clima están a la orden del día. Los daños producidos en el conjunto de la agricultura española son muchos y aún no parecen haber finalizado tras tres campañas seguidas con resultados negativos.
Pero la situación no es para exagerar. Aquí, en nuestra tierra, hemos atravesado múltiples y diferentes experiencias, de heladas y sucesos que han paralizado el trabajo del campo, con daños que sólo han servido para aumentar la experiencia de los agricultores y su capacidad para afrontar su trabajo a pesar de las adversidades, tanto climatológicas como coyunturales.
Por ello nos causa extrañeza, al olvidar la causa más importante que, a nuestro juicio, ha tenido la categoría de daños producidos al campo: la guerra, puesto que además de dejar los campos yermos, murieron seres humanos en una contienda que no debió suceder. Pero, al fin y al cabo, se tuvo que comenzar de nuevo a cultivar la tierra y tardamos lo que era normal al estar en juego en la agricultura. Con el tiempo llegamos al año de gracia: el 2000, cuando se inició una expansión demasiado alegre y en gran parte por capitales que están en la memoria de todos, justamente cuando las cosas habían llegado a asentarse.
Aún no sabemos en qué quedará la situación del campo, pero es seguro que tendremos que volver al trabajo y a empezar de nuevo, con la esperanza de superar los tiempos difíciles.
La historia de la naranja se mide con las heladas, así como con esa otra helada que es la dificultad de hallar bien los mercados cuando existen países que gracias a su economía pueden hacer una competencia dura. Sin embargo, nosotros también desempeñamos ese papel en determinadas ocasiones.
La caída de los plantones era esperada, como signo de que las cosas han dejado de funcionar en la producción citrícola. Esto ha sucedido en otras ocasiones, pero nunca con la gravedad del caso presente, porque los países extranjeros al ver que España aumentaba, aumentaron también ellos, creando así la burbuja. Así, algunas naciones se beneficiaron debido a que su economía social les permitía ganar dinero a costa de la escasez en los jornales. Este mecanismo se trasladó también al cultivo de tierra baja, como bien lo sufrió tanto Andalucía, como Murcia y las zonas de Castellón con sus alcachofas, tomates y otros productos. Cabe esperar que ello haya cambiado o está en camino de hacerlo. La climatología imperante en la actualidad empeora la situación ya que el temporal ha dañado los cítricos de Andalucía y a la Comunidad Valenciana, aunque en esta última zona entran en juego otros condicionantes. ¿Consecuencia del cambio climático? Es posible que estemos ante él.
Los terceros países
Hasta el pasado 9 enero, la exportación al grupo de terceros países se sitúa en 115.012 toneladas frente a las 136.043 que se contabilizaron en estas fechas durante la campaña anterior, dejando así una caída de 21.031 toneladas.