Reportaje. LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS EN LA PROVINCIA DE ALICANTE (XII)
POR GERARDO MUÑOZ LORENTE
Cuando el 9 de abril de 1609 Felipe III confirmó la decisión del Consejo de Estado de expulsar a los moriscos valencianos, se puso inmediatamente en marcha la maquinaria estatal para planificar y poner en práctica tal operación. Una operación ingente por cuanto se trataba del destierro de más de cien mil personas. Se decidió comenzar con los moriscos del reino de Valencia porque así lo había propuesto el arzobispo Ribera, pero sobre todo por razones demográficas y geográficas: eran el colectivo de cristianos nuevos más numeroso en España y el que más cerca se hallaba de las costas magrebíes. Alicante está más cerca de Orán que de Madrid y, además, a la sazón tanto esta ciudad africana como el enclave de Mazalquivir estaban bajo poder español, lo que favorecía el desembarco de las naves que trasladarían a los exiliados. Para llevar a cabo aquel importante plan era imprescindible movilizar un buen número de naves y de tropas, tanto para el traslado de los que iban a ser desterrados como para hacer frente a una posible sublevación, dictar las disposiciones oportunas al virrey y a las autoridades locales, etcétera; y todo ello en secreto, para evitar que los moriscos tuvieran tiempo de articular una oposición efectiva y que las protestas de sus señores presionaran una vez más al rey. Al mes siguiente, en mayo, se cursaron las primeras órdenes, dirigidas a los virreyes de Sicilia, Nápoles y Milán, para que movilizaran todas las tropas que pudieran y las embarcaran en las galeras. Y a finales de junio las diferentes escuadras recibieron la orden de concentrarse en Mallorca el 15 de agosto.
aCONTECIMIENTOS
Precisamente en agosto de aquel año de 1609 llegó a Valencia el mariscal de campo Agustín Mejía, con la orden real de coordinar las labores necesarias para expulsar a los moriscos del reino valenciano. Natural de Amberes, su prestigio como estratega militar había sido reconocido por la Corona tras dirigir las operaciones sobre la plaza de Ostende en 1601. Mejía había recibido las órdenes reales en Segovia el 4 de agosto y desde allí se dirigió a Valencia en compañía de Pedro de Toledo, marqués de Villafranca, que sin embargo se desvió hacia Dénia para tomar allí el mando de la operación contra los moriscos con el apoyo del gobernador del marquesado dianense, Cristóbal Sedeño.
Así pues, Agustín Mejía llegó a Valencia como comisionado real y con plenos poderes para dirigir los planes de la expulsión; pero como tales planes eran supuestamente secretos, en Valencia se dijo que la visita de tan insigne militar tenía como objetivo reconocer las fortificaciones del litoral valenciano, cumpliendo así con lo ordenado por el rey en los despachos que Mejía entregó al virrey Luis Carrillo de Toledo, marqués de Caracena, y a Juan de Ribera, arzobispo de Valencia y Patriarca de Antioquia: "Y por lo que importa el secreto de este negocio, y que hasta la execucion de el no se sepa ni pueda imaginar el intento que se lleva, he acordado que la ida de D. Agustin a esa Ciudad y Reyno sea a titulo de que va a visitar las fortificiones de el, para saber el estado en que estan y lo que convendra proveer para que se pongan en perfeccion".
Sin embargo, el secreto no duró mucho, según informó el Patriarca a Felipe III el 23 de agosto: "se començo luego a alborotar toda la Ciudad y Reyno inquiriendo con gran curiosidad, assi la gente vulgar como la noble, la causa desta venida. Y aunque luego se echo fama que mandava su Magestad a Don Agustin a aquel Reyno para visitar los castillos, fuertes, presidios y baluartes de la marina; pero no todos los ánimos valencianos se quietavan con esta respuesta, porque sabían no ser costumbre, imbiar personage tan calificado a esta visita". De modo que la llegada de Mejía más los grandes preparativos militares que se estaban llevando a cabo en Baleares descubrieron el plan de la expulsión, provocando la alarma entre los moriscos y las protestas de sus señores. Pero esta vez tales protestas no fueron atendidas por la Corona. Descubierto el secreto, el virrey cumplió con las indicaciones reales enviando cartas a los diputados, jurados y señores valencianos, comunicándoles oficialmente la decisión de extrañar de España a todos los moriscos, si bien se comenzaría con los del reino de Valencia por la facilidad y brevedad con que podían ser embarcados.
Llega la Armada
A principios de septiembre la flota procedente de Italia abandonó Mallorca y fondeó en Ibiza, donde se le unieron las galeras de España y los galeones de las Indias.
Los historiadores discrepan acerca del número total de navíos que se reunieron en Ibiza: 62 galeras y 14 galeones de las Indias u Océano con una dotación de 8.000 hombres, según Henry Charles Lea; 50 galeones con unos 4.000 soldados, según Antonio Domínguez y Bernard Vincent. En cualquier caso, se trataba de una Armada poderosísima que se dividió, tomando rumbos distintos: mientras una parte de la escuadra de galeones del Océano, al mando del almirante Oquendo, se dirigía al sur para vigilar las costas africanas, el resto de naves fueron hacia los puertos españoles donde serían embarcados los moriscos. Entretanto, la caballería de Castilla sellaba la frontera terrestre del reino de Valencia. A partir del 17 de aquel mes de septiembre de 1609 comenzaron a arribar las naves a sus puertos de destino: Los Alfaques de Tortosa, Vinaroz, Valencia, Denia y Alicante. Una vez allí desembarcaron las tropas, que fueron distribuidas entre los lugares de mayor importancia estratégica. En el capítulo 48 del libro X de su crónica, publicada en 1611, Gaspar Escolano escribe: "En Denia se dio orden, que del Tercio de Napoles se desembarcassen quatro compañias, y que la una dellas, que fue la de Maesse de Campo Don Sancho de Luna, se metiesse en la villa; la otra del Capitan Diego de Mesa en Xabea; la tercera de Don Sebastian de Neyra, en Tablada [Teulada]; y la quarta de Don Diego de Blanes cavallero de Valencia, en Benisa. En Alicante se desembarcaron otras quatro de la armada de los galeones del mar Oceano, y se alojaron en sus contornos: las demas se quedaron de respeto en sus escuadras, que estavan en los dichos puertos". Por su parte, el alicantino Rafael Viravens, en su crónica de 1876, concreta al respecto que Felipe III envió al puerto "de Alicante la Armada Real del Mar Occéano al mando del General Don Luis Fajardo, las galeras de Sicilia, capitaneadas por D. Pedro de Leiva; las de Portugal dirigidas por el Conde de Elva y otras en que vinieron muy buenos soldados, capitanes y caballeros (É) el mismo dia 22 (É) el desembarque de ocho compañías de soldados viejos que fueron alojados en la Ciudad y sus contornos". El 24 de septiembre fueron nombrados por Agustín Mejía cinco comisionados para que supervisaran el embarque de moriscos en los cinco puertos elegidos, y otros 32 que dependerían de ellos para que recogieran a los exiliados y los condujesen hasta esos puertos.