Entrevista a Miguel Lorente Acosta. Delegado del Gobierno contra la Violencia de Género

´Hay que trabajar con las maltratadas para que no acepten la violencia como algo normal´

Vive en Jaén donde preside la Comisión Deontológica del Colegio de Médicos, tiene amplia dedicación en Granada y se encarga de defender a las mujeres españolas contra la violencia de género, duro y hermoso empeño.

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´Hay que trabajar con las maltratadas para que no acepten la violencia como algo normal´
´Hay que trabajar con las maltratadas para que no acepten la violencia como algo normal´ 

por Ángeles Cáceres - ¿Empezamos por el ADN, del que es usted máximo experto?

Su análisis forense ha sido una revolución a partir del año 87, porque por primera vez permitió atribuir indicios y elementos de identidad con un porcentaje superior al 99´99%. Antes, los medios que existían situaban el porcentaje de identificación alrededor del 100%, pero a veces alejándose bastante. El ADN con esas características de individualidad, específico de cada persona que puede ser detectado en indicios mínimos, una mancha de saliva, un pelo, es una revolución de la identificación criminal en casos de delitos y permitió establecer la identificación vía parentalidad, padres, madres y familiares cercanos, conociendo alguna referencia de la familia para poder vincularla o descartar el hijo o la hija incluso a través de saltos generacionales. Por ejemplo, en Argentina se permitió identificar a los nietos de las Abuelas de la Plaza de Mayo sin contar con los padres.

- No hubieran podido, muchos cadáveres jamás aparecieron.

Pero como el ADN se va transmitiendo, y el ADN mitocondrial además sólo se hereda de madres a hijos porque lo transmiten las mujeres, no hay una interacción con el masculino y por tanto cualquier hijo o hija tiene el mismo ADN que su madre, abuela, bisabuela, tatarabuelaÉ te puedes remontar a muchas generaciones, y de hecho los personajes históricos que hemos trabajado nos permiten poder identificar a la persona si tenemos algún descendente, o sus restos óseos.

- Su hermano continúa con Cristóbal Colón, ¿usted ya no?

Yo sigo estando dentro del equipo, pero empecé con Violencia y últimamente no tengo tiempo para otras cosas.

- Pues vayamos ya con el tema: ¿la igualdad es una utopía?

Es una utopía que hay que hacer realidad. La igualdad es uno de los derechos fundamentales sobre los que debe estructurarse una sociedad: no hay libertad, no hay justicia si no hay igualdad. El problema es que se ha jugado con lo que se ha entendido por igualdad, cuando se ha establecido y se ha considerado una igualdad entre iguales. Pero eso no es algo que supere los límites de la organización social para elevarlo a valor, sino que ha sido una forma de estructurar las relaciones basada en jerarquías. Cada sociedad ha establecido una jerarquización sobre el sexo, la religión, aristocracia de la sangre, el color de la piel, y dentro de esa jerarquía había unos valores que estaban por encima de otros, y en cada uno de esos elementos estratificados el hecho de ser hombre estaba por encima del hecho de ser mujer.

- Como el de ser blanco sobre el de ser negro o musulmán.

Sí, se ha escondido la desigualdad sobre argumentos objetivos de carácter sociológico o cultural para no reconocerla. Y no hay que conformarse con una igualación aritmética: la igualdad no basta con que sea una igualación, como la libertad no es estar fuera de prisión. La igualdad, ahora mismo, no está interiorizada como un valor en muchas personas.

- ¿Qué papel tiene la Iglesia en ese bloqueo a la igualdad?

Todas las instituciones que estructuran nuestra sociedad están creadas bajo la influencia patriarcal, el "pater familias" del Derecho Romano sigue siendo el modelo que aglutina y articula la convivencia. Aunque sea la mujer la que tenga toda la responsabilidad de la tarea diaria.

- Y la que aún la reparta sexistamente demasiadas veces.

Porque es algo cultural. Las características que se han utilizado, biológicas, psicológicas, de las mujeres, realmente no están dirigidas a esa labor de atención, cuidado, cariño, afecto, como se ha tratado de representar. Siempre se ha dicho que las mujeres tienen unas características -el instinto maternal, la amabilidad, la paciencia, la comprensión- que los hombres no tienen porque ellos son más agresivos: la testosterona, la competitividadÉ Jugando con esas diferencias, muchas de ellas culturalmente condicionadas, se han asignado unos roles a las mujeres y a los hombres.

- Y a las profesionales que dedican mucho tiempo al trabajo se les tacha de malas madres.

Exacto. Pero nadie llama mal padre a un director general por pasarse la vida fuera de su casa, al contrario, dicen: es admirable, cuánto trabaja para que su familia tenga de todo.

- Mal vamos si eso no cambia.

Mientras que no cambien esos referentes culturales, y la igualdad no se vea como un valor por el cual tú no puedes imponer a nadie ese tipo de tareas y exigírselas, seguirá habiendo elementos que reproduzcan los valores tradicionales.

- Hemos visto a la abogada de Miguel Carcaño, uno de los del caso Marta del Castillo, explayarse en un programa de TV; manifiéstese usted al respecto.

Bueno, estamos siendo muy críticos con la manipulación de determinadas informaciones y con la instrumentalización para objetivos puramente comerciales de los medios de comunicación. Somos conscientes, porque está estudiado, que los medios de comunicación son la vía que tiene la inmensa mayoría de la sociedad para conocer la violencia de género, de hecho los estudios del CIS hablan de un 95%. Y de ese 95, el 94% a través de la televisión. Los medios de comunicación tienen una labor de gran responsabilidad: transmitir esa realidad para que se cuestione y no se acepte, minimice ni justifique; porque todavía sigue justificándose alrededor del alcohol, las drogas, el arrebato, etc.

- Eso ya se habla de cambiarlo.

El problema es cuando desde distinto ámbito se ha utilizado, y se utiliza, la violencia como un elemento más de juego, de recreación, de entretenimiento. Y no se puede entretener a la sociedad con violencia, porque eso es adormecerla en la posición crítica que tiene que despertar para que puedan cuestionarse no sólo las agresiones sino lo que lleva a ellas; que es donde realmente nace, vive y se refugia la violencia. No he visto las declaraciones de esa abogada pero creo que no es el ámbito para poder hacer referencia a eso; sobre todo, cuando hay un proceso abierto.

- En el cual unos niñatos se están choteando de la asesinada, su familia, la sociedad y la Ley. En fin, ¿cómo andan de violencia las parejas gays?

Conceptualmente no forman parte de la violencia de género, que es la que nace sobre esa atribución de lo que es ser hombre y ser mujer, un género en el que el hombre tiene unos roles y la mujer otros. El hecho de que en los del hombre se contemple la capacidad de corrección y de limitación hace que se produzca la violencia, con las características de justificación al agresor, aceptación y minimización por parte de la víctima, lo de "mi marido me pega lo normal", que hace que la media de tiempo que permanece una mujer en violencia antes de denunciar esté entre los siete y los diez años. Esa situación no es comparable a ninguna otra, por tanto la violencia entre parejas hombre-hombre o mujer-mujer es violencia, ni más grave ni menos, pero no es violencia de género.

- En su curriculum leo que ha llegado a la violencia de género de la mano de la práctica de la forensía, ¿me lo explica?

Yo soy hijo de médico de pueblo, algo que se lleva muy dentro para odiarlo o para amarlo y en mi caso somos tres hermanos médicos, o sea que lo amamos mucho.

- Un recuerdo de su infancia.

La dedicación y el amor a la profesión. Ese respeto a las personas, yo he visto a mi padre acostarse a las tres de la madrugada, llamarlo a las cuatro, ir a hacer la visita, volverlo a llamar a las seis y levantarse sin una queja. O quedarnos toda la familia en casa a punto de salir, porque lo llamaban a un parto o lo que fuera, y tomarlo como algo completamente natural.

- Volvamos a los orígenes que le han llevado a que le elijan para defender a las mujeres.

Cuando yo estudié forense sabía que había violencia doméstica, familiar, pero cuando empecé a ver víctimas de violencia de género en el año 88, mujeres maltratadas que llegaban llenas de golpes, en vez de desear venganza como cualquier otra víctima, lo primero que decían era: es muy buen padre, quiere mucho a los niños, no es maloÉ me pega lo normal pero hoy se ha pasado.

- No cuestionan la violencia.

No: cuestionan el grado. Ante eso vi que al principio "lo normal" era un bofetón y al cabo de unos años la paliza. Era una situación muy repetida y que evoluciona igual, al cabo de una semana dicen: "ya lo he perdonado y me ha dicho que no me va a pegar nunca más".

- Que es lo que dicen cada vez. Menos cuando las matan.

Sí. Empecé a estudiar el síndrome de la mujer maltratada como situación clínica, científica, lo publiqué, y a raíz de aquello fue cuando un grupo de feministas empezó a leer mi trabajo y lo integraron en un contexto donde tenía más significado y trascendencia. Ahí me di cuenta de que el problema no era médico, ni médico forense, sino social, que tiene muchas repercusiones de calado muy profundo, tanto en su significado como en su origen.

- ¿Son realmente útiles los cursillos para maltratadores?

Deben ser programas, no cursos, y tienen que tener una estructura. Justo ahora estamos trabajando para buscar una homogeneización y poner en marcha un programa piloto. Lo que está claro es que la violencia de género nace de una voluntariedad, ningún elemento psicopatológico lleva a un individuo a ser violento de manera sistemática, incontrolada y repetitiva sobre la mujer. Nace fundamentalmente de la percepción de que la violencia le da poder, beneficio, y él la usa. Yo creo que esos programas hay que ponerlos en marcha, pero bien. Y habrá casos perdidos en los que no merezca la pena usar ninguno.

- Duro. Pero estoy de acuerdo.

Lo entiendes, ¿verdad? Es como un cáncer: para uno terminal no habrá operación, ni quimio, ni nada, y otro se resolverá con un tratamiento mínimo. Si identificamos qué tipo de programa se adapta a cada tipo de maltratador, podremos hacer algo positivo. Y hay que trabajar mucho con las mujeres, la clave está en recuperarlas para que nunca vuelvan a aceptar la violencia como algo normal.

- Y al primer grito, puerta.

Antes. Es fundamental decirles a ellas desde niñas "no dejes que ningún chico te controle, te imponga o decida por ti", y a ellos "no se te ocurra intentar controlar, imponer o decidir por una chica".

- Dicen que se exagera con lo de la discriminación positiva.

La acción, que no discriminación, positiva es un instrumento para buscar la igualdad y corregir desigualdades. Curiosamente cuando se habla de paridad siempre se cuestiona que no puedan cumplir las mujeres.

- Y nunca que sea el hombre el que no tenga capacidad.

Exacto, el concepto ya nace de un prejuicio: de considerar que el hombre no tiene que demostrar nada y la mujer sí.

- Lo peor es que hay señoras que no suben a un taxi si ven a una mujer al volante.

Sí, pero en todas las profesiones la mujer ha ido rompiendo esquemas tradicionales y demostrando que lo hace incluso mejor que muchos hombres.

- Nos queda un gran trecho por delante a las mujeres. Empezando porque cambien tantos jefes, compañeros de trabajo, padres, hijos, parejasÉ y siguiendo por más de cuatro jueces. Y juezas, también.

Yo creo que el paso ya se ha dado: la sociedad está tomando conciencia de las desigualdades y hay mucha gente trabajando en la línea de superarlas.

- Vamos sin tiempo ni espacio pero me gustaría terminar con algo de su último libro "Los nuevos hombres nuevos".

Hay una clave en el libro que es el postmachismo, y es una reacción social crítica con la igualdad, que trata de presentarse en una posicion intermedia entre lo que es el machismo tradicional, al cual alimentan aunque dicen "nosotros no somos machistas violentos", y lo que buscan es una crítica al movimiento por la igualdad, al feminismo, al movimiento de mujeres, cuando en realidad el feminismo no busca una situación de privilegio para las mujeres sino el beneficio para los hombres y las mujeres, aunque haya que corregir aquello que es deficitario. Cuando la desigualdad ha beneficiado a los hombres nunca se ha cuestionado ni nadie ha hecho nada para cambiala, y ahora que los hombres se creen perjudicados, por ejemplo, porque en las separaciones haya una predisposición a que los niños permanezcan con las madres, se consideran injustamente tratados. Los padres no deben de sentirse, como padres ni como hombres, atacados ni cuestionados por la igualdad, lo que tienen que hacer es trabajar desde dentro para que esa igualdad se traduzca en beneficio para todos y para todas.

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