Reportaje. Tradiciones en evolución

RITOS CANDENTES

Tres de cada diez alicantinos optan por las incineraciones y la tendencia está en auge, pese a que la Iglesia prefiere los sepelios y se opone a que las cenizas descansen fuera del cementerio.

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RITOS CANDENTES
RITOS CANDENTES Pilar Cortés

Las cremaciones ganan terreno a los entierros pese a la recomendación de la Iglesia

POR SYLVIA ESCRIBANO Los obispos italianos aprobaron el pasado miércoles un nuevo código de ritos funerarios en el que, a pesar de no prohibir la incineración, aconsejan que las cenizas descansen en los cementerios. Días atrás, el obispo auxiliar de Oviedo dio un paso más y se manifestó en contra de la cremación como alternativa al enterramiento cristiano, en base a la creencia católica en la resurrección de los muertos. En Alicante, el obispado aconseja los sepelios tradicionales, no condena la incineración, pero se opone también a que no se entierren los restos.

La sociedad cambia y resulta inevitable que también lo hagan las costumbres, incluso en el momento del último suspiro. Las cremaciones van ganando terreno cada año a los tradicionales entierros cristianos y un tercio de los alicantinos son incinerados cada año. El destino que las familias dan a las cenizas va desde depositarlas en el cementerio, en casa, verterlas al mar a bordo de un barco, lanzarlas al aire con una avioneta o un globo, a otras opciones más novedosas, como reconvertirlas en un diamante o hacer que de ellas brote un árbol. Laicos y católicos se decantan cada vez más por esta tendencia, pero ¿qué opina la Iglesia?

El Obispado de la Diócesis de Orihuela-Alicante "aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos". No obstante, en su reglamento reconoce que "por el cambio en las condiciones del entorno y de la vida" la incineración es una opción muy presente, por lo que "no se prohíbe la cremación, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana".

De esta forma, la Iglesia alicantina muestra su preferencia por la inhumación y aunque no rechaza de plano la cremación sí pone condiciones en cuanto a las cenizas: "Se debe exhortar a los fieles a no depositarlas en el mar, lanzarlas al aire ni conservarlas en casa, sino darles la sepultura acostumbrada".

Esta postura coincide con la doctrina de Roma y el nuevo código de ritos funerarios aprobado este miércoles por los obispos italianos en el que se recoge que las cenizas deben depositarse en un lugar sagrado o inhumadas en los cementerios. Para la jerarquía eclesiástica que se tiren las cenizas de los muertos es un acto pagano y llevarse los restos a casa, un gesto "fetichista" que banaliza la muerte.

Recientemente, el obispo auxiliar de Oviedo, Raúl Berzosa, dio un paso más al rechazar la incineración como alternativa de los católicos al enterramiento. Consideró que "va en contra de la doctrina de la Iglesia y sólo se admite por razones de higiene pública o motivos muy especiales". Argumentó su preferencia por los enterramientos al explicar que "hay que enterrar el cadáver en tierra porque creemos en la resurrección de la carne y porque el cuerpo humano es el templo de Dios".

Entre los 5.000 cadáveres que fueron incinerados el año pasado en la provincia "hay muchos católicos", como explica el director de Marketing del Grupo ASV de servicios funerarios, Víctor Humanes, quien confirma que la cifra aumenta cada año. En los tanatorios se realizan ceremonias previas a la incineración, que mayoritariamente son católicas, pero que también pueden ser laicas o de otras religiones.

Y es que, pese a las preferencias de la Iglesia, son muchos los creyentes que se decantan por la incineración e incluso por la conservación de las cenizas. "No me siento menos cristiana", dice Elena, una vecina de Sax que guarda en casa las cenizas de su difunto marido. Él mostró en vida su disposición a ser incinerado y así lo pidió la familia cuando llegó el momento. Esta mujer tenía claro que el mejor lugar para tener sus cenizas era en casa, pues "él no quería estar en el panteón que tenemos y yo estoy impedida como para poder ir al cementerio a visitarle". Describe que la urna con los restos de su esposo se encuentra sobre un mueble del salón, rodeada de fotos familiares, velas, flores e imágenes religiosas. Un altar que le permite sentirse "más cerca" de él.

El marido de Elena forma parte del 35% de los difuntos que fueron incinerados el año pasado en la provincia -un 3% extranjeros-, donde murieron un total de 14.055 personas, según datos del grupo ASV y del Instituto Nacional de Estadística (INE). Desde la agrupación funeraria, Víctor Humanes indica que la cifra de cremaciones aumenta poco a poco cada año desde hace unos cinco. La tendencia está clara y sigue el rastro de lo que ocurre en el conjunto del país. Según la Asociación Funeraria de España (Afues) la media nacional de incineraciones se sitúa en el 30%, algo en lo que coincide la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (Panasef). Desde esta agrupación, a la que pertenece el grupo ASV, aseguran que hay ciudades como Sevilla, Cádiz o Málaga donde ya se incinera a más de la mitad de los muertos.

Entre los motivos de este auge de las cremaciones y del esparcimiento de las cenizas se encuentra el factor económico. Y es que, aunque la diferencia de precios entre un sepelio normal y una incineración no es muy grande, el coste de un nicho en el cementerio disparar el presupuesto. El precio por las parcelas en el camposanto las establecen los Ayuntamientos, como apunta Humanes, quien asegura que existen grandes diferencias entre localidades.

La Unión de Consumidores de España (UCE) estima que el coste medio de un sepelio es de 2.200 euros, mientras que una incineración puede suponer unos 1.280 euros. El responsable de la agrupación en Alicante, Pedro Hernández, confirma los datos con una factura que acaba de recibir tras la muerte de un familiar cercano y que no incluye el coste del nicho: "Se trata de un entierro normal y cuesta 2.383 euros, en los que se incluye el coche fúnebre, un féretro, los costes del velatorio y de los trabajos estéticos al cadáver, tres coronas de flores, la lápida y su inscripción, así como el servicio religioso". Hernández considera que una cremación resulta algo más barata. Aún así, "morirse sale caro", reconoce. Por ello, aboga por que en la provincia haya mayor competencia en los servicios funerarios.

El precio se puede disparar en el caso de las incineraciones dependiendo de la urna que se escoja o de la modalidad para esparcir las cenizas. Entre las novedades de los últimos años se encuentra la posibilidad de reconvertir los restos de un ser querido en un diamante. Cabría entonces sumar a la cremación entre 2.000 y 12.000 euros más.

"Las cenizas tienen carbono y por presión se consigue convertirlas en un diamante. Así, se puede llevar la esencia de una vida en el cuello en forma de joya", destaca Humanes. Esta opción es cada vez más demandada por los familiares, pero entre los primeros en hacerlo se encuentra el psicólogo Carmelo Hernández, que guarda como su mayor tesoro la piedra preciosa en la que se han reconvertido parte de los restos de su madre, fallecida hace tres años.

Sin poder evitar emocionarse al hablar de ella, cuenta que ambos estaban muy unidos. Ya habían hablado antes y su madre le expresó su voluntad de ser incinerada y de que la tuviera siempre cerca como una joya. "Acuérdate hijo, la sortijita, la sortijita...", fueron las últimas palabras que le dirigió. Ahora, ella es un diamante azulado.

"Cada piedra adquiere un color único en cada caso", explica Carmelo. Para él, "es una reliquia con un gran valor sentimental" que guarda en casa dentro de una cajita. Recuerda que "al principio, hubo gente que no lo entendió, sobre todo los más religiosos", pero él se mantuvo firme en su convicción de que era "la mejor forma de recordarla".

Otra de las propuestas que algunos tanatorios ofrecen a las familias es la posibilidad de hacer brotar de los restos de sus seres queridos una planta. Consiste en echar las cenizas en una urna con semillas e introducirla en la tierra para que nazca un árbol.

Existen otras opciones, como lanzar los restos incinerados al aire desde una avioneta o, más novedoso, desde un globo aerostático. El responsable de la empresa Aeroglobo, José Antonio Moreno, comenta que han prestado este servicio en la provincia en varias ocasiones, aunque matiza que no se dedican profesionalmente a ello. Indica que la demanda de vuelos para aventar cenizas es mucho mayor en otros países europeos. El coste es de 130 euros por cada pasajero que quiera ir abordo.

Quizás una de las fórmulas más extendidas sea la de arrojarlas al mar. Esta alternativa no está restringida a las familias que poseen una embarcación, pues existen empresas que se dedican a organizarlo todo. Víctor Mulas es el gerente de una de ellas, "Cenizas al Mar", que estuvo trabajando en la provincia durante ocho años. Por 370 euros la embarcación traslada a la familia mar adentro, donde tiene lugar una ceremonia con el canto de la Salve Marinera y se arrojan los restos. El evento dura alrededor de una hora, tras la que se entrega a los allegados un certificado con las coordenadas exactas donde las lanzaron.

"Fuimos pioneros y abrimos camino", cuenta el empresario, quien explica que tuvieron que cerrar la delegación en Alicante y ahora se centran en la zona de Valencia y Barcelona. No obstante, en la provincia existen diversas mercantiles que prestan en la actualidad servicios similares.

"También hay muchos piratas", afirma Mulas, quien considera que para realizar esta actividad tienen que estar autorizados. "Cuando comenzamos a funcionar nos exigieron informe forense para confirmar que las cenizas no contaminan y tomamos otras medidas, como que las urnas sean biodegradables y lanzarlas a más de tres millas de la costa".

Existe un reglamento de Policía Sanitaria Morturia, de ámbito nacional pero desarrollado por la Generalitat, que regula aspectos referentes a la incineración, como la emisión de gases de los hornos, según confirma el responsable de Marketing de ASV. Sin embargo, no específica qué se puede hacer con las cenizas, asevera Humanes.

"No contaminan, porque al incinerar un cuerpo en el ataúd se extraen todos los elementos metálicos", argumenta. No obstante, hay que tener en cuenta que sólo pueden arrojarse al mar urnas biodegradables.

Los tanatorios, conscientes del auge de la tendencia a la incineración, ya comienzan a estudiar nuevas fórmulas para ofrecer a los difuntos un lugar de descanso. "Cuando se lanzan al mar o al aire las cenizas, la familia se queda sin un lugar de referencia al que acudir cuando quieran recordarlo. Por ello, estamos planificando la creación en nuestros tanatorios de columbarios y de un lago del reposo al que poder lanzar los restos", anuncia Humanes.

Para seguir teniendo una referencia del ser querido, algunas personas optan por los relicarios, donde introducen una pequeña parte de las cenizas y el resto las arrojan al mar, al aire o las depositan en un cementerio. "Puede ser como un colgante o una figura de porcelana", dice.

Aunque la cremación y el esparcimiento de las cenizas aumenta, existen países en los que esta tradición está más arraigada. De los cuatrocientos extranjeros que fueron incinerados en la provincia el año pasado (un 3% del total de las cremaciones) la mayoría fueron ingleses. Desde ASV aseveran que la cremación se aplica a un 70% de los difuntos de Reino Unido y en el caso de los japoneses, al 99%. El resto de los europeos, a excepción de italianos y franceses, también tiene preferencia por la cremación.

A veces, se decantan por esta opción porque resulta más fácil y económico repatriar unas cenizas que el féretro con un cadáver. Si se incinera al ser querido, los familiares pueden desplazarse y recoger en persona la urna para llevársela en el avión sin coste extra, pero trasladar el ataúd puede llegar a costar hasta 2.000 euros, dependiendo del destino al que se dirijan.

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