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HEMEROTECA » |
por Ángeles Cáceres Tiene la sonrisa abierta, los ojos insaciables, la vocación definida desde su primera infancia. Carga mucha vida sobre la espalda, pero no alardea de ello. Y se ha embarcado a conciencia en un viaje largo, infinito, con el conocimiento como destino.
- Al acabar la carrera trabajó en Alemania, Londres y Madrid, y acabó en Alicante, ¿por qué?
Es que éste es un centro de referencia, no sólo en España sino internacional. En 1989 en Londres empecé a trabajar en desarrollo embrionario, y esencialmente estudiando genes cuya función es decirle a las células dónde tienen que colocarse para formar distintos tejidos y distintos órganos. Y justamente antes de volver a finales del 92 es cuando encontramos un gen que efectivamente ahora ha sido, digamos, el primero de un familia que es fundamental para que las células puedan desprenderse del lugar donde se originan y adquirir la capacidad de moverse para llegar a sitios que están muy lejanos y formar distintos tejidos y estructuras; cuando estos genes no funcionan el embrión no puede prosperar. En lo que nosotros llevamos trabajando casi veinte años es en la familia de genes que se encarga de dotar a las células de esa capacidad de movimiento para poder realizar este proceso.
- ¿Sabe que la consideran uno de los mejores "cerebritos" del Instituto de Neurociencias?
Aquí no hay "cerebritos" sino equipos de trabajo. Y es importante dejar claro que éste es un Instituto mixto, de la Universidad Miguel Hernández y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Tiene tres unidades de investigación, y yo dirijo una de ellas.
- Acumulando ya varios premios importantes. Por cierto, está casada pero sin hijos, ¿eso es porque la ciencia le absorbe todo su tiempo?
Nunca he sentido discriminación ni he tenido problemas por ser mujer. Tuve un primer matrimonio, y no diré que mi trabajo fuera el culpable del divorcio pero sí que fue un componente importante. Es verdad que para una mujer es mucho más difícil en el sentido de dedicación, requiere muchísimo tiempo y la sociedad no está preparada para que las mujeres hagamos esto. Yo tuve la desgracia de perder dos bebés ya muy avanzado el embarazo. Esa es mi situación: no tengo hijos, pero sí pareja, un trabajo apasionante y gente fantástica en el laboratorio; somos un grupo muy grande y estamos aquí de la mañana a la noche.
- ¿Y su segundo marido sí entiende su horario laboral?
Perfectamente: es Juan Lerma, director de este Instituto. Nos conocemos de Madrid, del Cajal; yo dirigía una unidad con el mismo nombre que aquí y Juan otra de Fisiología, y a finales del 2004 nos vinimos aquí cada uno con su equipo, algo bastante infrecuente.
- Más infrecuente es dejar Madrid para irse a provincias.
Yo creo que el problema en España es la falta de movilidad, a la gente no le gusta moverse de sitio. Y eso para la ciencia no es bueno. La ciencia es internacional, y es muy importante moverse hacia el sitio donde se pueda trabajar mejor.
- ¿Qué va a pasar con el tijeretazo del presupuesto en I+D?
Vamos a ver cómo nos afecta. Son momentos para una reflexión profunda y un cambio de prioridades, los científicos pensamos que el recorte en I+D es justo lo que no se debe hacer, y gran parte de la sociedad empieza a pensarlo también. Hay que cambiar de forma de vida en general, cuidar el medio ambiente, tomarse en serio el cambio climático y cambiar el modelo económico particular de España. En vez de invertir tanto en construcción, que nos ha llevado al paro, hay que ir a la alternativa a ese modelo, que sería invertir en I+D, y por tanto en futuro y bienestar.
- ¿Seguro que la sociedad le da importancia a la investigación?
Yo estoy gratamente sorprendida de que en las últimas semanas, aunque sea por distintos motivos, incluidos los políticos, ha habido una reacción no sólo de las sociedades científicas, la conferencia de rectores, el CSIC, sino también de entidades sociales y partidos políticos insistiendo en que no es el momento de recortar en I+D. Quizás estemos en un punto de inflexión: hace muy poquito tiempo que la investigación científica ni siquiera aparecía en las campañas electorales de los partidos.
- Tal vez los políticos intenten utilizarlos, ¿no cree?
Pues en todo caso habría que aprovecharlo, intentar que el recorte de presupuestos no sea el que está previsto en el primer borrador, e incluso que se pueda revertir. La crisis nos ha pillado en un momento en que hemos pasado unos últimos años muy buenos en ciencia, ha habido una gran inversión, así que el recorte ahora será menos grave que si hubiera sido hace cuatro años. Pero no podemos pararlo porque eso es ir para atrás, y no debe ser así.
- Cuénteme un día suyo.
Un poco largo pero siempre diferente. Me levanto, desayuno con calma, llego aquí hacia las diez y mi jornada suele durar hasta las diez de la noche.
- Sin cansarse de incidir en lo mismo, qué cosas. De García Bellido me fascinó que llevaba toda su vida, toda, estudiando a la mosca del vinagre.
¡Es que es un modelo fantástico! En el Instituto tenemos excelentes grupos de investigación trabajando con ella.
- Califíqueme el Instituto de Neurociencias.
Ahora mismo hay personas en Japón, EE.UU o Sudáfrica que saben la importancia de lo que se está haciendo en un lugar que se llama San Juan, España. El nivel de investigación de lo que se hace aquí está a la altura de los mejores centros del mundo. Lo preocupante es que hay gente que vive aquí al lado y no lo sabe.
- Suele pasar: nadie es profeta en su tierra, dice el refrán.
Pues nosotros estamos encantados de que la gente lo sepa y lo cuente. Tenemos visitas organizadas, para colegios también, y los chicos salen entusiasmados. No hay que olvidar que la práctica totalidad de la financiación de este Instituto es pública: estamos trabajando con dinero de los españoles, por lo tanto no es sólo que tengamos la necesidad de transmitir que éste es un sitio importante para todos, sino que tenemos la obligación de decir y mostrar qué es lo que estamos haciendo con el dinero. Y yo animo a los jóvenes a dedicarse a la investigación, que no es nada aburrida ni tampoco está tan mal. Lo de la penuria del investigador ahora mismo es exagerado. Por ejemplo, las condiciones en las que trabajamos aquí son excelentes.
- ¿Investigar en España ya no es llorar, como antes?
Lo fue. Como ser maestro de escuela. Pero ya no. Aunque siempre tenemos que pedir aumento en la financiación y en el apoyo social, en este Instituto estamos trabajando con una infraestructura que no teníamos en Madrid, ése fue uno de los dos grandes motivos para venirnos Juan y yo aquí.
- Ese fue uno, ¿y el otro?
Una política científica y unas ideas de futuro interesantísimas para este proyecto. Hemos casi triplicado el número de personas que vinimos en cinco años.
- ¿Qué hace en su poquísimo tiempo libre?
Como es tan poco, aprovecharlo. Ver arte, todo el que se puede aquí, y visitar las grandes exposiciones en los grandes museos a los que pueda ir. Mi otra pasión es la gastronomía, y la de Alicante es fantástica. De hecho pronto habrá un congreso que vendrán los mejores del mundo, aunque todo el mundo sabe que los mejores restaurantes los tenemos aquí.
- ¿Y usted se pone al fogón?
Pues claro. Me divierte hacer las recetas para los amigos como si fueran un experimento. Pero lo hacemos entre los dos, Juan cocina fantásticamente, hace unos arroces maravillosos.
- Y usted cocidito madrileño, claro. ¿Y viajar, no le gusta?
Me gustaba; ahora ya no puedo decir lo mismo, tengo que viajar demasiado por el trabajo. Es obvio que hay que hacerlo por la ciencia, ir a congresos, conferencias, presencia en comités internacionales; hay que estar no sólo conectado sino presente; España ha estado siempre poco representada y ahora lo está porque tenemos científicos excepcionales, pero eso supone que hay que ir cuando te llaman y es duro porque te resta tiempo de la investigación, que es lo principal.
- Todos los científicos que he entrevistado son humildes, no se les suben los premios ni la gloria a la cabeza, ¿por qué?
Estos premios siempre nos sorprenden y los agradecemos mucho, pero somos conscientes de que no se deben al trabajo de una persona sino al de todo un grupo de investigación. Sería no sólo no válido, sino estúpido, pensar que son méritos propios y exclusivos: los logros se alcanzan gracias al trabajo en equipo de todas las personas que han ido pasando por el laboratorio a lo largo de los años para hacer su tesis, su estancia postdoctoral, etc.
- ¿Por qué se hizo científica?
Desde muy niña me gustó hacer experimentos, no recuerdo haber jugado con muñecas y sí haber generado alguna pequeña explosión con los juegos de química, que mi madre obviamente escondió para los restos. Me orienté hacia Biología por una profesora fantástica que tuve en COU, Isabel Bauzá. Y también porque cuando yo era pequeña, mi padre me compraba todas las semanas la revista "Investigación y Ciencia".
- ¿Su padre era científico?
Era ferroviario. Todos los días íbamos a recogerlo a la Estación del Norte de Madrid.
- ¡No me diga! Yo me crié en la estación de Chinchilla.
Nudo de comunicaciones. Anda que no hemos parado veces allí y en La Encina, cuando veníamos de pequeños de vacaciones a San Juan y a La Manga.
- Ahora ya entiendo su viaje al conocimiento, los ferroviarios siempre alcanzan a mirar más allá del horizonte aunque no se muevan de la estación.
Pues mira, sí. En la contraportada de la revista que me traía mi padre ponía: "seguiremos avanzando en los campos del conocimiento". Y eso era lo que yo quería hacer.
- Y lo está cumpliendo. Nos quedamos sin espacio, ¿hay algo que yo no le he preguntado y quiera decir antes de acabar?
Pues sí: que estoy encantada con esta entrevista porque es la primera vez que hablo con un periodista y no me pregunta qué es lo que estamos curando.
- Será porque soy hija de médico de pueblo y sé que, para curar, primero hay que conocer.
Exacto: conocer cuál es el funcionamiento normal de algo, para poder reconocer cuándo no funciona como debería funcionar. Eso es lo que hacemos los científicos, y es fundamental concienciar a la sociedad de que tenemos que investigar para conocer, y lo primero que tenemos que conocer es cómo funciona el cuerpo humano normalmente. Por eso ahora tiene sentido que te cuente la vertiente biomédica de nuestra investigación.
- Pues venga, contésteme a eso que no le he preguntado.
¿Qué tienen que ver estos genes que son fundamentales para el desarrollo del embrión con la salud del adulto? Pues lo que nosotros sabemos ahora es que si no funcionan correctamente, no se forman los tejidos correspondientes y el embrión no es viable. Pero también estos genes sirven para que las células se puedan mover desde donde nacen a su destino final, a veces muy lejano; pues si pensamos en el cáncer, inmediatamente nos damos cuenta de que las metástasis son tumores secundarios que se formaron porque hubo células que se desprendieron del tumor primario, escaparon y fueron a algún otro sitio donde colonizaron. Esto es lo que encontramos, que los genes fundamentales una vez que han cumplido su trabajo se apagan, pero en algunos contextos patológicos como el cáncer, se vuelven a activar. Hacen lo mismo que hacían en el embrión, pero ahora de una manera perversa.
- Y a partir de ahí hay que seguir investigando cómo se les podría detener. Es fascinante.
A lo largo de los años hemos encontrado otras enfermedades que se explican por un mal funcionamiento de estos genes pero al revés, por un exceso. Te nombraré las fibrosis, por ejemplo la renal; el enanismo, porque cuanto más funcionan estos genes, más cortos son los huesos largos; otra enfermedad de los huesos que se llama osteomalacia, y, como ya te he dicho, el cáncer.
- Pues ya sé que no hay que pedírselo, pero se lo pido: no tire la toalla, porque en la investigación se apoya la esperanza.
Descuida: nunca se me ha pasado por la cabeza tirarla.
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