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HEMEROTECA » |
Los acontecimientos que se vienen sucediendo durante los últimos años en el campo de la economía y en la sociedad, han abierto una importante grieta en el mundo académico relacionado con el avance del análisis económico y sus posibilidades de aplicación al mundo real.
De alguna forma, la concepción de la Ciencia Económica venía siendo enfocada como una Ciencia Exacta, donde los supuestos de partida han ido alejándose cada vez más de los "sentimientos humanos" que se veían así forzados a ser actores secundarios en un mundo regentado por un funcionamiento "armónico" de las fuerzas del mercado.
No ha sido únicamente este espejismo el que ha encantado a los economistas. También en las economías del "socialismo real" el avance de la aplicación de las matemáticas a la planificación central les llevó a creer que, a través de estos procedimientos, los Gobiernos podían controlar y dirigir las economías de una forma absolutamente independiente de la acción de las personas. Nada más alejado de la realidad como ha venido a demostrar la caída de los regímenes comunistas o el peculiar giro de la economía china.
Esta nueva visión de la Economía como Ciencia Social, más imprecisa y humana -y por ello más real-, no había tenido un reconocimiento público notable. Por ello no puede más que saludarse con satisfacción el otorgamiento del Premio Nóbel de Economía a Elinor Ostrom, de la Universidad de Indiana, especialmente por su obra "El Gobierno de los Bienes Comunes".
Sus investigaciones a lo largo de la historia acerca de la gestión compartida de un buen número de bienes de los que se benefician muchas personas pero que no pertenecen a nadie, por parte de sus usuarios o beneficiarios, han puesto de manifiesto como la organización "espontánea" de los individuos en defensa de sus intereses, puede ser más poderosa que el parcelamiento de la propiedad (harto difícil en muchos casos) o la atribución de la misma a un Estado que ante tantas cosas por hacer, se olvida del cuidado de sus propias competencias.
Los estudios de Ostrom se han dirigido a bienes comunes como pastizales y recursos forestales, pesquerías, utilización de los ríos y los acuíferos, etc. En los mismos se pone en evidencia como la propia autoorganización hace mucho más sostenibles estos sistemas que otras alternativas que desprecien las reglas de comportamiento del uso conjunto de los recursos.
Es de resaltar que este tipo de análisis no se hace sobre los "residuos" precapitalistas del sistema económico, sino que en la actualidad, muchos comportamientos de la economía más avanzada son merecedores de aplicar el análisis de Ostrom. ¿Qué ocurre con las redes de Internet y sus derivados? ¿De quienes son? ¿Cómo están organizadas? ¿Quienes se benefician?
Parece obvio que, a diferencia de otro tipo de bienes, el uso de Internet, más que saturar o esquilmar los recursos, lo que ha hecho ha sido multiplicar su potencial debido al incremento de usuarios, intercambios y productos posibles a incorporar en la red. ¿Qué hubiese sucedido si se hubiese "privatizado" la misma o si el Estado se hubiese adueñado de ella? ¿Hubiese supuesto un avance o la paralización del sistema?
Posiblemente, la Economía como Ciencia Social tiene aún por delante nuevos retos para intentar explicar los cambios que se van a producir en el futuro sobre la utilización de estos "bienes comunes", pero de lo que no hay duda es de que el papel que los nuevos modelos de comportamiento cooperativos va a representar en el futuro requerirá un nuevo esfuerzo a los teóricos de la economía para incorporar estas reflexiones, en cierta medida "antiguas", a la sociedad abierta a la que nos aboca el futuro.
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