Políticamente todo el mundo aplaudió y se alegró por los millones de alemanes que recuperaban sus libertades y se integraban en una de las áreas de mayor prosperidad económica del mundo. Sin embargo las decisiones económicas que se tomaron para la unión de las dos Alemanias fueron el origen de la que posteriormente se conoció como la crisis del Sistema Monetario Europeo de 1992 (SME). Resumidamente, estas decisiones fueron:
1º) La integración de más de 16 millones de personas en la Unión Europea, sin que el nivel del país del que provenían hubiese alcanzado los niveles de competitividad que se les pedía a otros (ejemplo España en 1986), que junto con los 65 millones de alemanes del oeste, constituyeron el mayor país europeo tanto demográfica como económicamente.
2º) La decisión de aceptar un tipo de cambio del marco federal por el marco del este de uno por uno. Esto daba una enorme capacidad de compra a los alemanes del este que habían acumulado una importante cantidad de su moneda entre otras cosas porque apenas habían bienes y servicios de consumo que adquirir en su economía.
3º) La necesidad de invertir grandes cantidades de dinero en obras públicas por parte del Gobierno alemán para reconstruir la Alemania del este y dotarle de infraestructuras y en general de capital productivo que elevara la competitividad de esa zona.
La fuerte inyección de recursos que esto supuso hizo que el Bundesbank, temiéndose los efectos inflacionistas de esa política fiscal expansiva, decidiera elevar los tipos de interés fuertemente. Esa decisión modificaría en los siguientes meses la relación del marco con el resto de las monedas que pertenecían al SME, y participaban del complejo, pero bien pensado, mecanismo de tipos de cambio del mismo. Al aumentar los tipos de interés en Alemania se hizo más atractivo invertir en activos financieros de ese país, lo que forzó la subida de tipos de los otros países que mantenían un tipo de cambio fijo (con bandas de fluctuación del EMBED Equation. DSMT4 2,25%) con el marco alemán. El resultado fue que las expectativas económicas se deterioraron para países como España, Italia e incluso el Reino Unido, al considerar los mercados que con tipos superiores las economías de esos países podrían entrar en recesión lo que llevaría a una posible devaluación de sus monedas respecto del marco. Esto provocó una fuerte especulación contra las monedas de estos países que tuvieron que utilizar sus reservas internacionales para mantenerlas dentro del SME. Estas acabaron agotándose y en septiembre de 1992 el Reino Unido abandonó el SME (y nunca mas volvió) seguido de otros países como Italia, Suecia y Dinamarca. En el caso español, la peseta se devaluó en tres ocasiones en más de un 20% desde finales del 1992 y a lo largo de 1993.
Los efectos de esta crisis del SME sin embargo fueron bastante más intensos para España que para otros países. En 1992 España se encontraba también en la "Champions League" de las economías europeas. Se había reducido la tasa de desempleo del 22% en 1985 al 16% en 1992. La peseta era una de las monedas mas fuertes del sistema. La inversión en viviendas estaba creciendo en los últimos años a tasas extraordinarias creando empleo y proporcionando cientos de miles de viviendas a una población cuyo nivel de renta per cápita estaba aumentando con rapidez, cerrando la brecha entre nuestro nivel de vida y la media europea. Por terminar con la descripción de la idílica situación que pasábamos, hay que recordar que en ese año, España celebró los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Feria Mundial de Sevilla.
Durante el año 1993 y parte de 1994, la economía española sufrió uno de los procesos de recesión mas intensos desde la crisis de los setenta. El PIB disminuyó el 1,5%, la tasa de desempleó pasó en ese año y medio del 16% al 24% y el sector inmobiliario se hundió creando un fuerte incremento de la morosidad de Bancos y Cajas de Ahorros, que llevó a un fuerte ajuste del sistema financiero. Se destruyeron más de 1.000.000 de puestos de trabajo, alcanzándose la cifra de tres millones de parados sobre una población activa que estaba en torno a trece millones.
En 1995 la economía española dio signos de recuperación, estimulada por la mejora en el sector exterior (la devaluación permitió recuperar la perdida de competitividad que habíamos perdido al tener un diferencial de inflación positivo con nuestros competidores) gracias a que otros países europeos estaban tirando con fuerza de la economía. Aunque realmente la crisis se superó a partir de 1997 con la mejora de las expectativas que supuso el proceso de creación de la Unión Monetaria y el esfuerzo que se debió realizar para cumplir las condiciones de integración.
Una crisis que se había iniciado por el deterioro de unos activos financieros acabó teniendo fuertes efectos sobre el sector real (el empleo). Fue una crisis de corta duración pero intensa, sobre todo para algunos países como España.
En nuestro caso se pudo decir que el inicio de la crisis se debió a un shock externo (negativo) que empeoró las expectativas sobre una economía que tenía muchos puntos débiles en su estructura y en la política que estaba siguiendo. La salida de la misma obedeció también a shock externo, esta vez positivo, que tuvo el efecto opuesto. Los mercados volvieron a creer en la economía española y el ciclo comenzó de nuevo.