Reportaje. LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS EN LA PROVINCIA DE ALICANTE (V)

Huidas en masa

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Dibujo que reproduce a una familia morisca de paseo. Weiditz, 1529. Historia de la provincia de Alicante
Dibujo que reproduce a una familia morisca de paseo. Weiditz, 1529. Historia de la provincia de Alicante 

Hostigadas por la Iglesia, agobiadas por los abusivos impuestos señoriales, numerosas familias moriscas decidieron emigrar al norte de África desafiando la prohibición que existía sobre su movilidad

por Gerardo Muñoz Lorente En 1563 se tomó la drástica decisión de desarmar a los moriscos, lo que no impidió que seis años más tarde se rebelaran éstos en las Alpujarras granadinas (iniciada el 23 de diciembre de 1568 y sofocada en la primavera de 1570). A partir de 1571, se abrió la segunda etapa de la historia de los moriscos valencianos, caracterizada según Halperin por la predicación y la represión. Ésta supuso la paulatina destrucción de las estructuras moriscas por la Inquisición; aquélla consistió en nuevas campañas evangelizadoras, tan infructuosas como la anterior.
En 1573, el arzobispo de Valencia, Juan de Ribera, decidió crear veintidós parroquias más en la zona morisca y subir la renta de los rectores hasta las cien libras anuales. El proyecto fue enviado a Roma, donde fue aprobado por el Papa en 1579. Pero para entonces el arzobispo valenciano, con la conformidad del rey español, ya había cambiado de opinión y desistió de poner en marcha el proyecto; sin duda por razones económicas.
Lo mismo ocurrió en 1597, cuando llegó a Valencia el licenciado Covarrubias, canónigo de Cuenca, comisionado por el Rey y el Nuncio, con la misión de dotar definitivamente a las parroquias moriscas de una financiación digna. Pero fracasó al no conseguir que se pusieran de acuerdo las partes que debían participar en el sostenimiento económico de las nuevas rectorías.
Ya en 1599 se llevó a efecto otra campaña de evangelización, pero sus frutos fueron escasos. La respuesta morisca fue tan hostil que, temiendo una rebelión, el conde de Benavente, virrey de Valencia, tomó precauciones movilizando las tropas.
En el archivo municipal de Elche se conservan copias, en latín y en castellano, de la bula firmada por el papa Clemente VIII el 29 de mayo de 1602, de erección de una parroquia en la aljama de la villa, conocida como arrabal de San Juan Bautista desde que los moriscos más eminentes fueran obligados a bautizarse en 1526. Las tierras que cultivaban se hallaban en el Magram, a la derecha de la rambla del río Vinalopó (lo que actualmente son las partidas de Carrús, el Pla y Casa Blanca), regadas por la acequia de Marchena. Pues bien, en dicha bula, además de señalarse la dotación del párroco, que en total ascendía a 232 libras, y que en teoría "debian satisfacer los Participes de Diezmos", se hace también una breve descripción de la aljama:
"En la villa de Elche ai un arrabal en el qual ay tresçientas y ochenta casas de cristianos nuevos rodeadas de muros para cuia entrada en el dicho arrabal tan solamente ai un portal, y la iglesia parrochial que esta situada en el dicho arrabal fue antiguamente mesquita de los moros con invocacio de San Juan Bautista en la qual un sacerdote asalariado celebra missa los domingos y fiestas de guardar, y tambien da el sacramento del bautismo a los niños de licencia".

EMIGRACIONES
Tras la rebelión de los moriscos de las Alpujarras, miles de cristianos nuevos granadinos emigraron al norte de África o a otros territorios españoles, especialmente Castilla y el reino de Valencia.
Pero, antes y después de esta guerra de las Alpujarras, se produjeron muchas otras emigraciones moriscas al extranjero.
A pesar de la inmigración morisca granadina, hubo noventa poblaciones valencianas de cristianos nuevos que, entre 1527 y 1563, descendieron notablemente en número de habitantes, despoblándose por completo algunas de ellas inclusive.

Huidas en masa
Hostigadas por la Iglesia, agobiadas por los abusivos impuestos señoriales, familias moriscas decidieron emigrar al norte de África, desafiando la prohibición que existía sobre su movilidad.
En 1526 fueron 170 familias de cristianos nuevos de Callosa de Moncada (Callosa d'Ensarriá) las que se marcharon con la colaboración de los corsarios berberiscos.
La acantilada costa alicantina que abarca desde el cabo de San Antonio hasta Campello, salpicada de pequeñas calas y puertos naturales, era muy propicia para la huida por mar de los moriscos que hasta allí llegaban por caminos que cruzaban las serranías del interior, procedentes de los valles de Guadalest, de Bolilla y Tárbena, de Laguar, Jalón y Orba. Moriscos no sólo del reino de Valencia, sino también de Aragón y de Castilla. Hasta estos refugios naturales arribaban a su encuentro las fustas berberiscas. Estos ligeros buques de remos advertían de su presencia mediante el antiquísimo sistema de las fogatas. Prendían éstas por las noches en el mar, iniciando así una cadena luminosa que llegaba hasta los más remotos puntos del interior del reino valenciano, saltando las montañas de cumbre en cumbre.

Apoyo señorial
La emigración morisca contaba con el apoyo de los señores. Pero este apoyo no era gratuito: los salvoconductos o guiatges debían ser comprados por los moriscos en metálico. También los corsarios berberiscos les cobraban sus servicios. Un ejemplo de ello lo encontramos entre los moriscos de Senija, que en 1587 ofrecieron tres mil ducados (y el saqueo de Benissa) al gobernador de Argel, para que los embarcase y los llevase a aquella ciudad.
Gracias al proceso inquisitorial a que fue sometido en 1542, ya sabemos que Sancho de Cardona, almirante de Aragón, facilitaba salvoconductos a los moriscos que deseaban emigrar. El principal testigo del juicio, Miguel Zaragoza (Çaragoça), párroco del Valle de Alcalá, hizo una declaración el 6 de marzo de aquel año que implicaba a otros señores, además de Cardona. Por su relevancia al explicar el camino que seguían los moriscos y el sistema de fogatas que empleaban, merece la pena transcribir parte del siguiente párrafo:
"Añadió que todos los convertidos de este reyno y tagarinos y alárabes que se pasan en Argel e los mas vienen primero a la Vall de Seta a D. Rodrigo de Beamont, procurador de la dicha Valle de Seta y Guadalest a guiarse y el dicho D. Rodrigo los guía y ansí guiados vienen a la dicha Valle y de alli se pasan a Palop [Polop] adonde los guía D. Gaspar Sans y de Palop se embarcan (É) y havía visto un guiatge firmado de su mano de D. Rodrigo de Beamont en poder de un morisco de la huerta de Oliva que se pasó a Argel y que todos los moriscos cablan [que habían] en esto dicen que los que pasan van guiados por el dicho D. Rodrigo de Beamont y por D. Gaspar Sans y que luego que hay fustas en una noche se sabe hasta Segorbe según ha oído decir a los mismos moriscos porque dicen que las fustas hacen fuego en el mar de noche y aquel fuego responde a una montaña que se dice Aytana y aquella montaña hace otro fuego el cual responde a otras hasta Segorbe (É) y que ansí se van y están allí hasta que ven oportunidad de fustas para poderse pasar y así se pasan de cada día que no queda ninguno a venir en ellas. Y terminó diciendo que por estos guiatges se pagaban uno, dos o tres ducados según quien esÉ".
El mencionado funcionario real, Gaspar Sans, gobernador de la fortaleza de Polop, acusado de formar parte de esta organización encargada de hacer pasar moriscos a África, confirmó y amplió ante el tribunal inquisitorial lo declarado por el párroco de Alcalá. El motivo principal por el que colaboró con aquella organización era económico. El virrey no enviaba las pagas de sus soldados y él necesitaba dinero. Aceptó por tanto firmar salvoconductos y permitió que sus subordinados acogiesen a moriscos valencianos, castellanos y aragoneses, mientras encontraban la oportunidad de embarcarse hacia África. Algo que, según reconoció, hacían todos los señores. Y tenía razón, por cuanto, mientras él declaraba en Valencia, el clérigo que había ido a sustituirlo en Polop seguía vendiendo salvoconductos.
El apoyo señorial a la emigración clandestina de moriscos comenzó a declinar en 1561, cuando el rey se interesó personalmente en una mejor fortificación de la costa alicantina. Y prácticamente ya no existía en octubre de 1575, cuando el virrey prohibió a los moriscos valencianos aproximarse al litoral sin su permiso (a excepción de los arrieros), bajo pena de tres años de galeras.
En cualquier caso, la huida morisca continuó pese a la retirada del apoyo señorial. En 1584, por ejemplo, ciento cuarenta familias de cristianos nuevos de la baronía de Polop emigraron al norte de África.

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