Reportaje. LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS EN LA PROVINCIA DE ALICANTE (VI)
por Gerardo Muñoz Lorente
Como veremos más adelante, aunque los ataques de los corsarios berberiscos en la costa alicantina fueron numerosos en aquella época, muy pocas veces se atrevieron a adentrarse en el interior, siendo los moriscos que deseaban marcharse con ellos quienes se acercaban a la costa. La vez que más adentro llegaron (no sólo en el reino de Valencia, sino en toda España) fue en octubre de 1529, cuando, dirigidos por Cachidiablo, lugarteniente del célebre pirata Barbarroja, los corsarios berberiscos saquearon Parcent y Murla. Luego conoceremos con más detalle los daños que sufrieron ambas poblaciones; ahora ciñémonos a lo siguiente, escrito por el historiador Prudencio de Sandoval unos setenta años después de ocurridos los hechos: "(É) la víspera de San Lucas, día 17 de octubre de 1529, apareció en el mar de Altea el lugarteniente de Barbarroja, el famoso pirata Cachidiablo, con once fustas y cien turcos en cada vandera, de seis que apeó, con los quales y con hombres pláticos de allí que guiaban llegó a Parcent aquella noche sin ser sentido. Recogió los moros de aquel lugar con sus mugeres, hijos y ropa. Embió luego dos compañías a Murla, los quales hizieron otro tanto y cuando amaneció tenía de ambos lugares y de otros de por allí mas de 600 personas y mucha ropa, que todos se llevaban cuanto podían (É) entrando esta vez los Turcos más adentro que nunca en España avían entrado por tierra, porque ay tres grandes leguas desde Murla hasta el río de Altea por donde entraron". Además de Parcent y Murla, Cachidiablo se llevó consigo moriscos de Benichembla, Vernisa, Alcalalí y Mosquera.
Esta es la primera vez que se despobló la aljama de Murla. Ciento treinta varones huyeron a África, acompañados de sus mujeres e hijos. Se conocen los nombres de todos ellos, así como sus oficios (tres o cuatro alfaquíes, siete cadíesÉ). También se conocen los nombres de quienes repoblaron la aljama murlí, ocupando las casas abandonadas por aquéllos. Dieciocho años después de aquella huida masiva, tan sólo se repetían cinco apellidos: Murlí y Menorquí son dos de ellos, gentilicios que denotan tan claramente su procedencia como Granadí, Cosentayni, Alcalahí, Viscahí, correspondientes a algunos de los repobladores.
ATAQUES BERBERISCOS
En su libro de 1901 Los moriscos españoles y su expulsión, Pascual Boronat incluye una relación cronológica de los ataques berberiscos más importantes habidos en el reino de Valencia durante el siglo XVI, basándose en crónicas anteriores, como la de Gaspar Escolano (1611).
Dice Boronat que en 1534 los piratas atacaron la baronía de Parcent, llevándose cautivos a Pedro Andrés de Roda, señor de la baronía, con su familia y criados. Pero he aquí que Severino Giner, en su Historia de Murla, pone en evidencia el error de Boronat (copiado de Escolano y arrastrado hasta ahora por infinidad de historiadores), al contrastar esta información con lo escrito por Prudencio de Sandoval, historiador del emperador Carlos, a finales del siglo XVI. Según Sandoval, fue el 17 de octubre de 1529, víspera de San Lucas, cuando el pirata Cachidiablo desembarcó con sus hombres en Altea, tal como hemos visto anteriormente, en la incursión que más lejos llegaron tierra adentro los berberiscos. Además de Parcent, atacaron Murla, llevándose a los moriscos de ambas poblaciones. "Embió contra ellos el Conde de Oliva D. Serafín de Centelles, cuya es Murla, cosa de 60 cavallos (É) pero no hizieron cosa que importase algo", cuenta el historiador imperial. Y es que, antes de emprender la huida hacia la costa, moriscos y corsarios saquearon cuanto pudieron en ambos lugares. En Murla destruyeron la iglesia y la abadía, después de desvalijarlas.
Sufrida Villajoyosa
En 1543 Guardamar fue atacada por el pirata Salah Rais (ra'is significa "patrón de barco", en árabe; que el castellano asimiló como arráez).
En 1550 fue el corsario Dragud, lugarteniente de Cachidiablo, quien dirigió un desembarco de mil berberiscos cerca de Benissa, que fue rechazado. Poco después, el 24 de mayo de aquel mismo año, los diecisiete bajeles de Dragud arribaron a la costa de San Juan; desembarcaron los berberiscos y saquearon el pueblo, llevándose cautivas a trece personas.
El 8 de septiembre de 1554 fueron los alteanos, al mando del comendador Sanctescreus, quienes impidieron el desembarco de los berberiscos que hasta allí arribaron a bordo de cuatro galeotas. No obstante, Altea quedó destruida y abandonada a mediados del siglo XVI y no empezó a reconstruirse hasta finales de ese mismo siglo, según el historiador alteano Juan Vicente Martín de Vesa. Si bien en la década de los 60 se construyó al menos una torre-almenara, guarnecida con artillería inclusive.
Dos años después, el 9 de septiembre de 1556, diez galeotas de corsarios argelinos intentaron desembarcar cerca de Jávea. Desde Dénia fueron enviados doscientos soldados para evitarlo, y lo consiguieron; pero los berberiscos desembarcaron de madrugada cerca de Dénia. Seiscientos de ellos llegaron hasta el Saladar, pero la descarga que hicieron los dianenses desde el castillo les hizo retroceder y volver a embarcarse, llevándose como único botín dos mulas y varias cabras.
Pero fue sin duda alguna Villajoyosa la localidad más castigada por los berberiscos en aquella época:
En 1534 los vileros se enfrentaron con éxito a una fragata corsaria de trece bancos. En julio de 1538 fue asediada Villajoyosa por los hombres de Salah Rais, que habían llegado a sus playas con 27 galeras y fustas. Los vileros se defendieron con valentía, pero el virrey de Valencia y duque de Calabria ordenó la retirada debido al lamentable estado en que se hallaban las murallas. Una vez abandonado por los vileros, el pueblo fue incendiado por los piratas (Boronat vuelve a arrastrar un error del cronista Escolano, que situó este ataque en julio de 1536 y que daba como victoriosos a los vileros).
En la primavera de 1546 seis galeotas berberiscas intentaron fondear en Cap Negre, pero los vileros lo impidieron, capturando a 78 de ellos, según Boronat. Al año siguiente volvieron a recibir los vileros la visita de una galeota berberisca de 18 bancos, haciéndose con ella en las rocas del Albir, apresando a 35 piratas y matando al resto. Y de nuevo en las peñas del Albir capturaron en septiembre de 1549 los valientes vileros otra galeota berberisca de catorce bancos, haciendo dieciocho prisioneros, entre ellos Amir Rais; y poco después una fragata de Aspet Rais.
Fortificación de la costa alicantina
Debido a estos frecuentes ataques, la Corona ordenó en 1561 mejorar la fortificación de la costa sur del reino de Valencia. Con la misión de dirigir la construcción de nuevas fortalezas, llegó a tierras alicantinas el arquitecto real Juan Bautista Antonelli, el mismo que dirigiría después la construcción del pantano de Tibi.
En 1562 ya se había construido una fortaleza en Bernia y se proyectaban otras. Además, el rey mandó organizar una Compañía de Caballería de la Costa, que fuera capaz de desplazarse con rapidez y efectividad ante cualquier aviso de posible ataque berberisco que llegara a través del sistema de almenaras.
Tan antiguo como el sistema de fogatas que los corsarios y los moriscos utilizaban para comunicarse, el sistema de torres-almenaras servía para que las autoridades conociesen casi de inmediato la existencia de una amenaza. Desde lo alto de cada torre se prendía fuego tres veces al día para indicar que no había corsarios (moros en la costa). Cuando se producía un ataque, el fuego que se hacía formaba una humareda; la noticia entonces se transmitía de torre en torre por medio de estos fuegos, hasta la del Grao de Valencia, sede del veedor general de la costa. Además, cada almenara contaba con una campana para el rebato y que servía para avisar a las compañías de caballería de costa, residentes en poblaciones cercanas.
Multitud de torres-almenaras había pues en aquella época a lo largo de la costa alicantina. Todavía quedan algunas en pie, a pesar del lamentable abandono que han sufrido a lo largo de los siglos.